"Estoy bolviendo de Rosario": el error en un WhatsApp que destapó un crimen en Entre Ríos
Un mensaje escrito con una falta de ortografía y la mención a una ciudad que la víctima nunca pisó ese día alertaron a su esposa y terminaron destapando el homicidio de un arquitecto. Dos albañiles fueron detenidos y quedaron con prisión preventiva por 60 días.

Un mensaje escrito con una falta de ortografía y la mención a una ciudad que la víctima nunca pisó ese día alertaron a su esposa y terminaron destapando el homicidio de un arquitecto. Dos albañiles fueron detenidos y quedaron con prisión preventiva por 60 días.
El arquitecto Rodolfo Augusto Bassi (61 años), asesinado en Paraná.
Fue un error ortográfico el que hizo sonar la primera alarma. "Hola, estoy bolviendo de Rosario, Moni. Nos hablamos", decía el mensaje que recibió la esposa de Rodolfo Augusto Bassi, un arquitecto de 61 años que trabajaba en Paraná, Entre Ríos. Esa falta de ortografía —la "b" en lugar de la "v" de "volviendo"— fue lo que despertó el alerta. Rodolfo no escribía así. Y a eso se sumó algo todavía más determinante: la mujer sabía que su marido no había viajado a Rosario ese día. Nada tenía que hacer ahí. Esa certeza la llevó a desconfiar de inmediato y a poner en marcha una búsqueda que terminó en un hallazgo macabro: el cuerpo de Bassi, atado y con signos de tortura, en uno de los departamentos que él mismo remodelaba.
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A seis días del crimen, la Policía de Entre Ríos detuvo a los dos albañiles acusados de matarlo a mazazos: Carlos Gastón Aguilar, de 49 años, y Claudio Ramón Inofre, de 52. Ambos permanecen alojados en la Unidad Penal N° 1 de Paraná con prisión preventiva.
Todo comenzó el martes 1° de septiembre. Bassi se había contactado con su pareja y le había avisado que iba a estar trabajando en un departamento ubicado en Churruarín al 1800, en Paraná. Horas después, ante la falta de noticias, la mujer volvió a escribirle. Los mensajes no le llegaban, así que decidió recorrer personalmente los inmuebles donde su marido solía hacer reparaciones. No lo encontró en ninguno.
Al día siguiente, esos mensajes que había enviado la noche anterior aparecieron con el doble tilde azul de WhatsApp: el teléfono se había vuelto a conectar a internet. Ella le exigió que le escribiera o le mandara un audio, y le advirtió que si no lo hacía iba a denunciar su desaparición. Ahí llegó la respuesta con la mención a Rosario.
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Dos cosas la alertaron al instante, y las dos fueron decisivas. La primera fue el error ortográfico: "bolviendo" con "b" no era algo que Rodolfo escribiera. La segunda fue el contenido mismo del mensaje: ella sabía perfectamente que su marido no había viajado a Rosario esa jornada, porque esa tarde tenía que estar controlando una obra en Paraná. Que alguien inventara un viaje que nunca existió, con una falta que su esposo nunca cometía, terminó de confirmarle que quien escribía del otro lado del teléfono no era él.
Con esa certeza, radicó la denuncia por desaparición en la Comisaría 12 de Paraná.
Al tomar conocimiento de la denuncia, personal policial se dirigió hasta el inmueble de la calle Churruarín. Allí encontraron el cuerpo de Bassi, con un alambre que le rodeaba el cuello y las manos, y otro en las piernas. Trabajaron en el lugar efectivos de Criminalística y un médico forense.
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Según trascendió de fuentes del caso, la autopsia preliminar determinó que el arquitecto había recibido tres mazazos en la cabeza que le provocaron una fractura de cráneo, y presentaba además lesiones en distintas partes del cuerpo hechas con un elemento cortopunzante. El informe estableció que la muerte se produjo durante la tarde del martes 1° de septiembre.
En el lugar, además, se encontraron restos de un cuchillo tipo Tramontina y se secuestró una maza que los investigadores creen que pudo ser el arma homicida. El cuerpo presentaba cortes compatibles con signos de tortura.
La causa quedó en manos del fiscal Juan Manuel Pereyra, quien ordenó relevar las cámaras de seguridad de la zona y tomar declaración a testigos.
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Las primeras pistas surgieron de las filmaciones. El día del crimen, las cámaras registraron a dos sospechosos saliendo del domicilio donde apareció Bassi. En ese momento, los investigadores solo sabían que eran albañiles y que a uno lo conocían como "Toco".
Horas más tarde, alrededor de las 19.30, otra cámara captó a "Toco" estacionando una moto en la casa de la víctima. Según la hipótesis policial, en ese momento habría sustraído dinero en efectivo y una tablet. Los investigadores determinaron que esa moto, una Yamaha XTZ 125 cc, era propiedad de Bassi.
El dato clave llegó después: tras el crimen, el sospechoso le vendió la motocicleta a un conocido. De acuerdo con el relato del comprador, primero se la ofreció por 500.000 pesos pero, como no tenía esa suma, terminó entregándosela por 200.000. En un primer momento, el precio llamativamente bajo no le generó sospechas. Pero cuando se enteró del crimen, se presentó voluntariamente ante la Policía e identificó a quien le había vendido la moto. Así llegaron hasta Claudio Ramón Inofre.
