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Favio Posca: "No cambiás el mundo desde el discurso sino desde los hechos"

El actor propone en su nuevo espectáculo una crítica lúcida al comportamiento humano, atravesada por el humor, la música y la búsqueda de autenticidad.

Por Ariel Búmbalo10 min de lectura
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Favio Posca: "No cambiás el mundo desde el discurso sino desde los hechos"
Favio Posca: "No cambiás el mundo desde el discurso sino desde los hechos" · Foto: Los Andes

El actor propone en su nuevo espectáculo una crítica lúcida al comportamiento humano, atravesada por el humor, la música y la búsqueda de autenticidad.

Favio Posca. Durante una 1 hora y 40 minutos, el actor y músico se transforma en escena sin pausas.

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Favio Posca vuelve a Mendoza con "Transensual", el espectáculo que agotó localidades durante dos temporadas consecutivas en Avenida Corrientes y que ya lo llevó de gira por distintos países de Europa. La cita será el sábado 29 de agosto, a las 21, en el Teatro Mendoza. Las entradas se pueden conseguir a través de Passline.com.

Con su sello inconfundible —mezcla de humor filoso, música en vivo y una batería de personajes que van del delirio a la ternura—, Posca propone en este unipersonal un recorrido que aúna fiesta sonora y sensorial con una introspección profunda sobre los mandatos, los prejuicios y las formas de vincularnos. Durante una 1 hora y 40 minutos, el actor y músico se transforma en escena sin pausas, cantando canciones originales y desplegando un humor que, lejos de la burla, apunta a la identificación.

Estilo habló con Favio durante la semana para conocer más sobre el show que ofrecerá aquí en Mendoza.

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—Llegás con un espectáculo exitoso...

—Sí, sí, un espectáculo que la verdad me está dando muchas alegrías, muchas satisfacciones. Primero porque fue un éxito y lo sigue siendo en el Paseo La Plaza en Buenos Aires. Y la verdad que fue un éxito en Europa también. Hice dos giras, el año pasado y este año, dos giras consecutivas, y este año agregando Copenhague también. Y la verdad que es espectacular. Ahora arranqué esta mini gira porque voy a parar a fin de agosto. Solo elegí algunas ciudades para arrancar: Uruguay, Córdoba, Rosario y Mendoza. Así que Mendoza está dentro de las primeras de esta gira y estoy muy contento.

—¿De qué trata Transensual?

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—Es un espectáculo en el que estoy ahí arriba solo, transformándome, deformándome, cantando en vivo canciones originales, tirando imágenes en pantalla. Es un viaje, un viaje de risa en principio, pero también un viaje hacia la emoción. Siento que he abierto puertas en estos últimos años como artista, que antes por ahí no abría, como la emoción, o tirar una data más precisa y bien entendible de lo que yo pienso respecto de cómo estamos parados en el mundo como personas, dónde está nuestra inocencia, que es lo que nos da el agradecimiento de estar vivos, el aquí, sin ir al futuro o al pasado, como nos trata la mente.

—Siempre te definieron como un actor transgresor. ¿Qué significa ser transgresor hoy?

—Si te tengo que decir la verdad, a mí siempre me decían los periodistas "sos transgresor", ya en los 90, y siempre les respondía lo mismo: yo nunca me sentí transgresor. Porque lo que hago arriba del escenario no es una postura punk para transgredir, para quejarme de la sociedad o para anarquizarme. Lo que hago arriba del escenario es por absoluta libertad.

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No sé si está bien, yo lo llevo al mango. Hablo de la noche cuando hablo de la noche, hablo de sexo cuando hablo de sexo, pero desde un lugar casi te diría inocente. La transgresión es buscar ese contraste para que la gente se asuste o se sorprenda, y nunca fue mi intención esa. Por eso la gente entra en mi viaje, entra suave, no entra con un tipo gritándole lo que tiene que hacer.

—¿Cómo es el trabajo de crear tus personajes?

—Es arduo, porque mis espectáculos tienen una apuesta muy importante de imágenes, de luces, y también de sonido. Primero tengo que componer las canciones —o puedo ir en paralelo con los textos—, pero antes tengo que hacer un casting de qué personaje va a entrar o no en cada espectáculo, porque tengo un montón que quedan afuera la mayoría de las veces, porque si no durarían tres horas o más.

