Ganó Lula y será presidente de Brasil por cuarta vez
El actual mandatario renovará su gestión con el 51.75% de los votos frente al 48.25 de Bolsonaro.

En una jornada decisiva para el rumbo político y económico de la región, Luiz Inácio Lula da Silva se consagró ganador de la segunda vuelta electoral en Brasil al obtener el 51,75% de los votos válidos. Con este resultado, el mandatario superó al senador Flávio Bolsonaro, quien alcanzó el 48,25%, y aseguró su acceso a un cuarto mandato presidencial, garantizando la continuidad del ciclo político encabezado por el Partido de los Trabajadores (PT) desde hace más de dos décadas.
El triunfo electoral consolida la resiliencia política del líder sindicalista que gobernó el país entre 2003 y 2010, y que retornó al Palacio del Planalto en enero de 2023. La victoria representa, asimismo, un severo revés para el espacio político del expresidente Jair Bolsonaro, quien fue condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado tras la invasión a las sedes de los tres poderes en enero de 2023. Frente a la candidatura de Flávio Bolsonaro, el mandatario reelecto centró su discurso en la continuidad de la gestión, la protección social y la soberanía nacional, en un contexto donde la gobernabilidad y la evolución macroeconómica se perfilan como sus principales retos inmediatos.
La trayectoria del líder del PT se remonta a su nacimiento el 27 de octubre de 1945 en Caetés, Pernambuco, en el seno de una familia de 12 hermanos golpeada por la pobreza extrema. Tras migrar a São Paulo en la década de 1950, trabajó como tornero en el cordón industrial del ABC paulista, donde asumió la dirección del sindicato de metalúrgicos de São Bernardo. A fines de los años 70 cobró notoriedad por liderar históricas huelgas contra la dictadura militar (1964-1985), movimiento que derivó en la cofundación del PT en 1980. Luego de tres derrotas electorales consecutivas en 1989, 1994 y 1998, moduló su perfil hacia el centro para acceder por primera vez a la presidencia en 2002 bajo una plataforma de crecimiento e inclusión social.
Sus primeros gobiernos se beneficiaron de un superciclo internacional de materias primas que, sumado al despliegue del programa Bolsa Família, permitió sacar a millones de personas de la pobreza y culminar su gestión en 2010 con cerca del 80% de aprobación. No obstante, los años posteriores estuvieron marcados por complejas causas judiciales, como el esquema de sobornos del mensalão en 2005 y la causa Lava Jato sobre contratos irregulares en Petrobras. Estas investigaciones derivaron en la privación de su libertad durante 580 días entre abril de 2018 y noviembre de 2019, hasta que en 2021 el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas y restituyó sus derechos políticos.
El panorama económico con el que Lula da Silva encara este nuevo período presenta matices divergentes. Si bien su tercera administración logró reducir la inflación a su mínimo en siete años para el cierre de 2025, ubicar el desempleo en pisos históricos y desacelerar fuertemente la deforestación amazónica, durante 2026 la actividad mostró signos de enfriamiento. Reportes citados por JPMorgan dieron cuenta de una desaceleración del PBI hacia el segundo trimestre, acentuada por elevadas tasas de interés que encarecieron el crédito para empresas y hogares. Esta coyuntura desgastó la valoración popular de la gestión en la previa de los comicios, imponiendo al Ejecutivo el desafío de convertir la estabilidad macroeconómica en mejoras tangibles sobre el costo de vida.
En el plano internacional, el mandatario ha revalidado su vocación por el multilateralismo, el fortalecimiento del Sur Global y la presencia en el bloque de los BRICS, postura que incluyó pasajes controversiales como su asistencia en mayo de 2025 al desfile militar en Moscú junto a Vladimir Putin. La relación con Estados Unidos sumó tensión en julio de 2025, cuando la administración de Donald Trump aplicó aranceles del 50% a productos brasileños tras vincular la política comercial con el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, acusación rechazada por el Gobierno brasileño, que reaccionó estrechando lazos con China y promoviendo el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Meses más tarde, durante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2026, el gobernante reafirmó la autonomía de su país al aseverar que Brasil no aceptaría someterse a hegemonías externas.
A nivel regional, la gestión debe lidiar con un mapa político inclinado hacia la derecha. La relación bilateral con Argentina atraviesa uno de sus momentos más distantes desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023. El deterioro se profundizó en julio de 2026, cuando el presidente argentino calificó a su par brasileño de "ladrón y presidiario" en un evento electoral junto a Flávio Bolsonaro en São Paulo. Como respuesta, Brasil dispuso en agosto la rebaja de la representación diplomática en Buenos Aires al nivel de encargado de negocios, convirtiendo a la agenda con el país vecino en un frente prioritario dentro de la política exterior para los próximos años.
NA/Cronista/Redacción.
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Fuente: El Diario de la República
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