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Fideicomisos financieros: cuando la calidad del diseño marca la diferencia

La morosidad del sistema financiero argentino continúa en niveles muy elevados en términos históricos. En este escenario, resulta oportuno evaluar las características diferenciales de los fideicomisos financieros.

Por Facundo Chiarello4 min de lectura
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Fideicomisos financieros: cuando la calidad del diseño marca la diferencia
Fideicomisos financieros: cuando la calidad del diseño marca la diferencia · Foto: Ámbito

La morosidad del sistema financiero argentino continúa en niveles muy elevados en términos históricos. En este escenario, resulta oportuno evaluar las características diferenciales de los fideicomisos financieros.

Los fideicomisos financieros como producto estructurado: su capacidad para incorporar mecanismos de protección y mitigación de riesgo .

La morosidad del sistema financiero argentino continúa en niveles muy elevados en términos históricos y se ha vuelto un tema relevante. El ratio de irregularidad del crédito al sector privado arrojó subas en 20 de los últimos 21 meses. Los datos de julio, según el reciente Informe sobre Bancos del BCRA, muestran que el deterioro volvió a crecer: la mora privada total pasó al 7,7%, la de las empresas trepó al 3,6% y la de los hogares llegó a 12,9%, afectando ya a 5,9 millones de personas. Se trata de un fenómeno que pone a prueba la capacidad de respuesta de los distintos vehículos de financiamiento y lleva a preguntarse qué instrumentos están mejor preparados para atravesar este ciclo.

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En este escenario, resulta oportuno evaluar las características diferenciales de los fideicomisos financieros como producto estructurado: su capacidad para incorporar mecanismos de protección y mitigación de riesgo desde el momento mismo de su estructuración. Si bien pueden verse afectados por el deterioro en la capacidad de pago de los deudores, como cualquier vehículo respaldado por activos crediticios, la diferencia radica en que estas estructuras cuentan con herramientas específicamente diseñadas para anticipar y administrar ese riesgo, permitiendo absorber de manera más eficiente el impacto de escenarios adversos.

La primera línea de defensa se encuentra en la calidad de los activos que integran cada cartera. En un contexto de mayor incertidumbre, los criterios de elegibilidad se endurecen, priorizando la incorporación de créditos de deudores con mejores antecedentes y perfiles de riesgo más sólidos. Esta selección más rigurosa es un elemento clave para preservar la calidad de los activos subyacentes y sostener el desempeño de las emisiones. A eso se suma el incremento de los niveles de aforo o sobrecolateralización. En la práctica, esto implica que los fiduciantes transfieren un volumen mayor de créditos respecto de los valores negociables emitidos, generando un colchón adicional capaz de absorber eventuales pérdidas derivadas del deterioro de la cartera. Cuanto más desafiante y complejo es el contexto, más relevante resulta esta capa de protección para los inversores.

A su vez, el diferencial existente entre el rendimiento de los créditos fideicomitidos y la tasa reconocida a los tenedores de los valores emitidos es otro factor de seguridad importante ya que ese excedente genera capacidad adicional para absorber desvíos en los niveles de mora sin comprometer el normal funcionamiento de la estructura.

La liquidez completa el esquema de protección. Por eso en muchas transacciones se observa un fortalecimiento de los fondos de reserva para atender obligaciones financieras ante eventos transitorios de tensión en los flujos de cobranza. En una coyuntura exigente como la actual, contar con mayor liquidez preventiva se vuelve una herramienta valiosa.

Por otro lado, en las estructuras con opciones de revolving hay mecanismos de protección automática, conocidos como triggers, que agregan una capa más de resguardo. Estos dispositivos permiten modificar determinadas condiciones operativas cuando ciertos indicadores de desempeño muestran un deterioro significativo. Entre otras medidas, pueden suspender la incorporación de nuevos créditos y redireccionar los flujos disponibles hacia la amortización anticipada de los valores emitidos, lo que contribuye a preservar su calidad crediticia.

La experiencia acumulada por el mercado argentino en las últimas décadas sugiere que la resiliencia de un fideicomiso financiero no solo depende de la calidad inicial de los activos, sino también de la robustez de su diseño. De hecho, muchos de los mecanismos que hoy son considerados como mejores prácticas surgieron como respuesta a distintos ciclos económicos y fueron perfeccionándose con el paso del tiempo y permitieron elevar los niveles de protección y transparencia.

En definitiva, la coyuntura económica volvió a poner en evidencia algo que el mercado de capitales conoce desde hace tiempo: cuando las condiciones se vuelven más desafiantes, la calidad de la estructuración es un factor determinante.

Importante: El presente material tiene fines exclusivamente informativos y no constituye una oferta, asesoramiento ni recomendación de inversión.

(*) Líder de Fideicomisos Financieros de VALO.

Fuente: Ámbito

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