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Extorsiones, de lo insólito a lo preocupante: el delito que suma cada vez más causas

En los últimos meses, la UFI de Delitos Especiales debió investigar casos de chantaje que llaman la atención de propios y extraños. Encontrar argumentos para amenazar a sus víctimas y presionarlas para obtener su dinero, la maniobra delictiva para alzarse con sumas millonarias.

Por Tiempo de San Juan7 min de lectura
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Extorsiones, de lo insólito a lo preocupante: el delito que suma cada vez más causas
Extorsiones, de lo insólito a lo preocupante: el delito que suma cada vez más causas · Foto: Tiempo de San Juan

La Justicia sanjuanina dejó al descubierto una serie de maniobras en las que el miedo a quedar expuesto, perder la reputación o enfrentar un escándalo se convirtió en una herramienta para exigir dinero. Una cita pactada por una aplicación, videos íntimos, una supuesta denuncia por abuso sexual y una amistad de años aparecen en al menos cuatro expedientes con desenlaces diferentes.

La extorsión tiene distintas caras. Sin embargo, en varias de las causas que fueron instruidas o son investigadas por la UFI de Delitos Especiales se repite una misma lógica para delinquir. Se trata de encontrar un punto vulnerable de la víctima, convertirlo en una amenaza y utilizar esa presión para conseguir dinero, a cambio del silencio.

Los casos recientes muestran cómo una relación afectiva, un encuentro sexual, la confianza construida durante años o el temor a una acusación grave pueden transformarse en el centro de una maniobra delictiva, con la que los delincuentes que fueron condenados se sirvieron y con la que los ahora imputados se habrían valido de ella para alzarse con grandes sumas. 

En los últimos tres meses, los investigadores del Ministerio Público reconstruyeron situaciones que van desde lo insólito hasta lo preocupante. Cuatro casos dejaron en evidencia un elemento común y es la presunta utilización de información personal o de una situación vulnerable para doblegar la voluntad de otra persona. El mecanismo cambia, aunque la finalidad atribuida a los acusados es similar: obtener dinero a partir del temor a que se revele un secreto, se difundan imágenes íntimas, se destruya una reputación o se produzcan consecuencias familiares y laborales.

Uno de los casos tuvo como protagonista a Agustín Nicolás Silva, un joven de Rawson que fue condenado a tres años de prisión de cumplimiento condicional luego de que la Justicia unificara dos hechos de chantaje. La investigación determinó que el acusado había utilizado un mecanismo similar con dos hombres a quienes conoció mediante encuentros pactados.

El episodio más reciente comenzó a través de Grindr. Según la reconstrucción judicial, el 5 de agosto uno de los denunciantes acudió a la vivienda de Silva. Después de conversar durante unos 15 minutos, el joven habría cerrado la puerta con llave y se habría negado a dejarlo salir hasta que le entregara dinero. La víctima realizó una primera transferencia de $70.000 a una cuenta de un tercero.

Pero la exigencia no terminó con su liberación. Durante las horas siguientes, Silva habría vuelto a contactarlo para pedirle más dinero, esta vez con la amenaza de publicar conversaciones privadas y exponer detalles de su intimidad en las redes sociales. El hombre realizó otras dos transferencias, de $150.000 y $40.000, hasta completar $260.000.

El cruce de información permitió vincularlo con una denuncia anterior. En ese caso, otro hombre había transferido $40.000 y luego otros $60.000, después de recibir amenazas similares. La coincidencia entre los relatos, los mensajes y los comprobantes bancarios fue determinante para avanzar con la causa. Silva fue condenado por privación ilegítima de la libertad y chantaje en uno de los hechos, y por chantaje en el otro. La pena fue de cumplimiento condicional.

El expediente que involucra al periodista sanjuanino José María Cabral expuso una modalidad diferente: una presunta extorsión sostenida en el tiempo, en el marco de un vínculo de confianza que se había iniciado años antes.

De acuerdo con la acusación fiscal, Cabral habría retomado el contacto con una amiga después de varios años y comenzado a exigirle dinero bajo la amenaza de difundir fotografías íntimas y revelar aspectos de su vida privada. La mujer habría terminado financiando gastos cotidianos, ropa, teléfonos y computadoras, además de asumir compromisos económicos vinculados con la vivienda del acusado.