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El otro sospechoso, Carlos Gastón Aguilar, fue identificado por un camino distinto: a una de las entrevistas que la Policía le hizo a distintos obreros vinculados con la víctima, Aguilar llegó manejando un auto que los investigadores reconocieron como el mismo modelo que había sido filmado a la salida del departamento el día del crimen. Aguilar nunca reconoció haber estado ahí, aunque admitió compartir ese vehículo con otra persona con la que trabajaba para una aplicación de viajes. Fue justamente esa persona quien, citada a declarar, ubicó a Aguilar junto a "Claudio" en el departamento de Bassi.
Además, al inspeccionar otro inmueble propiedad del arquitecto, en la calle Diamante, los investigadores descubrieron que estaba ocupado por otras personas. Entrevistadas por los agentes, señalaron que quien se los había vendido era Aguilar, aunque todavía se investiga si esa operación se hizo antes o después del homicidio.
Fuentes del caso confirmaron también que, un día después del crimen, Aguilar le habría pedido a un vecino que le cortara el pelo para cambiar su apariencia y evitar ser reconocido.
El jueves 3 de septiembre, el fiscal Pereyra pidió las órdenes de allanamiento para los domicilios de ambos sospechosos. Para entonces, los investigadores ya sabían que Inofre había comprado un pasaje de micro con destino a Misiones. Ante la sospecha de que intentaba escapar, se montó un operativo que logró interceptarlo antes de la medianoche, en el último control provincial, en la localidad entrerriana de Federal.
Durante el procedimiento le secuestraron un teléfono celular, documentación de la víctima —entre otros elementos, su DNI y su licencia de conducir— y prendas de vestir que coincidirían con las que llevaba puestas el día del crimen.
Aguilar, por su parte, fue detenido en un procedimiento realizado en una vivienda del barrio El Perejil, donde además le secuestraron una campera, un juego de mate y unos anteojos.
Según la reconstrucción del fiscal Pereyra, todo ocurrió entre las 17 y las 20 del martes 1° de septiembre. Aguilar era quien habitualmente hacía tareas de mantenimiento en las propiedades de Bassi, y el arquitecto, en ocasiones, le permitía vivir en alguno de sus departamentos. Fue justamente esa relación de confianza la que, según la acusación, Inofre y Aguilar aprovecharon para sorprender a la víctima y reducirlo a golpes.
Lo maniataron con alambre en la cabeza y en las piernas, y le provocaron cortes superficiales con un elemento punzocortante en distintas partes del cuerpo, en lo que la Fiscalía describió como un plan acordado entre ambos. Mientras Aguilar vigilaba a Bassi, Inofre se trasladó en la Yamaha XTZ 125 de la víctima hasta su propia casa, en la calle Dupuy al 300, y regresó con el casco. Después, de manera conjunta, ambos continuaron ejerciendo violencia sobre Bassi hasta darle tres golpes mortales en la cabeza, que le provocaron una hemorragia cerebral con fractura de cráneo y la muerte en el lugar. Luego se dieron a la fuga con los elementos sustraídos, entre ellos la moto.
Con esa reconstrucción, la Fiscalía imputó a ambos por homicidio agravado y robo calificado en concurso real —también descripto como homicidio doblemente agravado por alevosía y criminis causae—. En la audiencia ante el juez de Garantías Jorge Sueldo, los dos se negaron a declarar. El fiscal había pedido 90 días de prisión preventiva; el juez finalmente dispuso 60. Ambos fueron trasladados a la Unidad Penal N° 1 de Paraná, donde permanecen alojados.
El móvil del crimen todavía no terminó de esclarecerse. Bassi estuvo atado a una silla durante al menos algunas horas. Le robaron dinero en efectivo y pertenencias, pero hay indicios de que los agresores buscaban algo más, sin que se haya precisado qué. Tampoco está claro cuánto dinero en efectivo tenía la víctima en su poder ese día, por lo que no se pudo determinar con exactitud cuánto le sustrajeron.
Un dato llamativo para los investigadores es que ni Aguilar ni Inofre tenían antecedentes penales por otros hechos delictivos. Se supo, además, que tras el crimen se quedaron con el celular de Bassi y respondieron mensajes en su nombre para evitar sospechas y ganar tiempo antes de escapar. Todavía resta determinar si usaron ese mismo teléfono para hacer transferencias o gastos con aplicaciones bancarias, algo que se espera confirmar cuando terminen de peritar los dispositivos secuestrados.
La hipótesis que manejan los investigadores es que pudo tratarse de un robo planificado que derivó en un desenlace fatal, como una forma de evitar que los reconocieran. No se descarta, sin embargo, que además existiera alguna deuda o un motivo de venganza que explique el nivel de violencia ejercido.
Quienes lo conocieron lo describen como una persona "bohemia" y de buen trato, siempre dispuesta a dar una mano. Bassi había tenido una casa de decoración en Paraná y se dedicaba a remodelar departamentos de alquiler, entre ellos el de la calle Churruarín donde fue encontrado sin vida. Era, además, un apasionado del dibujo: hacía viajes en 4x4 y salidas con otros artistas para realizar croquis con la técnica "scratch art".
Tenía una hija, Micaela, de 26 años, a quien acompañaba a navegar en Optimist, una embarcación de vela ligera. Su hermano Gustavo, dueño de un corralón de materiales en Paraná, fue quien lo acompañó a la Policía a recorrer cada una de sus obras cuando empezó a preocuparse por su ausencia.
Por Mila Kobryn
Por Juan Iturrez
Fuente: La Capital
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