Fernanda Urquiza "En La Cima": "Me juzgaron y me pegaron por vestirme de mujer"
La Directora de Género y Diversidad de la provincia repasa su infancia y asegura que la vida que tiene es el sueño de cualquier chica trans.

La Directora de Género y Diversidad de la provincia repasa su infancia y asegura que la vida que tiene es el sueño de cualquier chica trans.
Fernanda Urquiza y Laura Rez Masud "En La Cima" de Los Andes.
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Fernanda Urquiza es una referente indiscutida de la lucha por los derechos de las personas LGBTIQ+ en la provincia. En un diálogo sincero y profundocon Laura Rez Masud "En La Cima" de Los Andes, la Directora de Género y Diversidad de la provincia abrió su corazón.
En repasa su infancia atravesada por la incomprensión y la violencia, las brutales agresiones sufridas al asumir su identidad y los desafíos de mantenerse en un espacio institucional de toma de decisiones.
Desde una perspectiva humana y política, analiza las asignaturas pendientes de la sociedad en materia de inclusión laboral y los prejuicios que aún persisten.
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— Llegar a la cima o a un espacio de visibilidad como el que ocupas exige recorrer un camino con múltiples barreras. Desde tu experiencia, ¿sentís que alcanzaste esa cima y qué tan complejo resulta mantenerse allí?
— Yo pienso que sí, pero es más difícil mantenerse en la cima. En ese sentido, el camino para poder llegar está lleno de obstáculos, lleno de violencia y lleno de discriminación, al menos para las personas de la comunidad.
— Retomando tus orígenes en el departamento de Santa Rosa, ¿cómo comenzó ese proceso personal de reconocimiento e identidad en tu infancia?
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— Desde muy chica siempre me sentí mujer. Toda la vida viví en un lugar muy pequeño, en el departamento de Santa Rosa, en el distrito de La Dormida más precisamente, un pueblito muy pequeño y muy humilde. Somos cuatro hermanos: un hermano mayor que se llama Raúl, una hermana que se llama Silvana, después estoy yo y después una hermana más chica que se llama Jessica. Mi papá Juan falleció cuando yo tenía 14 años, un golpe muy duro, y mi mamá es Marta. En todo ese camino, yo me acuerdo de todas las cosas malas; fueron más cosas malas que buenas, pero entiendo que esas cosas malas me han servido para ser la mujer que hoy soy.
— Cuando te referís a vivencias difíciles durante la niñez y la etapa escolar, ¿a qué tipo de situaciones te enfrentaste debido a tu identidad?
— En el jardín de infantes, por ejemplo, estaban los guardapolvos rosados y los azules. Yo no quería el rosado, quería el azul pero me lo prendía atrás. Las de nenas se prendían atrás y los de varones se prendían adelante. Me acuerdo muy claro de que me agarraban de la oreja las psicopedagogas, las maestras o las celadoras, y me llevaban a la dirección castigada por eso. Era darte vuelta en una esquina en la dirección y quedarte ahí toda la mañana. También me llamaban a mis padres y tenía la reprimenda por parte de mis padres de decir por qué hacías esto. Yo jugaba con muñecas todo el tiempo; era lo que sentía, no conocía otra cosa. Los regalos de Reyes o Papá Noel de varones se los terminaba regalando u usándolos mi hermano o mi vecino, porque no me entretenían ni ahí. Hasta te podría llegar a decir que les sentía rechazo.
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Fernanda Urquiza y Laura Rez Masud "En La Cima" de Los Andes,
— En aquel ámbito comunitario, ante la incomprensión de tu entorno, ¿cómo buscaron abordar o "corregir" lo que te sucedía?
— Cuando iba a quinto grado me empezaron a llevar a un médico en La Paz que me iba "a sanar". En La Dormida todo el mundo conocía, entonces imagínate la hija de un político bastante conocido. Él la pasó mal, pero la que siempre me retaba y me daba varillazos verdes era mi mamá. Uno después de grande lo entiende, que fue desde el desconocimiento y la falta de información. Ese médico en La Paz me hacía sentar en cuclillas, me hacía que me levantara y me bajara, y después me hacía correr cien vueltas a la manzana.
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Yo no podía parar, porque si paraba "no era hombre, era maricón". Terminaba de correr y no podía tomar agua, era correr, correr y correr. Después era jugar a la pelota, y ahí yo lloraba, lloraba y lloraba porque no quería saber nada con eso.
Un día lloraba tanto que terminé despierta en una sala de un hospital. Estaba en quinto grado, pero me acuerdo de la enfermera y del médico. El tema es que nadie decía que lo que yo sentía estaba bueno; todo el mundo decía que era malo, que "ya me iba a curar", que tenía que juntarme más con los varones o que tenía que tener relaciones sexuales con una chica para encontrar el camino.
— ¿Cómo pesó el mandato religioso durante esos años?


