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Esta es la Pampa

Hace 70 años, en 1956, un pequeño poema de Fernando Birri, trazaba algunos pocos elementos de la simpleza y singularidad de un paisaje por el que ...

Por Redaccion Avances12 min de lectura
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Esta es la Pampa
Esta es la Pampa · Foto: La Arena

Hace 70 años, en 1956, un pequeño poema de Fernando Birri, trazaba algunos pocos elementos de la simpleza y singularidad de un paisaje por el que nos conocen en el mundo entero: la pampa.

Ernesto del Viso *

Una región vasta, muy personal, de extendida cuantía simbólica, poderosamente mágica, de no fácil ingreso a su imaginario o lo que ella plantea como imaginario; de una atracción oculta que quien desea saberla, la debe empezar a escudriñar con detenimiento y compromiso visual de alto sentido.

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Este poema del cineasta santafesino, lo diré más adelante, se encontró con melodía extendida y apacible, acercada por otro santafesino: Ariel Ramírez.

La leí por vez primera en un suplemento de la revista Folklore, con todo un cancionero, del mejor momento de nuestra música popular folklórica, a mediados de los años 60' del siglo pasado. Me llamó su pequeña extensión, pero columbré que más no se necesitaba para entramar la mejor definición de Pampa. La canción me proyectó lo que a continuación relato.

"Cielos abajo y arriba…"

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Basta una palabra, de origen quechua, para instalar nuestra mirada y porque no nuestro corazón y sentimientos profundos.

Pampa o Bamba, pareciera remontarnos al Incanato antes de la conquista. Pero existe un presente que convoca y reúne todos los pretéritos momentos, mucho antes de que naciera la denominación de esta vasta región.

Un ayer de cazadores recolectores. Hombres de la trashumancia que enarbolaban en el cielo límpido de este suelo, una forma de vida, de existencia precaria para nuestros sentidos presentes, pero vida al fin. Una cultura ágrafa, pero de sabidurías ciertas y singulares, para existir en este sitio al que le llamarán Pampa.

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Bueno sería interrogarse, si esta forma de subsistencia, este habitar de paso, no habrán signado las características, el perfil de un hoy provinciano.

Algo de aquello es posible que haya ocurrido, pero también está la otra cara de las circunstancias de muchos años atrás, que han dado por tierra aquel incipiente determinismo geográfico.

Esta Pampa no es el corredor de entonces, por el que el hombre sucede distraídamente. Muchos han anclado, fundando sus futuros días para siempre.

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Invariablemente retorno a Ricardo Nervi, que señala que La Pampa es una "…tierra para estar de pie / con las vigilias del tiempo". Ese turno que nadie maneja y que a veces nos colma de bonanzas y otras nos acerca la tristeza, el secadal, pero nunca la desesperanza.

Una tierra para amar despacio, sin ansiedades, sin desmedida andadura. Ella se entrega solícita en muchos casos, solo habrá que aprender a revelarla.

Tierra de misterios, nunca escurridiza a quien la ame con sinceridad y apego, más allá que lo que propone nuestro poeta Horacio Armani que "La Pampa es un duro amor".

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Chilca y arena me fui…

Del este al oeste, le va creciendo al pampeano su sed, diría y dice Julio Domínguez "el Bardino", pero hasta en las arenas está la dulzura del recurso hídrico retaceado no por mamá naturaleza, sino por su hijo: el hombre, ese animal desdichado e impermeable, en casos, a todo rostro de solidaridad que instala compuertas río arriba y pena abajo, promoviendo la seca a futuras generaciones que vivían a orillas de un río.

Todo esto, más lo que el lector imagina, es la Pampa, desde lo bayo del oeste, donde entran a arisquear las lluvias (dice Morisoli), pasando por el marrón del caldenar, hasta un verde fulgurante de pradera por el oriente que, como manto sublime y llano, con algunas ondulaciones vallísticas, nos cobija esta región a la que llaman Pampa.

Patria desmesurada, de horizontes amplios, de soles áridos y brillantes, nubes blanquísimas de veranos lluviosos.

Patria de las llanuras, los valles y la barda al oeste adentro. Del Caldén, la Jarilla, el alpataco, el jume, el pasto llorón. Del medanal bravío por Colonia Emilio Mitre o en Toay. De quejumbres clamorosas de torcazas en el monte abierto de nuestras vidas.

Allí está desde siempre, desde aquel domingo de descanso en la que la inventó tal vez el Dios de todos los tiempos.

Campo sin eco. Grandeza asombrosa para los que la otean por primera vez. Sentido de amplitud y desarrollo sin fin.

La Pampa es una comarca de encuentros, donde se cruzan los caminos que van al sur o al norte, del este hacia el oeste; un pañuelo en alto que siempre está diciendo Adiós, mientras ondea orgulloso en los trigales del naciente que el labriego acuna cada año para poner el pan, en cada día, en la mesa del hombre, la mujer y el niño.

