Flores, el constructor que le devolvió la ilusión a Instituto
El DT está cerca de alcanzar los 20-25 partidos que él mismo considera claves para que un ciclo madure. La Gloria arrancó el Clausura con tres triunfos en cuatro fechas recuperó una identidad y volvió a hacer soñar a su gente.

"Los ciclos maduran con 20-25 partidos jugando juntos. Y todo, de ahí para adelante, es ganancia. Por eso los ciclos que se sostienen son los que después van a Libertadores o a Sudamericana. Por eso, hay que tener mucho equilibrio a la hora de tomar decisiones cuando un proceso va bien".
Diego Flores lo dijo en el pódcast Mundo Gloria poco después de asumir en Instituto. En ese momento, podía sonar a una explicación acerca de cómo entendía el fútbol. Hoy, cerca de llegar a esa cantidad de partidos al frente de la Gloria, aquellas palabras adquieren otro peso.
Porque el proceso maduró. Y lo más interesante no son solamente los resultados, sino la transformación. Instituto arrancó el Clausura con tres victorias en cuatro partidos, el segundo mejor comienzo de su historia en Primera División. Pero reducir todo a una tabla sería quedarse en la superficie.
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Flores agarró en febrero un equipo que jugaba feo, transmitía poco y caminaba peligrosamente cerca de la zona baja. Un equipo que había generado tanta preocupación que para buena parte de sus hinchas el objetivo era sobrevivir en Primera, como fuera. Hoy la historia es otra.
Instituto ahora es intenso, incómodo, corre, presiona, no regala nada y se anima a jugarle de igual a igual a cualquiera. No siempre juega bien, porque tampoco tiene una billetera capaz de competir con los gigantes del fútbol argentino. Pero tiene una identidad.
Y eso, en este fútbol de volantazos permanentes, vale muchísimo. Flores hizo un diagnóstico cuando llegó. Vio un plantel con buenos futbolistas y entendió que había material para construir. Después hubo trabajo, entrenamiento, decisiones y tiempo. Sobre todo tiempo.
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Por eso conviene mirar más allá del resultado del sábado. Alex Luna es la gran figura, claro. Pero hoy Instituto no es Luna y 10 más. Marcos Ledesma acumuló dos vallas invictas consecutivas y consiguió que el equipo no extrañe a Manuel Roffo. Leonel Mosevich recuperó su mejor nivel y se transformó en un caudillo de la última línea. Fernando Alarcón, capitán y referente, deja todo y apareció con un gol determinante ante Lanús.
Giuliano Cerato y Diego Sosa vuelan por los costados. Gustavo Abregú y Matías Gallardo encontraron una sociedad que funciona. Y hasta la denominada "segunda fuerza", como llama el cuerpo técnico a los que ingresan desde el banco, empezó a aportar soluciones. No es casualidad.
Hay otra cuestión que no aparece en las estadísticas y que para cualquier entrenador es fundamental: el liderazgo.
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Alarcón es el capitán, pero no está solo. Hay otros futbolistas que acompañan, ordenan y empujan. Se nota en la cancha, en los partidos cerrados y cuando hay que sostener un resultado.
También se nota que el plantel cree en lo que hace.
Ahí está uno de los mayores méritos de Flores. Logró que Instituto volviera a competir sin sentirse menos que nadie. Y eso modifica la cabeza de un futbolista. Ya no sale pensando en cómo evitar perder. Sale pensando en cómo ganar.
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La diferencia parece mínima. En realidad, es enorme.
Después vendrán las derrotas, porque van a llegar. Instituto puede perder, empatar y tener partidos malos. Pero una mala tarde no debería borrar todo lo construido.
El desafío ahora es justamente ese: sostener.
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Hay motivos para ilusionarse, pero también para ser cautos. Una cosa es entusiasmarse y otra es creer que el trabajo ya está terminado.
Y acá aparece una palabra que en el fútbol argentino parece haber quedado en desuso: paciencia.
Juan Manuel Cavagliatto decidió apostar por Flores y lo bautizó "el constructor". Quizás ahora se empiece a entender por qué. No porque el equipo sea perfecto ni porque el entrenador tenga todas las respuestas, sino porque logró algo bastante más difícil: darle una identidad a un equipo que hacía pocos meses estaba perdido.
Porque en un fútbol donde todos quieren resultados para ayer, Instituto encontró algo que no se consigue en un mercado de pases: una idea que funciona.
Fuente: La Voz
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