Familias construyeron una escuela para sus hijos y transformaron la zona para siempre
Cuando uno es niño suele no gustarle ir a la escuela y puede buscar pretextos de lo más fantasiosos para faltar, como que se siente mal, le duele ...

Cuando uno es niño suele no gustarle ir a la escuela y puede buscar pretextos de lo más fantasiosos para faltar, como que se siente mal, le duele la panza, está lloviendo. En el secano de Lavalle, la estrategia era otra: los menores directamente se escondían cuando veían que llegaba el colectivo que los tenía que llevar a clases.
Claro, no eran unas pocas horas. Ellos tenían que quedarse varios días porque era una escuela hogar, por eso escapaban campo adentro y se metían en los puestos hasta que el vehículo se iba. No era un juego, era una manera de evitar alejarse de sus familias.
Esta historia es parte del pasado debido a que hace más de dos décadas las familias que habitan en El Puerto, un paraje ubicado en el secano de Lavalle, departamento de la provincia de Mendoza, empezaron a construir una escuela y finalmente la finalizaron.
Una nota del diario Los Andes detalló que esta localidad queda sobre la ruta nacional 142, cerca del río San Juan y del límite con la provincia homónima. Los chicos tenían que viajar 35 kilómetros hasta San Miguel, para poder asistir a la escuela albergue.
El funcionamiento de la institución obligaba a que los niños se quedaran varios días allí. Estudiaban, comían y dormían en ese lugar, pero sus familias ya no querían esa dinámica. Estaban decididas a que sus hijos fueran a la escuela y pudieran regresar a sus hogares en el mismo día.
El inicio
Comenzaron con viajes, reuniones, donaciones, mingas. La organización comunitaria fue el puntapié inicial, ya que las autoridades argumentaban que eran pocas familias en la zona, no había infraestructura y la matrícula no justificaba crear una nueva institución escolar.
Miguel Ángel "Patán" Púrpora tenía vínculos con familias de la región. En 2004 llegó Eduardo Chirola Ruiz a El Puerto, quien era director y maestro en la Escuela de Las Vegas (Potrerillos). Ambos participaron de las primeras reuniones con los pobladores para construir su propio edificio escolar.
La idea fue tomando forma en un playón comunitario, con vecinos que se reunían a trabajar los fines de semana. Cada 15 días llegaban grupos de Lavalle, amigos, personas de diferentes puntos de Mendoza dispuestas a dar una mano. Algunos colaboraban trabajando, otros con donaciones de materiales. También se hicieron rifas, peñas y fiestas para recaudar fondos.
En algún momento, viajaron a la capital para volver a insistir ante las autoridades gubernamentales. La resistencia del pedido dio frutos, les dijeron que, si terminaban el edificio, el gobierno provincial aportaría los docentes.
En 2008, la escuela fue incorporada al sistema educativo provincial y fue denominada como Escuela N° 1-737. Más tarde fue bautizada con el nombre Máximo Arias, fotógrafo mendocino que había acompañado todo el proceso constructivo sacando fotos y trabajando a la par, según una nota del diario Los Andes.
Encender el fuego
Ese impulso inicial transformó la zona. Comunidades vecinas se contagiaron del logro conseguido en El Puerto y empezaron a construir sus instituciones. Así nacieron las escuelas de La Majada y El Cavadito.
Más tarde, aparecieron postas sanitarias, registro civil y otros servicios. "Las escuelitas ayudaron a conformar y fortalecer esas comunidades", afirmó Ruiz, mientras que Púrpora consideró que "tuvo éxito justamente por eso, porque lo planteó la necesidad, nadie le fue a decir acá hace falta una escuela".
El Puerto, La Majada y El Cavadito se unieron para crear un centro educativo para jóvenes y adultos. El objetivo era que los padres y abuelos de las comunidades pudieran completar su alfabetización, eso posibilitaría también un mejor acompañamiento en el proceso educativo de sus hijos.
Documental
Todo el recorrido cumplió 20 años, desde que se clavó la primera estaca hasta hoy. En la actualidad, hay 29 alumnos en primaria, 12 en el CEBJA y 45 en el CENS.
Cada avance, cada paso quedó grabado en la cámara de Púrpora, quien asistió a las primeras reuniones, mingas, viajes, trabajos y actividades para conseguir fondos. Al principio solo era un registro que hacía, aunque a partir del 2010 empezó la idea de hacer un documental.
La producción audiovisual se realizó y se llama "Güentota, una escuela para El Puerto". Una versión breve puede verse en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=-c9hEgCwJ8I&t=233s), aunque el documental original dura 45 minutos y se basa en los testimonios y registros del proceso comunitario, contado por sus propios protagonistas.
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Fuente: La Arena
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