El decir de nuestro poeta Edgar Morisoli, que en su "Tierra que sé (poema)", preludia nuestro sentido cósmico en este suelo: "América es muchos rostros…"; insolente y por analogía, ponemos nuestro verbo en decir que La Pampa, son asimismo, muchos rostros, muchas bandadas de sueños y proyectos, los de aquellos que estaban desde siempre enseñoreados en las distancias inabarcables: el aborigen, pampas, mapuches, ranqueles, o el semblante de los que vinieron después a proponer una ruralidad menos nómade con algo de trashumancia hasta el asentamiento definitivo.

Allí sobre la extensión ampulosa del territorio, el chacarero que vierte la semilla sobre el surco y él empozado en su arado mancera, roturando la senda, proponiendo mieses panaderas y las mieles de un nuevo tiempo. El mismo chacarero que día a día, brinda batallas con el clima que a veces pamperea, otra graniza, se niega en menguas de agua lloviznera:

"Deje que llueva nomás,

sobre este Cultrúm reseco,

ya verá como florecen

los surcos del chacarero"

(Ricardo Nervi)

Al citar al castense poeta Nervi, imposible no relacionarlo con la "Aldea Gringa" por el este de La Pampa y un arco iris (Arco Valeno, diría Ricardo), de nacionalidades poblando la nova terra".

Así mismo cuando Nervi en la canción "La pampa es un viejo mar" señala: "Usted no conoce el sur? / y piensa que es el desierto…" lo que deseo es afirmar que solamente la vivencia de lo "pampeano", le hará saber a tanta de esa gente "…que pasa y se va…", que aquí el paisaje tiene su protagonista, el hombre de La Pampa y que más allá de la desolación y la inmensidad y del tremendo silencio de la llanura, existe un espacio de sosiego íntimo y fraternal, que refleja un estado de ánimo peculiar en aquello que por ejemplo sepan escuchar "…las trutrucas del pampero…"

País de las hachadas.

La anchura geográfica, que encierra lo quichuístico de su denominación, nos entre al "País de las hachadas", cardenal adentro del que bien ha sabido Pedro Albornoz de Paso del Noque en la costa saladina; aquel Pedro que atento al murmullo de la tierra sabía, lo intuía, que ella, la tierra, siempre sueña y guarda en sus entrañas una memoria de alas: "Como labrado en macho de algarrobo/por el escoplo de la luz poniente/Pedro Albornoz hachaba…" ("Contraluz Contraolvido" del libro "Al sur crece tu nombre" -1974. E.M.)

También ese país de voz quemada por los soles del verano que Conhelo adentro supo andar Zerda, hacha al hombro y familia a la siga, habitantes de una provincia de palomas.

"La tierra del caldén", airosa y brava de Arturo Cestino que de la mano de la musicalidad de Oscar Garía, amplió el inventario literario que la nombra y la designa como territorio del sur y de bravura, del rudo pastizal, fiel testigo del andar de tantos pampas.

La saben Oscar Lucero, el "Negro " Dasso, cuando tallan sus ruegos y sueños, sobre ese hijo único y universal de La Pampa: el Caldén; altivo señor de la llanura, desafiante de las iras del pampero como le ha gustado decir al poeta Julio Neri Rubio.

Pero también son las manos y los rostros de las mujeres que, al oeste de nuestro canto y geografía, cada día elaboran, con delicada y suntuosa paciencia más un plus interesante de espiritualidad de gran artista, la urdimbre para que emerjan matras, peleros, ponchos, donde cobijar el rigor de la intemperie que le asesta al paisano, al arriero; poncho donde resguardar el aterido corazón del hombre de la llanura.

Aquí los nombres suceden a la historia: Cabral, Lima, Ainó, Maldonado, Rosa, que, desde las entrañas de su madre, doña Clara, pulsa su telar con amor y reza un salmo de cobres y anilinas naturales.

Aquí está pues la cultura rural que no solo proviene del campo, sino que más bien resulta del intercambio inextinguible con la ciudad y sus rumores aledaños. Una cultura que resume el abrazo de lo étnico con el inmigrante y el campesino: todas expresiones de corazón solidario, democrático, ético.

"Mar de Hierbas", dice Yupanqui sobre la Pampa y nuestro Ricardo Nervi, expresa al mismo tiempo "…mire bien ese horizonte / no ve mil barcos veleros?".

Muchas voces para definir esta ampulosa y desbordante geografía que es la Pampa, que "Solo un inmenso mar, / pudo detener su geografía inconmensurable. / Un límite de barranca profundas, de duras rocas golpeadas por oleajes sin tregua (…) todo esto fue necesario para fijar la frontera/ de esa llanura infinita…" (Elogio de la Pampa – A.Y.).

Mucha voz decía, pero nunca disruptivas ni encontradas para el debate. Distintas maneras de ver y sentir a esto "…que nosotros llamamos con el nombre más indiano y más hermoso: PAMPA" ("Elogio de la Pampa" de A. Yupanqui.).

Musicalidad de la Pampa.

