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Floppy Rivero: Ser fiel a tu esencia es la mayor ventaja competitiva que puede tener una persona

La peluquera y estilista cordobesa publicó "Distinta en un mundo de fotocopias" un libro en el que repasa una infancia atravesada por las carencias cuestiona los mandatos de la industria y explica por qué eligió construir una marca basada en su propia identidad.

Por Julia Candellero8 min de lectura
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Floppy Rivero: Ser fiel a tu esencia es la mayor ventaja competitiva que puede tener una persona
Floppy Rivero: Ser fiel a tu esencia es la mayor ventaja competitiva que puede tener una persona · Foto: La Voz

En el salón de Floppy Rivero se escucha cuarteto. La peluquera y estilista reconoce, en diálogo con La Voz, que la música insignia de la provincia en la que nació es la banda sonora de su vida y que, aunque en ocasiones y por cuestiones de "imagen" le sugirieron dejar atrás algunos de esos rasgos que forman parte de su identidad, ella eligió ser fiel a sí misma. Como indica el título de su primer libro, recientemente publicado, Floppy apostó por ser: Distinta en un mundo de fotocopias.

Hay una idea que la cordobesa defiende y repite casi como un mantra: en su vida no hay nada más valioso que sostener la propia identidad. Puede parecer una declaración sencilla, pero detrás hay un recorrido que comenzó muy lejos de esa seguridad.

Ese concepto atraviesa todo su primer libro, Distinta en un mundo de fotocopias. El material no es una autobiografía clásica ni un manual de peluquería. Es, sobre todo, una reflexión sobre la construcción de una identidad propia en un tiempo en el que el algoritmo parece empujar a todos hacia el mismo lugar.

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A los 36 años, Rivero dirige un salón en Córdoba donde además funciona una academia de formación profesional. También tiene un local propio en un shopping donde comercializa una línea de herramientas para peluquería y viaja por distintos países brindando capacitaciones para una marca italiana. Desde afuera podría parecer una historia lineal, de crecimiento constante y sin sobresaltos. Pero no.

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Floppy nació en Córdoba Capital y pasó buena parte de su infancia en Unquillo. Vivía junto a sus padres y sus tres hermanos en una realidad marcada por la precariedad. Recuerda las casas prestadas, la ropa donada, la ayuda alimentaria y semanas en las que el mate cocido con un pedazo de pan era prácticamente toda la comida del día. A ese escenario se sumaban la violencia, el alcohol y las adicciones dentro del entorno familiar.

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Durante años, sin embargo, evitó hablar de ese pasado porque no quería que su historia fuera leída desde la lástima.

"No creo en la victimización. Sí creo en contar una experiencia para mostrar que se puede salir adelante, pero me llevó mucho tiempo encontrar esa manera de comunicarlo. Hoy puedo hablar de igual a igual con cualquier persona. Trabajo con gente de todas las clases sociales y de todas las realidades económicas. Y aprendí que todos tenemos alguna carencia. Tal vez no sea la misma que tuve yo, pero todos cargamos con alguna historia", dice.

"Cuando uno vive una realidad así cree que no puede salir de ahí. Que ese destino ya está escrito y que, tarde o temprano, va a terminar repitiendo la misma historia. Con el tiempo entendí que no era así. Descubrí que el lugar de donde venís no determina el lugar al que podés llegar", suma. Y reconoce que, al final del día, esa niña que se vestía de rosa e imaginaba ser una princesa tuvo su revancha y construyó su propio mundo feliz. "Hoy estoy casada, tengo dos hijas y siento que logré todo aquello a lo que cualquier persona puede aspirar", confiesa orgullosa.

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Desde una perspectiva que evita el golpe bajo, Rivero habla de las heridas, pero también de la responsabilidad de construir un camino propio. No promete fórmulas ni recetas: comparte sus experiencias y decisiones con la esperanza de incentivar y animar a personas que quizás se sientan atrapadas en situaciones parecidas a las que ella vivió.

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Paradójicamente, la misma búsqueda de identidad que hoy defiende Floppy comenzó cuando todavía intentaba adaptarse a las reglas del mundo profesional. Como muchas generaciones de peluqueros, fue formada bajo un esquema en el que el prestigio parecía depender de la marca con la que se trabajara. Las empresas ocupaban el centro de la escena y el profesional muchas veces quedaba reducido al papel de representante.

Durante años aceptó esa lógica. Hasta que dejó de hacerlo.

Una experiencia conflictiva con una empresa internacional muy prestigiosa terminó marcando un antes y un después. Aunque la incertidumbre de comenzar a construir un camino propio sin ese respaldo daba miedo, sintió que había llegado el momento. "El producto puede respaldar tu trabajo, pero el arte lo hacen tus manos", resume.

