Epidermis: mapas para perderse en el cuerpo y en la ciudad
Sandra Bonetti y Sylvina Goerling construyen cartografías sensibles. Una trabaja sobre el cuerpo como territorio. La otra, sobre las ciudades y las capas de memoria que las habitan. Entre mapas, fotografías, bordados, tecnología y viejas historias, ambas artistas ensayan una preg…

Cumplir con esa pequeña maquinaria de gestos que llamamos rutina.
Repetir.Un cuerpo ubicándose en un tiempo y en un espacio.Después, salir.
Las paredes.Los mapas.Todo parece estar en su sitio hasta que alguien se detiene a mirar.Entonces aparece la sospecha: quizá nada está exactamente donde creemos.Quizá debajo de la piel hay otra piel.
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Una historia que alguien contó antes y que nosotros repetimos sin saber por qué.¿Cuántas historias caben en una pequeña porción de piel?
¿Cuántas capas hacen falta para construir una persona?Epidermis.La palabra parece suficiente para empezar.Sandra Bonetti habla del cuerpo como quien habla de una casa en la que todavía quedan habitaciones sin abrir.Profesora de Dibujo y Pintura, licenciada en Artes Visuales y magíster en Tecnología Educativa, trabaja en ese territorio incómodo donde el cuerpo deja de ser una evidencia y se convierte en una pregunta."Todo lo que nosotros somos, todo lo que nos armamos como persona en el transitar de la vida, tiene que ver con todo nuestro contexto".No hay cuerpo inocente.Eso parece decir.Hay mandatos.
Hay reglas aprendidas antes de que pudiéramos discutirlas.
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Hay cosas de las que intentamos escapar y otras a las que terminamos adhiriendo después de haber jurado que nunca lo haríamos."Eso es vivir en sociedad"La frase podría cerrar una conversación.
Porque si vivimos atravesados por esos mandatos, ¿dónde termina lo que somos y dónde empieza lo que hicieron de nosotros?Ahí aparece su propio cuerpo.
Como territorio."Trabajo con mi propio cuerpo como territorio".
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Y entonces el mapa deja de estar sobre una mesa.
En una zona que se muestra y otra que se oculta.
En aquello que durante tanto tiempo fue mirado desde afuera y que ahora intenta hablar desde adentro.
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Sandra dice que hay algo de poder en ese gesto.
Todo esto soy yo y quiero que me veas así como soy".
Como si alguien encendiera una luz en una habitación que durante años permaneció a oscuras.El territorio, para Sandra, no termina en el cuerpo.
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Está en la relación con los demás, en la mirada del otro, en el modo en que construimos nuestra propia imagen.
"Todo el tiempo estamos estableciendo un mapeo, una cartografía".
Y cada parte del cuerpo puede convertirse en un territorio distinto.
La obra aparece allí, en ese lugar donde lo privado empieza a volverse visible.
"Para mí, en cada obra es como mostrar un poquito de mi alma y compartir un poquito de mi alma y de lo que soy con el otro".
Después, el otro hará lo que quiera con eso.
Porque una obra, quizá, empieza a funcionar verdaderamente cuando deja de pertenecerle por completo a quien la hizo.Sylvina Goerling llega al territorio desde otro lugar.Arquitecta.
Docente de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo en la Universidad Católica de Santa Fe.Durante años aprendió a mirar ciudades.
A entender cómo se construyen.Pero quizás también aprendió a sospechar de ellas.
Porque una ciudad no es solamente aquello que aparece en un plano.
De costumbres.De personas que llegaron y se fueron.
De historias que nadie escribió.Su investigación comenzó con algo aparentemente insignificante: la ropa tendida.
Puede ocurrir en una chacra, sobre un alambrado, o en una calle de Barcelona o Italia.
Y casi siempre son mujeres las que lo hacen.
"Siempre me llamaron mucho la atención las cosas cotidianas que se repiten en todos los lugares del mundo de la misma manera".
La ropa termina llevando a la arquitectura.
