Entre libros, pantallas y talleres, la biblioteca sanjuanina que resiste y busca nuevos lectores
Con más de dos décadas de historia, la Biblioteca General Don José de San Martín sostiene su actividad con unos 50 socios activos y apuesta por talleres, tecnología y actividades comunitarias para acercar nuevos lectores.

Con más de dos décadas de historia, la Biblioteca General Don José de San Martín sostiene su actividad con unos 50 socios activos y apuesta por talleres, tecnología y actividades comunitarias para acercar nuevos lectores.
Desde 1998, la Biblioteca General Don José de San Martín mantiene su vínculo con los vecinos y los libros. Nació en Santa Lucía, pero recientemente debió cambiar de domicilio por cuestiones edilicias. Cruzó la vereda y se instaló en Concepción, Capital, conservando buena parte de sus socios, apuntando a ser un espacio de encuentro para lectores de todas las edades.
María del Carmen Muñoz, directora de la biblioteca, reconoce que uno de los principales desafíos actuales es lograr que los vecinos se acerquen. En tiempos en donde gran parte del acceso a la información y la lectura ocurre a través de celulares y computadoras, no solo la Biblioteca General Don José de San Martín sino todos los espacios similares deben buscar nuevas formas de hacerse visible.
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"Cuesta que se acerquen, hay que estar permanentemente subiendo en el grupo de los vecinos que hay novedades, que vamos a hacer algún taller", explicó Muñoz en diálogo con DIARIO DE CUYO.
El reciente cambio de domicilio de la institución implica, además, volver a generar ese vínculo cotidiano con el barrio. Por eso, desde la biblioteca trabajan en la difusión de sus actividades y buscan salir al encuentro de la comunidad.
La realidad económica es uno de los grandes obstáculos para las bibliotecas populares. En el caso de la General Don José de San Martín, la cuota de los socios representa un aporte necesario, aunque insuficiente para mantener por sí sola la institución. "Es simbólica, no nos permite sostener una institución", señaló Muñoz.
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Su existencia se sostiene por el aporte de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), organismo que brinda subsidio para afrontar gastos corrientes y que permite el sostenimiento de gran parte de las bibliotecas populares del país. Además, la presentación de proyectos permite incorporar equipamiento y generar nuevas propuestas.
A través de esos programas pudieron sumar pizarras, una computadora, cámara digital y otros elementos que ayudan a ampliar las actividades que puede ofrecer el espacio.
Actualmente cuentan con alrededor de 50 socios activos, que son quienes mantienen sus cuotas al día. Pero el objetivo es sumar más lectores y convertir a la biblioteca en un espacio cada vez más abierto al barrio que no solo sea un sitio donde haya libros.
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La estrategia no se limita a esperar que los vecinos lleguen hasta la institución, sino que desarrollan distintas propuestas para sacar hacia afuera la biblioteca y aprovechar los espacios cercanos.
A pocos metros tienen una plazoleta que puede transformarse en escenario para encuentros, talleres y actividades compartidas con otras bibliotecas. "Nos sirve para invitar a otras bibliotecas y generar alguna actividad", destacó.
De esta manera, por medio de distintas actividades y propuestas, el objetivo de la institución es ser un espacio atractivo para la comunidad, donde se puedan consultar lecturas, realizar actividades y que sea un punto de encuentro entre los vecinos.
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Para Muñoz, la llegada de nuevas tecnologías no significa necesariamente el final de las bibliotecas populares. Por el contrario, considera que estos espacios pueden funcionar como un puente entre distintas formas de acceder al conocimiento.
"Yo creo que somos un nexo entre todas las herramientas que hay hoy", sostuvo.
La biblioteca tiene lectores de distintas edades y, aunque reconoce que las redes sociales y el consumo digital modificaron los hábitos, confía en que el libro físico conserva un valor propio. "Más allá de que es gigantesco lo que hay en lo digital, creo que va a haber un parate y vamos a volver también a sentarnos y tener un libro en las manos, que es lo más lindo que puede haber", afirmó.
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Ante esa situación, desde la institución también mantiene una política de actualización permanente de su colección. Escucha los pedidos de sus socios y registra qué materiales buscan para incorporarlos cuando tienen la posibilidad de realizar nuevas compras.
El desafío de sostener una biblioteca popular no termina en conseguir lectores. Las instituciones deben cumplir con distintos trámites administrativos y mantener actualizada su documentación para conservar su regularidad. Muñoz explicó que los procesos vinculados con la personalidad jurídica y las exigencias de Conabip pueden resultar complejos y demandantes. Incluso hay bibliotecas que pierden su vigencia por no alcanzar a completar los trámites dentro de los plazos establecidos.
"Estamos ahí las demás como tratando de ayudarlas y empujarlas a que regularicen y puedan crecer también", relató.
En ese contexto, la Biblioteca General Don José de San Martín busca mantenerse activa, sumar socios y fortalecer su presencia en el barrio. El nuevo domicilio es en el barrio Frondizi, calle Jorge Darío Bence, manzana F, casa 1, junto a una plaza y frente al polideportivo.
Después de más de 25 años de historia, la biblioteca cambió de lugar, incorporó herramientas nuevas y modificó algunas de sus estrategias. Pero mantiene intacta una idea: que, aun rodeado de pantallas, siempre haya un lugar donde sentarse, abrir un libro y compartirlo con otros.
Fuente: Diario de Cuyo
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