Floppy comenzó a mostrarse más en redes sociales y descubrió que el interés del público no estaba puesto únicamente en las marcas que utilizaba, sino en la forma en que enseñaba, explicaba y resolvía cada trabajo. Ese descubrimiento modificó por completo su manera de pensar el oficio.

Poco después decidió retirar la cartelería, dejar atrás la identidad corporativa y empezar a construir una marca con su propio nombre. Un cambio que, según recuerda, no fue solamente comercial, sino también conceptual.

¿Qué queda cuando desaparecen las marcas, los títulos, los premios o las validaciones externas?, recuerda haberse preguntado. Y la respuesta fue tan sencilla como contundente: queda la esencia.

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Para Floppy, su esencia, su identidad, no es un recurso de marketing: es una forma de coherencia. Significa que la persona que aparece en redes sociales sea la misma que recibe a una clienta, la misma que viaja a dar una capacitación y la misma que vuelve a su casa. También implica aceptar aquello que forma parte de la propia cultura.

Durante años le hicieron creer que el prestigio venía desde afuera, pero ella se propuso demostrar que el verdadero valor está en aquello que nadie puede copiar. "Todo el mundo busca parecerse a alguien que ya tuvo éxito y yo creo que ahí está el error", analiza.

–¿Sentís que ser vos misma fue y es tu mayor acto de rebeldía?

–Durante muchos años nos educaron para creer que lo más importante era la marca con la que trabajábamos. Era la marca la que te hacía crecer o desaparecer. Mi mayor acto de rebeldía fue cuestionar eso. Para mí la rebeldía no tiene una connotación negativa. Ser rebelde no es faltar el respeto ni imponerse de mala manera. Es simplemente decir: "No quiero seguir estas reglas porque siento que existe otro camino". El problema es que el sistema no te deja.

La manera de comunicar de Floppy rompe con varios de los códigos que, en teoría, debería seguir: habla con tonada cordobesa, en su peluquería suena cuarteto, en las capacitaciones muestra procesos completos en lugar de reservarse secretos técnicos y explica aquello que, según la lógica tradicional del oficio, debería permanecer oculto.

"Me dijeron que mi forma de actuar era como si un mago saliera a explicar cómo hace sus trucos, pero me encanta que sea así", dice. Y explica que su manera de enseñar parte justamente de esa idea.

Mientras durante años el conocimiento parecía asociarse a procedimientos complejos y difíciles de descifrar, Rivero intenta hacer exactamente lo contrario: simplificar.

"No quiero que la gente me admire porque parezca imposible lo que hago. Quiero que entienda que también puede aprender", confiesa.

Ese cambio de paradigma terminó dando origen a una academia que hoy recibe alumnos de distintos puntos del país y, en algunos casos, también del exterior.

Daniel aparece mencionado varias veces a lo largo de la conversación y también en el libro. Además de ser su pareja y su socio, fue una de las primeras personas en reconocer un potencial que Floppy todavía no se animaba a ver en sí misma.

"Él fue quien me ayudó a descubrir que yo no era solamente una peluquera que hacía color y tapaba canas. Siempre veía en mí una parte mucho más artística, mucho más comercial", recuerda. Y precisa que la idea de hacer un libro nació junto a él.

"Al principio yo no entendía para qué escribir un libro y pensaba: '¿Quién va a querer leer mi historia?'. Entonces decidimos no ponerlo como objetivo y simplemente empezamos a escribir. Cada vez que hacíamos una capacitación o un viaje nos sentábamos a hacer una especie de devolución. Analizábamos qué había salido bien, qué había salido mal y qué podíamos mejorar. Y en esas conversaciones aparecían un montón de situaciones en las que decíamos: 'Qué loco que la gente no sepa esto'", recuerda.

"No queríamos escribir un libro solamente sobre peluquería ni tampoco una autobiografía. Queríamos mostrar todo lo que pasa detrás de escena. Porque muchas veces la gente ve solamente el resultado y construye una imagen idealizada de tu vida. Y la realidad es muchísimo más compleja. Queríamos mostrar todo ese camino", sostiene.

"Después apareció una editorial y durante seis meses trabajamos junto a ellos. Tuvimos un editor que fue ordenando el material, ayudándonos con la estructura y con la forma de contar las cosas para que fueran más claras y entretenidas. Pero el contenido nunca cambió. Todo lo que está ahí es exactamente lo que queríamos contar", refuerza.

Sobre el mensaje que busca dejar en quienes lean el libro y se encuentren con su historia, Floppy asegura que quiere invitarlos a confiar en sí mismos y en su potencial.

"Estoy convencida de que ser fiel a tu esencia es la mayor ventaja competitiva que puede tener una persona. No hay títulos, certificados, viajes ni años de experiencia que garanticen que la gente confíe en vos. Pero cuando todo lo que hacés tiene coherencia, en lo personal, en lo profesional, en lo real y en lo que mostrás en redes sociales, la gente lo percibe. Y eso vale muchísimo", cierra.

Fuente: La Voz

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