Femicidio en Costanera: del vínculo tóxico a una persecución mortal
Los primeros pasos de la investigación judicial dejaron al descubierto la antesala del brutal crimen y el horror al que estuvo sometida la víctima, en manos de su ex pareja y padre de su hija, quien le propinó 31 puñaladas y le arrebató la vida. Cómo fue la secuencia que derivó e…

La investigación judicial por el femicidio de Gemma Álvarez develó un cuadro que para la Fiscalía explica cómo se llegó al desenlace más brutal. Es que, por un lado, los primeros pasos de la instrucción dejaron al descubierto una relación de 13 años atravesada por el control, los celos y la violencia psicológica; mientras que, por el otro, ofrecieron una descripción detallada sobre cómo la persecución -planificada por el autor- culminó con el ataque feroz.
Durante la audiencia de formalización contra Matías Ezequiel Marín, acusado por homicidio doblemente agravado, el fiscal Nicolás Schiattino expuso la secuencia de los hechos, los que -a priori- muestran que el femicidio ocurrido en Costanera no fue espontáneo, sino más bien una causalidad. Para los investigadores, Marín esperó a su ex pareja en las inmediaciones de la casa de su madre, donde momentáneamente vivía tras su separación, la siguió cuando salió rumbo a su trabajo y la interceptó deliberadamente hasta provocar su caída. Luego descendió de su vehículo y la atacó con un cuchillo, causándole 31 heridas cortopunzantes que le arrebataron la vida.
Uno de los elementos centrales expuestos por la Fiscalía fue la denuncia que Gemma había presentado en el CAVIG apenas semanas antes del crimen, el 1 de julio de este año. En esa presentación, la víctima describió una relación de más de una década con Marín, con quien tenía una hija de 11 años. Si bien aclaró que nunca había sido golpeada físicamente, relató un patrón constante de violencia verbal y psicológica.
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"Nunca me agredió físicamente, pero siempre me agredió verbalmente, me denigraba como mujer y me manipulaba psicológicamente", expresó en aquella denuncia.
El documento también reconstruye uno de los últimos episodios de violencia. Según relató la víctima, durante la madrugada del 1 de julio Marín irrumpió en la habitación donde ella descansaba con su hija, exigiéndole el teléfono celular porque sospechaba que mantenía conversaciones con otro hombre.
La discusión rápidamente escaló. De acuerdo con la denuncia, el imputado la insultó, la acusó de engañarlo con su jefe y revisó la habitación buscando el teléfono. Al no encontrarlo, lanzó amenazas directas. "Te voy a reventar a piñas", le dijo, según quedó plasmado en la presentación judicial.
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La situación obligó a Gemma a llamar a su madre para que retirara a la hija de ambos del domicilio. Minutos después también llegó la madre de Marín, ante quien el acusado volvió a expresar su obsesión con una supuesta infidelidad. Según la denuncia, delante de su propia madre afirmó que "donde me encuentre me iba a matar, porque no iba a dejar que estuviera con otra persona".
Tras ese episodio, la joven madre decidió abandonar la vivienda junto a su hija, rumbo al domicilio de su madre, en Chimbas.
Para la Fiscalía, esos antecedentes constituyen una muestra del contexto de violencia de género que precedió al femicidio y reflejan un vínculo marcado por el control, la manipulación y los celos.
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También, durante la audiencia se reconstruyó, minuto a minuto, cómo ocurrió el ataque. De acuerdo con la acusación, Marín se dirigió durante la madrugada hasta la vivienda de Gemma, ubicada en el barrio Las Alondras, en Chimbas. Allí esperó que saliera rumbo a su trabajo y comenzó a seguirla en un Volkswagen Gol Trend blanco.


La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad ubicadas en la rotonda de Salta y Costanera. Según expuso la Fiscalía, a las 6:38 se observa primero el paso de la motocicleta Motomel Blitz en la que circulaba Gemma y, pocos segundos después, el automóvil conducido por Marín persiguiéndola.
La investigación sostiene que el imputado la encerró de manera intencional mientras ambos transitaban por avenida Costanera. Como consecuencia de esa maniobra, la motocicleta cayó sobre la banquina norte y Gemma terminó en el suelo. Fue entonces cuando, siempre según la reconstrucción fiscal, Marín descendió del vehículo, extrajo un cuchillo tipo Tramontina de aproximadamente 25 centímetros y comenzó a atacarla.
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La autopsia determinó que la víctima sufrió 31 heridas cortopunzantes distribuidas en distintas partes del cuerpo.
Uno de los testimonios más conmovedores fue el del agente penitenciario, de apellido Ponce, quien se dirigía a prestar servicio cuando advirtió un automóvil detenido y una motocicleta caída sobre la banquina. En un primer momento creyó que se trataba de un siniestro vial. Sin embargo, al iluminar el lugar con una linterna observó a una mujer tendida boca abajo dentro de la zanja lindante a la ruta.
Según declaró, Gemma todavía intentaba incorporarse y alcanzó a levantar una mano pidiendo ayuda. Detrás de una vegetación de gran porte, Ponce advirtió la presencia de un hombre que lo apuntaba con un objeto que no logró identificar. Instantes después escuchó una detonación, creyendo que podía tratarse de un disparo efectuado por el agresor, quien escapó del lugar.
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Más tarde se determinó que esa detonación correspondía a un disparo disuasivo realizado por un efectivo policial que prestaba servicio adicional en una planta transformadora de energía cercana. Ponce se acercó igualmente para asistir a la víctima y, pocos segundos después, recibió la ayuda de otro testigo que pasaba por el lugar. Entre los dos intentaron auxiliar a Gemma y dieron aviso al 911.
El policía, que cumplía adicionales en el predio situado al lado de la escena del crimen y que escuchó los gritos de la víctima pidiendo ayuda, también llegó al lugar. Al no poder observar con claridad la situación, a causa de la oscuridad que cooperaba con el femicida, creyendo que se trataba de un robo, desde el sitio donde cumplía funciones, efectuó un disparo disuasivo y se dirigió inmediatamente hacia la escena.
Cuando arribaron los servicios de emergencia, los médicos constataron que Gemma Álvarez ya había fallecido como consecuencia de las gravísimas lesiones sufridas durante el ataque. Con esos elementos, la Fiscalía sostiene que el femicidio fue el desenlace de una escalada de violencia de género que ya había sido denunciada por la propia víctima semanas antes y que culminó con una persecución cuidadosamente ejecutada hasta interceptarla cuando se dirigía a trabajar.
Fuente: Tiempo de San Juan
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