La investigación sostiene que las exigencias también continuaron durante el período en que Cabral vivió en España. Entre los gastos que la víctima habría afrontado figuraban pedidos de miles de euros. La deuda acumulada llegó a rozar los $30 millones, según la reconstrucción publicada por este diario.

El caso alcanzó un nivel todavía más preocupante por las amenazas denunciadas. Entre ellas, la mujer afirmó haber recibido advertencias de muerte, mientras que un informe psicológico incorporado al expediente describió las consecuencias del hostigamiento prolongado sobre su vida emocional y sus vínculos familiares.

Cabral fue imputado por amenazas coactivas y extorsión reiterada. La defensa cuestionó la suficiencia de las pruebas y rechazó la interpretación fiscal de los hechos. Al momento de la publicación, la causa se encontraba en etapa de investigación, por lo que las acusaciones todavía debían ser sometidas al proceso judicial.

En octubre, otra investigación puso el foco sobre Natalia Verónica Genovese, una mujer de 32 años acusada de chantajear a un hombre al que había conocido por Instagram. Lo que inicialmente habría sido un intercambio de videos de visualización única a cambio de dinero derivó, según la fiscalía, en una sucesión de exigencias económicas y amenazas.

La reconstrucción del caso indica que el hombre había transferido cerca de $2 millones en concepto de regalos durante la primera etapa del vínculo. Luego recibió mensajes de una persona que decía ser la pareja de Genovese, quien le habría exigido $150.000 bajo la amenaza de ir a buscarlo.

Más tarde, la mujer habría retomado el contacto y viajado con él a Mendoza. Después de ese encuentro, según la acusación, utilizó un video íntimo de ambos para exigirle $2,5 millones. El denunciante habría solicitado préstamos para realizar los pagos. La presión continuó con una nueva exigencia de $2 millones, acompañada por la advertencia de que ya habían contactado a su hija a través de las redes sociales.

El caso también tiene un antecedente: en 2025, otro hombre había denunciado a Genovese por un hecho similar, aunque aquella investigación fue archivada porque no se reunieron elementos probatorios suficientes para imputarla. En el expediente actual, las pericias informáticas permitieron hallar correos electrónicos y registros de transferencias que, según la fiscalía, respaldan la acusación.

El juez de Garantías formalizó la investigación por chantaje y fijó seis meses para la etapa preparatoria. También impuso a la acusada la obligación de presentarse mensualmente en una comisaría y la prohibición de acercarse o comunicarse con la víctima.

El cuarto caso expone una de las aristas más delicadas de este fenómeno: la utilización de una acusación de abuso sexual como presunta herramienta de presión económica. Mónica Elizabeth Morán, de 47 años, fue imputada por extorsión tras ser denunciada por un médico cirujano al que habría exigido dinero a cambio de no denunciarlo públicamente por un supuesto abuso sexual contra su hija. La fiscalía sostiene que la mujer aprovechó el contacto que se había generado durante la atención médica de la joven para construir una amenaza capaz de afectar la reputación y la carrera profesional del cirujano.

Según la acusación, el episodio comenzó después de varias consultas médicas. El 21 de marzo, la mujer habría enviado un mensaje en el que advertía que denunciaría y escracharía al profesional si no recibía dinero. Ese mismo día, el médico le transfirió $2 millones.

Sin embargo, el pago no habría frenado las exigencias. La imputada habría vuelto a presentarse junto a un hombre en el lugar de trabajo del cirujano y, posteriormente, le habría reclamado $30 millones mediante mensajes de WhatsApp. El denunciante también habría advertido que la mujer y familiares suyos merodeaban su lugar de trabajo, lo que lo llevó a modificar sus rutinas por temor a posibles represalias.

La causa fue formalizada por la UFI Delitos Especiales, que presentó conversaciones, registros fílmicos, fotografías y comprobantes bancarios. Morán continuará el proceso en libertad, con la obligación de no entorpecer la investigación y de no mantener contacto con el denunciante. Su defensa sostuvo que es inocente y cuestionó la interpretación de los hechos planteada por la fiscalía.

Millonaria extorsión de una sanjuanina que exigía $30.000.000 a un cirujano amenazándolo con denunciarlo por un falso abuso a su hija

Millonaria extorsión de una sanjuanina que exigía $30.000.000 a un cirujano amenazándolo con denunciarlo por un falso abuso a su hija

Fuente: Tiempo de San Juan

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