Como una ciudad que nunca termina de construirse porque cada generación llega con sus propios ladrillos.
"Desde el origen, van superponiéndose construcciones, calles, costumbres, gente, gente que viene, gente que se fue".
Y quizás las personas también.Por eso Sylvina trabaja con tela.
El procedimiento tiene algo de arqueología, aunque nadie esté excavando.
Encontrar las marcas de aquello que ya no está.
"Que el espectador pueda encontrar esas huellas, esas atmósferas, esas cositas que van dejando los años en una ciudad".
Porque cada espectador llega con su propio archivo.
Una ciudad puede ser Candelaria para uno y una infancia para otro.
Loreto puede ser una ruina histórica o una historia familiar.
Eldorado puede aparecer como una colonia, como un mapa antiguo o como una palabra que alguna vez escuchamos en boca de nuestros padres.
"Cada uno lo va a ver de una manera distinta".
O empieza a desarmarse.Sandra y Sylvina trabajan juntas desde dos extremos.
Pero las dos terminan llegando al mismo sitio.
Sylvina, el espacio social que habitamos.
"Ella lo trabaja en el cuerpo y yo como que trabajo ese territorio en la sociedad que habita un determinado lugar", explica Sylvina.
No parecen cosas tan distintas después de todo.
Ambas pueden cambiar.También las técnicas cuentan una historia.
Sandra parte de su propio cuerpo y lo registra mediante la fotografía.
Después entra en el espacio digital, lo transforma, lo manipula, lo lleva hacia otro lugar.
Ella lo llama migración analógica digital.
Y cuando vuelve, lo hace a través del tejido y el bordado.
Las manos de las abuelas aparecen como una especie de fantasma amable.
Su mundo profesional está atravesado por lo digital, por la arquitectura, los planos, el AutoCAD, las herramientas que permiten proyectar una ciudad antes de construirla.
Pero en su obra termina regresando a la tela.
"Todas las mujeres desde la edad antigua hacían las prendas".
Y entonces coser deja de ser solamente coser.
"Para mí tiene que ver con ese ir cosiendo estas capas nuevas que van apareciendo a lo largo del tiempo".
Quizá no haya mejor definición para una ciudad.
Quizá tampoco para una vida.Detrás de las obrasDetrás de las obras hay investigación.
Pero también Nietzsche, Bergson, los japamala, la duración, la corporeidad.
La bibliografía no aparece para demostrar cuánto se sabe.
Porque las dos artistas parecen entender que una obra contemporánea no tiene por qué entregar respuestas.
"Consideramos que la obra tiene que poder movilizar, tiene que poder hacer preguntas", dice Sandra.
Y ahí quizás esté el verdadero territorio de estas obras.
Sino en la pregunta que queda después.Hay algo extraño en los mapas.
Pero el cuerpo se rebela contra esa precisión.
Una ciudad tampoco cabe del todo en un plano.
Siempre queda algo afuera.Una conversación en una vereda.
Una madre que dejó unos patrones de costura.
Sandra y Sylvina trabajan justamente ahí.En lo que no entra del todo en los mapas.
Para reconocer aquello que estaba delante de nuestros ojos y que, sin embargo, no habíamos visto.
La memoria como una forma de resistencia.
Y el arte, finalmente, como ese pequeño acto de detenerse frente a la superficie y rascarla un poco.
Aunque sea la certeza incómoda de que debajo de nuestra propia piel todavía queda mucho por descubrir.Para agendar "Cartografías sensibles", muestra de Sandra Bonetti y Sylvina Goerling, se inaugura el 11 de septiembre, a las 19, en el Museo Provincial de Bellas Artes Juan Yaparí, ubicado en Sarmiento 1885, Posadas.El encuentro propone recorrer dos maneras de mirar el territorio: desde el cuerpo y desde el espacio que habitamos.
Dos cartografías que, en lugar de marcar fronteras definitivas, abren preguntas sobre la memoria, la identidad, las huellas y las capas que construyen aquello que llamamos lugar.
Fuente: El Territorio
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