Fin de un voluntariado: "Es difícil sumar todo lo que viví en una palabra"
Hannah Heddergott, una joven alemana de 21 años, pasó nueve meses en Misiones como voluntaria y contó cómo fue su experiencia de adaptación.

"No sé si me preparé para la vida, pero conocí una realidad distinta. Mi objetivo fue compartir otra cultura, otra vida y ver algo más de lo que estaba acostumbrada a ver", manifestó Hannah Emilia María Heddergott (21), una joven alemana que esta semana termina un voluntariado a través de un programa de la Iglesia católica de su país. Apenas había terminado el colegio secundario cuando surgió esta oportunidad que la trajo directamente a Misiones, donde permaneció durante nueve meses realizando tareas social, prestando servicios en una parroquia, en un hogar de niños y acompañando las clases de inglés en dos establecimientos educativos de Posadas.
"No puedo tener una impresión del país entero porque no pude recorrerlo. Solamente permanecí en la provincia, y conocí las Cataratas del Iguazú y Buenos Aires, en ocasión que mi padre, Guntram König, y mis hermanos: Elisa, Teresa y Johannes vinieron a visitarme en abril", dijo la voluntaria oriunda de la ciudad de Alzey -cerca de Frankfurt-, que se prepara para seguir Estudios transculturales, una carrera nueva que se puede estudiar en Alemania, Francia y España. Contó que durante los primeros tres meses estuvo con religiosas de la localidad de Puerto Rico, adonde llegó en vacaciones de verano y trabajó en un hogar de niños.
"No podía salir por el calor, era bastante chocante al principio porque no estaba acostumbrada", lamentó la joven a quien llaman "misionera laica", pero "me veo como voluntaria". Luego, su mentora, la hermana Olivia, la invitó a Posadas a participar del PPJ (Patio Para Jugar), que es una actividad que abarca juegos, catequesis y merienda. Aquí convivió con la profesora de inglés Silvina López, con quien colaboraba en la materia en el nivel secundario del Instituto Parroquial Don Bosco y en el Instituto San Miguel (nivel inicial y primaria).
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Luego se vinculó con los padres de la docente, Arnaldo López y Cristina Untersteiner, y su hijo Alejandro, quienes le ofrecieron un espacio y en marzo se mudó al hogar. "La familia es muy cálida, me recibió con los brazos abiertos. Me sorprendió la amabilidad y la predisposición", dijo, al tiempo que sostuvo que "es difícil sumar todo lo que viví en una sola palabra. Pero experiencia enriquecedora es lo que más se asemeja".
Aseguró que "fue una linda experiencia, aunque no es fácil. Tenés que estar muy dispuesto. Muchas veces cuesta porque sos la única que no entendes cómo van las cosas, el idioma también es una traba al principio. Extrañé y lloré mucho al principio, no fue fácil la adaptación". Pero "aprendí mucho sobre mí en este tiempo y de la gente, que acá tiene otro ritmo. El domingo, cuando me hicieron la despedida en la parroquia me emocioné. No pensé que me iba a afectar tanto. Creo que siempre vale la pena salir de la zona de confort y aprender algo nuevo", reconoció quien se va encantada de la naturaleza de Misiones y de su gente.
Fuente: Primera Edición
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