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Como mucho tiene que durar una hora y media. Entonces hago un casting según qué es lo que quiero decir, de qué quiero hablar; puede entrar o no algún personaje porque me queda fuera de ritmo o descontextualizado. Cuido mucho eso.

Después los textos de cada personaje, y en paralelo la música, que son como pequeñas obras musicales de ocho, diez canciones. Como discos: en cada espectáculo mío hay un disco que después no termino sacando, por una cuestión de elección. Nunca me interesó sacar un disco, pero sí me gusta que la gente vea en vivo las canciones y que después queden ahí, que ni siquiera las puedan buscar en ningún lado. Eso me gusta, son como momentos únicos.

—¿Y cómo surgió este show en particular? ¿Cuál es el concepto que te empujó a llevarlo adelante?

—El concepto fue recuperar la inocencia que todos tenemos, que tiene que ver con la libertad, con el placer y con la paz interna que nos da la vida. Hay momentos de remanso en el show donde expongo lo que realmente quiero decir: que nosotros venimos a este plano con una inocencia y un alma absolutamente pura, y que vamos perdiendo esa inocencia para construir una persona, para defendernos, para ser exitosos.

Uno de los personajes dice: "Hay mucha gente que se muere pensando que es de una manera, cuando en realidad era de otra, mucho más cariñosa, mucho más amorosa, mucho más acercada a la necesidad del otro, pero construyó una persona llena de barreras." Y le dice al público: "La mayoría de ustedes piensan cosas de ustedes que no son. La mayoría de ustedes son mucho mejor de lo que ustedes piensan de ustedes mismos." Y ahí explota el teatro, porque son textos que también alivian a la gente.

— Hablabas de tu costado musical. ¿Cómo hacés para sintonizar el laburo teatral de actor con la música?

—Es totalmente innato, lo tengo desde siempre. Me acuerdo cuando tenía 20 años que dije: "Quiero hacer un unipersonal, pero que sea diferente a todos los que se han visto." Y ya de entrada dije: tiene que haber rock, puede ser chacarera, cumbia, lo que sea, pero tiene que haber música cantada en vivo, y no tiene que ser una comedia musical. Tiene que ser un show, pero no un show de rock; tiene que ser teatro, pero no convencional. Y tengo que tratar de prácticamente no salir del escenario, transformarme, y que la gente nunca me vea a mí como Favio Posca.

Y lo logré, pero ya desde mi primer espectáculo, que se llamó "El perro que los parió", fue musical, ya tenía como ocho canciones. Nunca concebí un espectáculo mío sin música.

— ¿Escribís también los guiones?

—Sí, obviamente me manejo con guiones, siempre me manejé escribiendo. Imaginate que hace 35 años, 34, cuando fue mi primer espectáculo, no existía nada, ni Spotify ni nada. Tenías que buscarte la música, la data, viajabas y traías discos. Y a la hora de escribir, mi mente no retenía todo, entonces yo escribía los "hitos": por ejemplo, tal personaje habla de tal cosa, y me imaginaba todo el desarrollo pero escribía "casino" —¿qué le pasa a este personaje en el casino a la noche?— y con eso ya me acordaba de todo. Eran como empujones.

Después, cuando apareció el celu, se me facilitó mucho más, porque estoy, no sé, mirando la montaña, de repente se me ocurre algo, lo grabo y después lo bajo a un guión, pero primero lo grabo.

—34 años de laburo dijiste recién. ¿Te sentís referente de nuevas generaciones de comediantes, de actores?

—Sí, evidentemente en tantos años he abierto muchas puertas, y esto no lo digo yo, lo dicen muchos artistas. Imaginate que yo inventé la trasnoche en calle Corrientes. La trasnoche venía del Parakultural, de lugares underground, en los cuales yo estuve, pero un día dije: "Che, yo quiero hacer a las 12:30, 1:20 de la mañana, un espectáculo totalmente salvaje, pero en Calle Corrientes." Y me dijeron: "Estás loco, no existe la trasnoche en el mainstream." Y yo insistí, le pedí al dueño del Paseo La Plaza que me diera la oportunidad, y no fue fácil, hasta que me la dio y estrené "El perro que los parió", que ya lo venía haciendo en el underground, pero en Calle Corrientes a las 12:30. Me acuerdo que era un batacazo, la cola de gente daba la vuelta manzana para una sala muy chiquita.

