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Es docente y convirtió su chacra en un encuentro con la vida del campo

La idea original de Nilda Josefina García para jubilarse no contemplaba visitantes ni dedicarse a preparar meriendas caseras.

Por Ricardo Falcon5 min de lectura
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Es docente y convirtió su chacra en un encuentro con la vida del campo
Es docente y convirtió su chacra en un encuentro con la vida del campo · Foto: Primera Edición

La idea original de Nilda Josefina García para jubilarse no contemplaba visitantes ni dedicarse a preparar meriendas caseras.

Tampoco que su vida transcurriría entre animales, hornos, tortas fritas, mate cocido quemado y viajeros que llegan hasta su chacra en Cerro Corá para conocer cómo es vivir en el campo.

Cuando Josefina decidió instalarse allí, buscaba simplemente "una vida tranquila, más sana, diferente al ajetreo citadino", dijo a PRIMERA EDICIÓN cuyo equipo viajó hasta allí para conocer la historia de vida de la docente que se transformó en anfitriona rural.

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"El proyecto turístico apareció después que me mudé, casi como una consecuencia de esa nueva vida y de la necesidad de encontrar recursos que me permitieran sostener la hacienda", dijo mientras dejó una bandeja llena de masas y chipas preparadas por ella sobre la mesita de hall principal donde hoy La Josefina recibe visitantes.

Su vida actual todavía combina la docencia con las tareas de la chacra y la preparación de meriendas y actividades al aire libre.

Cuando se deja atrás la tranquera y se recorren los 300 metros hasta la casa principal, el caminito de sierra y el entorno de monte son quizá uno de los paisajes más sencillos y bonitos de la vida rural.

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Allí el tiempo se detiene y los sonidos de los pájaros cobran un nuevo sentido; de pronto se lee el nombre "La Josefina" en un cartel y aparece una mujer de sonrisa amplia y voz enérgica. Cada vez que habla se la nota enamorada de la vida; pero hubo desencantos, el primero, tempranamente, con su nombre Josefina, "yo lo detestaba" confesó, pero cuando cambió eso llegó la aceptación de nombrar así a su chacra e inició un proceso curador, que fue sanando la finca desde adentro y el entorno vibrante lo confirma.

Su historia con la vida de campo tiene además un vínculo con su propia infancia. Sus abuelos maternos tenían una chacra en Colonia Almafuerte y gran parte de aquellos años transcurrieron allí. Por el lado de sus abuelos paternos también tenían un campo en la zona de Cerro Corá, cerca del límite con Santa Ana.

"Los mejores recuerdos que tengo de mi vida fueron en la chacra, con mis abuelos", contó. Sin embargo, nunca pensó que ese paisaje que había formado parte de sus recuerdos terminaría siendo el escenario actual permanente de su vida.

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"No era mi proyecto de vida, yo pensé que iba a permanecer en Posadas, en la ciudad, jamás me imaginé que terminaría en una chacra o en una granja", reconoció entre risas.

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La llegada definitiva al campo se produjo cuando quedó viuda, sus hijos crecieron y cada uno hizo su vida. Nilda siempre había disfrutado de la naturaleza y de los espacios tranquilos de la chacrita en Cerro Corá que habían comprado con su marido, porque él era ingeniero agrónomo "y amaba esto", pero la idea de quedarse a vivir en una chacra no estaba trazada de antemano por ella. Mucho menos la de abrir las puertas de ese lugar a personas que quisieran pasar una tarde de merienda allí.

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Con el tiempo, la propia dinámica de la vida rural fue abriendo esa posibilidad. El acompañamiento de organismos y organizaciones vinculadas al sector también tuvo un papel crucial en el proceso. Nilda mencionó al INTA, a organizaciones de la Cuenca Ovino Caprina y a la Dirección de Turismo de Cerro Corá, desde donde comenzó a surgir con mayor fuerza la posibilidad de desarrollar propuestas de turismo rural como una fuente complementaria de recursos.

"Porque yo amo estos animalitos; algo más tenía que hacer para garantizar su salud y alimentación", explicó.

La necesidad era concreta, había que mantener una chacra con animales, lo cual implica tiempo y dinero. Además Nilda no realiza producción ganadera ovina como actividad principal, como lo hacen sus vecinos de la cuenca ovina. El turismo rural apareció entonces como una manera de hacer sostenible ese modo de vida. Comenzó a convocar visitantes a través de las redes sociales y la respuesta superó sus expectativas.

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"La gente quiere ver cómo es vivir en el campo", dijo con una amplia sonrisa y cuando llegás ella se encarga que así sea, todos tienen que ayudar a dar de comer a los conejos, las gallinas, patos, cerdos y chivos, así se va el día y en horas de la tarde llegan las bandejas con sus meriendas: el mate cocido quemado, las chipitas y las masas finas.

"Creo que mi propuesta no se trata solamente de mirar animales o caminar por el monte. Una parte del atractivo está en conocer la vida cotidiana en Cerro Corá. A los visitantes les llamaba la atención verme en esta casita, y quieren conocer cómo había armado mi espacio y escuchar las historias detrás de esta elección. Ese intercambio terminó convirtiéndose en una parte central de la propuesta", aseguró.

Inicialmente "La Josefina" inició con almuerzos para quienes querían pasar el día en la chacra. La propuesta incluía entrada, almuerzo, postre, merienda y actividades. Sin embargo, sostener esa modalidad implicaba una logística demasiado grande para una sola persona.

Por eso, con el tiempo, su propietaria decidió concentrar la propuesta en las meriendas rurales.

Las visitas se realizan con reserva previa y se coordinan a través de las redes sociales de la chacra: ig chacra_lajosefina o bien comunicándose con el 3764 57-3507. Para organizar la jornada, necesita saber quién realiza la reserva y cuántas personas asistirán. La cantidad de visitantes determina también cuánto debe preparar para la merienda.

Durante el horario de invierno, las actividades comienzan alrededor de las 14 o 14.30. El recorrido empieza con los animales y continúa por distintos sectores de la chacra. Los más pequeños suelen encontrar uno de sus primeros puntos de interés en los conejos. Pueden alimentarlos y, especialmente los niños más chicos, acercarse a las jaulas para observarlos de cerca.

Después aparecen las aves: gansos y gallinas de distintas razas. También están las cabras y, durante esta época, las ovejas tienen un atractivo particular porque es temporada de nacimientos y los visitantes pueden tener contacto con los ejemplares más pequeños.

Fuente: Primera Edición

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