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Entre aplausos y silbidos: así fue la despedida de Atlético Tucumán en el Monumental

Tras la ilusión de la Copa Argentina y la eliminación del Clausura, los hinchas despidieron al equipo con sensaciones encontradas y repartieron críticas entre jugadores, cuerpo técnico y dirigentes.

Por Diego Caminos5 min de lectura
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Entre aplausos y silbidos: así fue la despedida de Atlético Tucumán en el Monumental
Entre aplausos y silbidos: así fue la despedida de Atlético Tucumán en el Monumental · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

No era fácil. Después de la dolorosa eliminación de Atlético en las semifinales de la Copa Argentina, el hincha debía levantarse, recargar energías y volver a empujar al equipo para mantener viva la ilusión de clasificarse a los playoffs del Clausura. El esfuerzo estuvo, pero no alcanzó. Apenas cinco días después de aquella noche de lágrimas en Salta, el Monumental volvió a ser escenario de una desilusión. La derrota contra Argentinos terminó por sepultar las esperanzas y el público despidió al equipo de 2026 entre tímidos aplausos, algunos silbidos y, sobre todo, mucha resignación.

La tarde había comenzado de otra manera. Pese al golpe reciente, una buena cantidad de hinchas se acercó a 25 de Mayo y Chile y recibió al equipo con los tradicionales cánticos de aliento. Incluso hubo tiempo para acordarse de San Martín en el día de su aniversario, por haberse quedado sin posibilidades de avanzar en el Reducido y tener que disputar otra temporada en la Primera Nacional. En la tribuna de calle Chile aparecieron banderas con chicanas hacia el clásico rival, que debieron retirarse por pedido del operativo de seguridad antes del inicio del encuentro. El "que no salta, está en la B" y el "un minuto de silencio..." sonaron reiteradamente.

Sin embargo, cuando la pelota comenzó a rodar, aquel entusiasmo inicial se transformó en cierta indiferencia. Las tribunas parecían esperar alguna señal para volver a involucrarse y la primera llegó con un córner, celebrado con algunos aplausos. Después vinieron otros dos consecutivos y el Monumental empezó a levantarse, contagiado por esos minutos en los que Atlético insinuó que podía llevarse por delante al rival. Pero el entusiasmo duró poco y, con el correr de los minutos, los primeros reproches comenzaron a hacerse escuchar.

Los errores de Leandro Díaz despertaron insultos y silbidos, mientras que el primer gol de Argentinos instaló definitivamente la ansiedad. El segundo, tras una descoordinación entre Luis Ingolotti y Clever Ferreira que terminó con un tanto en contra del paraguayo, profundizó el malestar. Curiosamente, cuando el defensor reaccionó con evidente bronca, pateando las pelotas que tenía a su alrededor, los hinchas respondieron con aplausos y gritos de aliento. Ferreira fue uno de los pocos que se salvó de los cuestionamientos.

El entretiempo resultó una síntesis del semestre. Hubo insultos, silbidos generalizados y también reproches hacia la dirigencia. Desde las tribunas bajó el cántico "el 'Deca' va a salir campeón el día que se vayan todos los... de la comisión", una muestra de que el descontento excedía a los futbolistas. Cuando se anunciaron las salidas de Díaz y Franco Nicola, los silbidos volvieron a escucharse con fuerza. La paciencia parecía agotada, aunque todavía quedaban 45 minutos para intentar cambiar la historia.

Y la historia, por un momento, pareció que podía cambiar. Los ingresos de Alexis Canelo y Manuel Brondo despertaron aplausos y, cuando el primero convirtió de penal el descuento, el Monumental explotó. La ilusión regresó de golpe y el público acompañó cada avance con la esperanza de alcanzar un empate que mantuviera vivo el sueño de clasificarse. Brondo se ganó el reconocimiento por su entrega y Canelo por su empuje, pero el segundo gol nunca llegó. Otra vez, Atlético se quedó a mitad de camino.

El pitazo final, lejos de provocar una reprobación masiva, encontró una reacción más contenida. Algunos silbidos, aplausos tímidos y una ovación especial para Ferreira acompañaron la despedida. Afuera, entre los hinchas, las explicaciones sobre lo ocurrido eran tan variadas como las sensaciones que había dejado el partido. Había bronca, tristeza y también quienes todavía encontraban motivos para rescatar algo positivo del año.

"Cuesta mucho hacer un balance con todos los sentimientos que tengo. Siento mucha impotencia", reconoció Javier Lapena, quien apuntó directamente contra la dirigencia. "Los grandes responsables son los dirigentes, por el tipo de contrataciones que han hecho. Y esto no es solamente de este año, sino que viene desde hace varios", aseguró. Una mirada similar expresó Cruz, aunque también cuestionó la conformación del plantel: "No pasa solamente por el técnico, porque si no tiene jugadores, no puede hacer nada. No podemos construir una casa si no tenemos ladrillos".

Otros encontraron en Julio César Falcioni al principal responsable. "Siempre juega con un solo delantero de local y no puede ser. Atlético tiene que tener un planteo más ofensivo", cuestionó Roberto, quien pidió un cambio de entrenador para 2027. Juan Martín, en tanto, repartió las culpas: "La mitad es de los jugadores, porque no ponen ganas. Y la otra mitad es del técnico, que los sigue poniendo". La preocupación por el próximo año también atravesaba sus palabras, especialmente por los puntos que Atlético necesitará para mantenerse lejos de la pelea por el descenso.

Aunque no todas las voces expresaban el mismo descontento. Gustavo se marchó con una mirada más positiva y eligió quedarse con la campaña copera. "Un balance medio, pero contento. Contento con la entrega del equipo y con haber llegado a semifinales de la Copa Argentina", sostuvo. Una opinión que contrastaba con los cuestionamientos, pero que también reflejaba lo difícil que resultaba evaluar un año en el que la ilusión de alcanzar una final convivió con tantas frustraciones.

En apenas cinco días, el hincha pasó de soñar con una final y el regreso a la Copa Libertadores a despedirse del Monumental sin objetivos por delante. Atlético cerrará el año frente a Banfield, pero recién volverá a encontrarse con su gente en 2027. Hasta entonces, quedarán los reproches, las preguntas y la esperanza de que el próximo año sea diferente.

Fuente: La Gaceta

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