La tele después me ayudó un montón, porque lo que yo hacía en tele era caudal para mis espectáculos, pero el primero, el real, fui yo, y a partir de ahí empezaron a venir de a poco otros artistas, muchos que después fueron conocidos, a la trasnoche.

— En algún momento estuviste mucho en televisión, pero hemos pasado a los medios virtuales, YouTube y demás. ¿Te llama algo por ese lado, cómo te llevás con eso?

—La verdad que no. Para que yo haga algo en ficción tiene que haber buen director, buen equipo, buen guion, y me tiene que interesar el personaje. Soy más de decir que no que de decir que sí. Si pinta algo que me interesa, seguramente lo haré.

— ¿Cómo sentís que está el teatro ahora, en este marco de desinversión, de negación de la cultura argentina que se ha impuesto en estos años?

—Creo que, como toda contracultura, se produjo un efecto reactivo. El teatro está funcionando. Calle Corrientes está llena de espectáculos, el Lavalle en Buenos Aires pulula por todos lados, hay giras. En Mendoza debe haber muchos espectáculos. Creo que esta falta de posibilidades, hizo que los artistas salgan a la calle a hacer sus espectáculos, y esto me parece brillante.

— ¿Sentís que hay una rebelión, una reacción importante?

—Más que rebelión por lo político, me parece que hay necesidad y propuestas. No sé si hay una rebelión, pero sí hay necesidad de salir. Eso lo hice yo cuando tenía 20 años. Dije: "Voy a hacer lo mío, no voy a esperar que me llame nadie." Y eso es lo que hay que hacer, no hay que depender de nadie, hay que depender de uno mismo. Si uno confía en su talento y tiene cosas para decir, hay que salir, y me parece que eso está pasando. No sé si es una rebelión, es por necesidad y por pasión. Por lo menos yo hablo de mí, eso es lo que me pasó a mí: si yo tuviera que esperar que me llamen de la tele —imaginate, hace 15 años que no hago— la verdad que me moriría de hambre.

—Pero en el medio también hay una cuestión política...

—En mi caso no. No me interesa, en absoluto. Yo hago la mía: mi política es ser un tipo honesto, amar a mi país, no cagar a nadie, fijarme en la necesidad del otro cada vez más, escuchar al otro, tratar de ayudarlo, darme cuenta de que somos parte de un todo, y que la crítica y el odio solamente te llevan a socavarte a vos mismo, y que realmente el amor es lo único que nos va a salvar. Ese es mi lema.

Y voy con todo, voy a hacer reír a la gente, a habilitarle un pasaporte a la felicidad, aunque sea por una hora 40. Desde ahí cambio el mundo, ese es mi estado político. Porque muchos critican la situación del mundo, pero se quedan en la crítica. ¿Qué hacés vos para cambiarlo? Bueno, yo te hago reír una hora 40 en un espectáculo. Eso es un montón, ¿entendés? Y siento que de esa manera cambiás el mundo, con pequeñas cosas. No cambiás el mundo desde el discurso, lo cambiás desde los hechos.

—¿Tenés una relación especial con Mendoza?

—Sí, totalmente, igual que con Córdoba. Tengo amigos en Mendoza, siempre he ido a esquiar ahí, tengo una afinidad muy particular, más allá de que me encanta la ciudad también. Y me parece que tengo un público muy bueno en Mendoza, entonces siempre elijo los lugares que más me acercan para empezar una gira.

—Lo de que venís a esquiar no lo sabía, ¿sos buen esquiador?

—En realidad siempre hice snowboard. Sí, la verdad que me tiro por todos lados. Por suerte aprendí de chico, porque ya pegarse un palo a esta altura no da. Pero sí, me tiro por todos lados, me encanta.

Fuente: Los Andes

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