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Femicidio en Barreal: manipulación, mitomanía y la escalofriante falsa denuncia que orquestó el asesino de Camila Vecchiarello

La investigación por el brutal crimen de la joven embarazada en Calingasta suma capítulos de horror. Para la fiscalía, Carlos Gonzalo Rivero trazó un plan psicopático de control absoluto: le respondía mensajes a la familia con ella ya muerta, manejaba sus redes y hasta habría rad…

Por Pablo Mendoza5 min de lectura
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Femicidio en Barreal: manipulación, mitomanía y la escalofriante falsa denuncia que orquestó el asesino de Camila Vecchiarello
Femicidio en Barreal: manipulación, mitomanía y la escalofriante falsa denuncia que orquestó el asesino de Camila Vecchiarello · Foto: Tiempo de San Juan

El femicidio de Camila Vecchiarello, la joven aspirante a Gendarmería brutalmente asesinada en la madrugada del 13 de septiembre en Barreal, Calingasta, continúa revelando los oscuros recovecos de la mente de su asesino. Carlos Gonzalo Rivero (25), con quien la víctima había contraído matrimonio apenas unas semanas antes de su muerte, no solo está imputado por arrebatarle la vida a su esposa y al hijo que gestaba en su vientre, sino que ahora la Justicia descubre la compleja telaraña de manipulación, aislamiento y mentiras sistemáticas a la que sometió a la joven.

El Ministerio Público Fiscal, representado por el fiscal Adolfo Díaz y los ayudantes fiscales César Recio y Romina Mascarell (UFI Delitos Especiales N°6), trabaja sobre un perfil criminal definido por el control absoluto, la mitomanía y rasgos marcadamente psicopáticos. En las últimas horas, salió a la luz una maniobra judicial espeluznante que Rivero habría orquestado para aislar a Camila de sus seres queridos.

La falsa denuncia: una maniobra para destruir vínculos

Uno de los datos más reveladores y perturbadores de la instrucción es la existencia de una denuncia radicada vía web ante la Justicia de Salta. Supuestamente, Camila había denunciado por "abuso sexual con acceso carnal" a un gran amigo de la familia y de ella misma, de apellido Díaz.

Para los investigadores, la denuncia fue una burda pantalla y no tiene ningún sentido legal ni fáctico. El primer indicio de falsedad fue su alarmante falta de precisión: el escrito hablaba de un abuso sexual gravísimo, pero omitía por completo el lugar, el momento y las circunstancias del hecho. El segundo indicio, aún más grotesco, fue la jurisdicción elegida: la denuncia se envió de manera digital a los tribunales de Salta, a pesar de que el amigo acusado vive en Rosario (provincia de Santa Fe).

Al recibir este escrito, el juzgado salteño contactó a la familia de Camila en Rosario, advirtiendo que la joven debía presentarse en Salta. Desesperados por la noticia, los familiares intentaron comunicarse con Camila -quien ya residía en Barreal- aproximadamente una semana antes del femicidio. Sin embargo, no lograron hablar con ella. Quien atendió el teléfono fue Carlos Gonzalo Rivero.

Con una pasmosa facilidad para la mentira, Rivero les dijo que Camila "había ido a la guardia y se había olvidado el teléfono". Inmediatamente después, intentó clausurar el tema con una directiva manipuladora: les pidió explícitamente "que no le dieran bola a la denuncia, que era un malentendido, que estaba todo bien y que se olvidaran".

A raíz de estos dichos, aportados por la propia familia de la víctima, la fiscalía da por confirmado que Camila jamás realizó esa acusación. Fue Rivero quien la escribió, usurpando la identidad de su esposa en la web, con el claro objetivo de ensuciar al círculo íntimo de la joven y alejarla de sus personas de confianza.

Hoy, el entorno de Camila asegura que Díaz es un amigo entrañable de la familia, que jamás dudaron de él y que el propio joven está devastado, llegando a sentirse responsable por la muerte de Camila debido a la confusión generada. Tras comprobarse el origen de la acusación, el juzgado de Salta podría abrir una investigación penal paralela por el delito de "falsa denuncia".

Dato: cabe destacar que en un primer momento se habló que la denuncia era de Camila hacia Rivero por violencia de género. Acá en San Juan, ella nunca hizo una presentación por violencia  ni en el Juzgado de Paz, ni el CAVIG.

Mitomanía y el control de una mente psicopática

El accionar de Rivero encaja a la perfección con el perfil de un psicópata manipulador. En la localidad de Barreal, múltiples testimonios de personas que lo conocieron coinciden en un diagnóstico: Rivero era un "mitómano" que mentía a todo el mundo y en todo momento, intentando aparentar una vida y un estatus que no poseía, especialmente luego de haber sido dado de baja de Gendarmería.

Este desapego por la verdad iba de la mano con un control enfermizo sobre su pareja. Para los investigadores, la dependencia que Rivero forzó sobre Camila era total.

La perversidad de este control quedó en evidencia el mismo día del crimen. Las pericias y la reconstrucción de los hechos indican que Rivero llegó a responderle mensajes de texto a los familiares de Camila haciéndose pasar por ella, cuando la joven ya había sido brutalmente asesinada.

La frialdad tras la masacre y el cinismo judicial

La madrugada del 13 de septiembre, Rivero atacó a Camila con al menos dos armas blancas, asestándole cortes mortales en el cuello. Acto seguido, lejos de cualquier arrepentimiento genuino por la vida de su esposa y su bebé en camino, escribió una carta manuscrita expresando fríamente: "Ya sé que es tarde para pedir disculpas". Horas más tarde, a las 11:35 de la mañana y con el cadáver de Camila aún en el piso del departamento, tomó su teléfono y le envió un mensaje a su expareja en Salta, jurándole amor eterno y asegurándole que era "la mujer que siempre amó".

La última y quizá más indignante de sus mentiras se escuchó en los tribunales de San Juan. Frente al juez de Garantías, Federico Rodríguez, el imputado intentó ensayar una coartada insostenible: tildó a Camila de violenta, aseguró que ella le rompió sus pertenencias, negó rotundamente saber que ella estaba embarazada y declaró, sin titubear, que la víctima se había apuñalado a sí misma y que luego, al correr por el pasillo, resbaló y se incrustó el cuchillo en el cuello accidentalmente.

Actualmente Carlos Gonzalo Rivero se encuentra cumpliendo un año de prisión preventiva.

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Fuente: Tiempo de San Juan

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