—Yo soy una mujer muy católica, soy muy creyente, no predico pero soy una mina muy católica. A pesar de que la religión no jugó nunca a favor mío en esto, sí entendí que sí había un Dios que me quería y que quería que estuviera, entonces siempre me refugié en eso.
La decisión de
— La etapa adolescente y la juventud suelen ser momentos de quiebre. ¿Cómo fue el momento en que decidiste asumir públicamente tu identidad femenina?
— Empiezo la secundaria en la escuela Francisco Crosse, en Santa Rosa, a los 18 años. Con una amiga que es casi mi hermana, Cecilia, de La Dormida, encuentro la afinidad de que no me decía que estaba mal. A todo esto, yo ya me había quedado sola en mi casa porque mi mamá hace pareja con alguien al poco tiempo que mi papá fallece y se va de mi casa, y yo no podía irme con ella porque era mal visto.
Me hicieron de lado. Mis hermanos cada uno tenía su vida, así que ahí empezó el recorrido muy sola. Una noche decidimos salir a bailar a un boliche muy conocido en Las Catitas, "El Infierno". Decido salir a bailar vestida de mujer por primera vez, a los 18 años. Todo me lo prestó mi amiga. Me sentía feliz, totalmente feliz y liberada, hasta que entré al boliche. Ahí se vino la noche.
— ¿A qué actos de violencia fuiste expuesta en esa primera salida pública?
— Me juzgaron y me pegaron. Me tiraron al piso y me patearon. Me acuerdo de una persona muy conocida de Las Catitas, con mucha plata, que fue el que me agarra, me tira al piso y me dijo: "Puto de mierda, por qué te vestís así, no te das cuenta de que sos un asco, una vergüenza para la sociedad y para tu papá, que si se volviera a levantar se volvería a morir". Y me pegaba. Una familia muy conocida. Mi amiga se mete y me defiende, nos levantamos y nos fuimos.
— Pese a la gravedad del ataque sufrido, ¿cómo repercutió esa agresión en tus convicciones personales?
— Así mismo que era la peor noche, yo estaba feliz. Yo seguía contenta porque había logrado salir vestida de mujer, era como el deseo frustrado. Al otro sábado volví a salir a bailar igual, con la misma ropa porque era lo que me andaba. Con mi amiga la minifalda estaba rajada, la cosimos y volví a salir a bailar. Ahí ya no me pegaron, sí era el griterío, el maltrato verbal, por ahí un que otro cachetón, pero volví.
Seguí y seguí, porque dije que después de esto no voy a pasar algo peor en mi vida. Eran patadas y patadas, y hasta un vaso que no sé cómo no se me rompió en la cara. Había poca gente que salía a defender por la falta de información y de visibilidad, porque existimos toda la vida, no es que elegimos ser así. Si uno tuviera la posibilidad de elegir, no elegiría el camino donde te cagan a palos, te discriminan, no te dan trabajo o todo te cuesta el doble; uno elegiría el camino "normal", entre comillas. La verdad que no, porque es un sentimiento, es amor, es lo que vos sentís y lo que todas sentimos.
Fernanda Urquiza "En La Cima" de Los Andes.
— ¿Qué evaluación hacés sobre el grado de aceptación real que existe hoy en la sociedad frente a la diversidad de género?
— Yo no sé si la gente lo ha entendido; yo creo que lo ha terminado asimilando, ni tampoco aceptando. Porque si no, no tendríamos que seguir visibilizándonos, no tendríamos que seguir diciendo que tenemos un lugar para las personas de la comunidad. Hay lugares y los lugares son para todos, y se llega mediante un concurso como tiene que ser.
— En el ámbito normativo, leyes como el Matrimonio Igualitario y la Identidad de Género marcaron hitos históricos. ¿Qué trascendencia les atribuís en la práctica cotidiana?
— Sin duda los marcos normativos son muy importantes porque habilitan. Ahora, de lo legal a lo real ahí está la sociedad y ahí está lo que nos toca hoy.
— Asumir la Dirección de Género y Diversidad de la provincia representa un logro sin precedentes. ¿Qué valor tiene para vos estar al frente de una función pública institucional?
— ¿Vos me decís si estoy contenta de estar en un lugar público, de ser funcionaria? Estoy feliz, porque creo que es el deseo de cualquier chica trans: poder tener un trabajo y no tener que seguir ejerciendo la prostitución para poder vivir. Piden ayuda millones de mujeres trans que quieren salir de la calle, más de lo que vos te imaginás. Pero a la vez, esta visibilidad de que cada vez se ve más, también habilita a un montón de gente que ya estaba calmada o borrada del mapa —la gente violenta, claramente— a levantarse. Entonces una tiene la obligación como funcionaria, primero como persona y por la autoridad moral que me habilita a hacerlo, de decir que todos estamos iguales. No ejercen la prostitución porque quieran hacerlo, sino porque no les queda otra opción para ganarse la vida.
Fuente: Los Andes
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