Flor Peña, misoginia y una operación demasiado obvia
El error de Florencia Peña al difundir la falsa muerte del padre de Lionel Messi fue convertido en una nueva batalla cultural. Funcionarios, periodistas y tuiteros libertarios repitieron un libreto conocido: misoginia, antikirchnerismo y polarizaci&am…

Marta Dillon
Florencia Peña es kirchnerista, los kirchneristas no quieren que Argentina gane el Mundial para aumentar el malhumor de la gente. Florencia Peña lo hizo a propósito.
Palabras más, palabras menos, el aparato de comunicación no declarado del Gobierno salió con los tapones de punta -la ocasión permite la metáfora futbolera- frente al hecho lamentable de anunciar, sin un segundo de reflexión, la muerte de una persona que no había sucedido. Todo en un canal de streaming, que no se caracteriza por hacer periodismo sino entretenimiento.
Pero el afectado era Lionel Messi, el gran capitán de nuestra Selección, y había que aprovechar. Aunque Florencia Peña haya pedido disculpas de inmediato, aunque la banalidad sin duda es parte del pacto de audiencia del programa, había que salir a castigar rápido a una mujer a la que ya atacaron suficiente desde las huestes libertarias y porque es una mujer sexuada, zarpada, es un blanco móvil para conservadores y libermachos que buscan vientres antes que parejas. Pero cuando se habla de salir, hay un orden, al menos una coordinación.
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Jonatan Viale, Luis Majul y Eduardo Feinmann, esas voces moduladas para tirar supuestas verdades, son las que lideran la audiencia de maltratadores seriales y llevaron a los medios que se supone que sí hacen periodismo un guion que ya estaba circulando en la red social X: el error de la conductora del programa de chimentos tenía que servir para aglutinar a las Fuerzas del Cielo y señalar al enemigo, los kukas. De paso, para pasarle lustre al "periodismo de verdad", que no es el de los canales de streaming -así dicen-.
La misoginia desatada, además, es el aglutinante de este ecosistema y la gran agitadora del ánimo presidencial. Le dedicó mil seiscientos caracteres en X, además de incontables retuiteos. Maltrató a Peña, por supuesto, también al periodismo.
Sin embargo, no parece haber guion que saque al presidente del encierro en el que se metió con su amigo Manuel Adorni ni aparato comunicacional que logre volver nítida la polarización que tanto le conviene a las pasiones libertarias. Aunque la aprobación del gobierno dejó de caer, tampoco remontó y Adorni, aunque ya no es vocero, sigue siendo jefe de Gabinete.
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Hubo un tiempo, no tan lejano, en que bastaba abrir X para sentir una especie de urticaria ante la forma en que el Presidente de la Nación deshumanizaba, se burlaba, animalizaba a sus adversarios políticos, incluso pontificaba sobre qué crema para las paspaduras de traseros les convenía usar después de que él se los hubiera dejado rojos. La calle digital lo festejaba y alcanzaba un hashtag, una acusación, una captura de pantalla, una frase repetida por decenas de cuentas y amplificada por periodistas amigos para ordenar buena parte de la conversación pública. La potencia de esa maquinaria no residía solamente en su volumen sino en su capacidad para transformar un hecho cualquiera en una prueba de una narrativa política preexistente.
Pero en las últimas semanas, aun cuando el traspié fulero de Florencia Peña haya cosechado adhesión por la misoginia desplegada, no es posible sacar de escena a Manuel Adorni y todo lo que su presencia, avalada por el presidente, obtura. La calle digital no termina de alinearse y encima la calle analógica, la que se llenó de gente por el femicidio de Agostina Vega y por la muerte del Indio Solari, no puede ser contrastada ni con toda la violencia y falsedad de los discursos de Viale, Majul o Feinmann.
En el caso de Agostina Vega, la discusión se desplazó rápidamente del crimen hacia las feministas: que no les importa el femicidio sino atacar a Milei, que la niña no era tan niña, que el perpetrador era peronista, bla, bla, bla. La vieja estrategia de convertir a la víctima en sospechosa y a quienes reclaman justicia en operadores políticos reapareció casi automáticamente. Pero la movilización y el ánimo popular fueron tan contundentes que tuvieron que callarse rápido.
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Con la muerte del Indio Solari fue diferente: había que denostar la movilización y el duelo popular, había que estigmatizar a su ídolo y acusaron al Indio de multimillonario que viajaba en aviones privados justo cuando el talón de Aquiles del todavía Jefe de Gabinete fue un viaje en avión privado. ¿Cómo se les habrá ocurrido una idea tan torpe?La operación buscaba invertir la carga de la prueba y transformar una crítica al gobierno en una acusación de hipocresía dirigida a sus adversarios. No opacó en nada esa forma de transformar el dolor en potencia, en lazo social -tal como enseñaron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, entre ellas la querida Taty Almeida, a quien también se despidió amorosamente el fin de semana pasado.
Ahora el episodio de Florencia Peña es todavía más transparente porque el arco que quisieron imponer es todavía más forzado: de la misoginia que los lleva a castigar el error de la conductora hay que hacer un esfuerzo grande para hacer creer que fue planeado porque es kuka y los kukas no quieren a Messi ni que Argentina gane el Mundial. A la maquinaria de comunicación oficialista parece faltarle conexión. Sigue sincronizada, con mensajes a repetición y bastante buen volumen, pero no consigue lo que más le gustaría: tapar con basura digital y argumentos fake una verdad sin máculas. Adorni sigue siendo jefe de Gabinete.
Fuente: El Destape
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