Posiblemente la Pampa tenga, por razón de su forma de existir, de esa geografía de límites alargados, de distancias no tan acotadas, con lejanías ampliadas e infinitas (pareciera), una melodía que escolta el andar espaciado del caballo: la milonga o melus longa.

Cuándo llegó este género musical, a la región, tal vez algunos lo sepan, los que rastrean su origen, su procedencia, su recorrido. Yupanqui nos lo dice cuando expresa que hace unos doscientos años, ya la improvisaba el criollo de por acá.

A don Ata, cuando dice Milonga, le resuena a algo como de selva, como que viene de un sitio de muchos árboles, poblado por variedad de pájaros; allí donde el eco devuelve su sonoridad. Procediendo de esos espacios y con semejantes características, la milonga se aquerencia en una geografía sin eco. Descriptiva o sentenciosa, este Son ofreció su voz al hombre habitante de la Pampa, para manifestar el hondo espíritu de su vivir en estas comarcas.

Alguien podrá decirme, también, que el Estilo, puede ser otra forma sonora que acompaña la geografía de la Pampa. La pobló en cierto momento, sin menguas; la abrazó para que el hombre dijera sus cosas sin ataduras y en reserva.

Hay voces que hablan de la existencia, en otros tiempos, de cinco mil Estilos en la Pampa. Lo arbitrario de la cifra, como el decirlo en un tono un tanto fantástico y tal vez exagerado, nos remite a su importancia en la llanura.

Un Estilo para citar el caballo, los bueyes, la trilla, la generosidad del boliche plantado en medio de la Pampa.

Un Estilo, para cantarnos esa geografía plana habitada de carros, canchones, estibas cerealeras.

Como un templo sacral, la planicie y su habitante, guardan en el Estilo, sus misterios, sus miedos, el orgullo de criollo y gaucho del campo y de serlo en esa anchura espacial, a las que algunos le adosan un misterio sagrado.

Se habla de la "mística de la estepa", de la Pampa; el padre F. Boasso, uno de los biógrafos de Yupanqui, lo trata al tema, en sus enjundiosos escritos sobre el poeta.

Allí está la Pampa, que tiende ancho y largo, sobre un territorio de gramilla, pasturas naturales, infinitos camino que abren en cruz, sendas del hilo, que modernamente actualizó, a fines del Siglo 19 y principios del 20, la telegrafía que recorría y acortaba la distancia comunicacional en esta vastedad.

Médanos para tenderse en las arenas de un misterioso paisaje, por donde cada tanto se resbala por los sentidos del hombre de campo, un balar de terneros o un relincho pretencioso de algún caballo enamorado de su potranca cercana.

Yupanqui nos refiere en sus "Aires Indios" sobre "…la gramilla infinita", a lo que podemos adicionar, los caldenes solitarios o agrupados en la zona central boscosa de La Pampa, que nombramos.

Pero hay un poeta popular de La Pampa, realiquense él, José Secco, que acierta en su poesía al hablarnos de una comarca de contrastes, esta "…pampa que guarda sus secretos…" con "…miles de soles en razón de girasoles/matizando el llano amarillo/un concierto de mugidos en la alfalfa/y por las noches, el timbal sereno de los grillos…". No solo hay una mirada del poeta, sino una conciencia de identidad con lo que pertenece y a lo que pertenece.

Fernando Birri, es, ante todo -lo ha sido- un cineasta, retratador de parte de otra pampa, la gringa de Santa Fe, provincia donde nación. Puso en alerta, a partir de sus imágenes, cómo vive el inundado a orillas del Paraná. Con Ariel Ramírez los ha ligado la provincianía y hasta compartir casas de pensión en Italia a principios de los años 50 del S. XX. Esto les significó, pienso, un acercamiento y trabajos en común.

Ramírez pone música a su film "Los Inundados", hace unos 70 años, sobre un breve y explícito poema sobre la Pampa, Ariel lo musicaliza. Pienso que no es una obra fácil de interpretar y requiere un ensimismamiento por parte de quien la vaya a cantar, muy profundo. Queda demostrado que solo dos cantantes argentinas lo hicieran: Mercedes Sosa, en una actuación en vivo, por eso no está en ningún disco ni de Ariel Ramírez ni de la tucumana, y la Sra. Lolita Torres a pedido del hijo de Ariel, el gran Facundo Ramírez.

La obra citada suele figura con el nombre de "Esta es la Pampa" y en otras ocasiones como "Esto es el campo".

Las versiones las podemos hallar en YouTube como en Spotify.

* Músico

"Esta es la Pampa"

Esta es la Pampa, mi amigo,

yuyos sin fin, nada más.

Sobre los yuyos el viento,

viento sin fin, nada más.

Sobre los vientos las nubes,

nubes sin fin, nada más.

Un poco de agua llovida,

en el silencio nomás.

Cielos abajo y arriba,

cielos sin fin, nada más.

Letra: Fernando Birri

Música: Ariel Ramírez (1956)

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Fuente: La Arena

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