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Genética: las pruebas que atraviesa un agroquímico antes de que lo usemos

Cuando un producto nuevo llega a una finca, a un galpón de empaque o a la estantería de una agroquímica, detrás hay un expediente de miles de páginas y años de ensayos. Para aprobar una sustancia de este tipo no se pueden hacer ensayos en seres humanos.

Por Nora Gorla5 min de lectura
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Genética: las pruebas que atraviesa un agroquímico antes de que lo usemos
Genética: las pruebas que atraviesa un agroquímico antes de que lo usemos · Foto: Los Andes

Cuando un producto nuevo llega a una finca, a un galpón de empaque o a la estantería de una agroquímica, detrás hay un expediente de miles de páginas y años de ensayos. Para aprobar una sustancia de este tipo no se pueden hacer ensayos en seres humanos.

Riesgo controlado. Uso de plaguicidas en la producción frutihortícola, tarea que demanda cuidados extremos al realizarla.

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Los plaguicidas son sustancias naturales o sintéticas que se usan en la agricultura para controlar insectos, malezas y hongos que atacan a las plantaciones de frutales y verduras. Permiten producir más alimento, pero son tóxicos por definición: para eso se fabrican. De ellos habla esta nota. Los fertilizantes, que se usan para mejorar el rendimiento del suelo, tienen otro régimen de aprobación. El marco que describimos es el legislado por la Unión Europea, que funciona como referencia internacional. En la Argentina el registro de estos productos está a cargo del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), con un esquema de exigencias equivalente al marco europeo.

Los insecticidas, herbicidas, fungicidas que usamos en casa o en el trabajo han tenido muchos ensayos para definir si pueden ser tóxicos para nosotros. Para aprobar una sustancia de este tipo no se pueden hacer ensayos que consistan en darle el producto a seres humanos, tampoco a otros primates, como son los monos. Es una prohibición expresa, no una recomendación.

Precaución. La lectura de las etiquetas de los productos que usamos en casa es una práctica que debemos adquirir. Los insecticidas son tóxicos por definición.

Acá está la gran diferencia con un medicamento. Un remedio nuevo, después de pasar por animales, sí se prueba en personas voluntarias, en etapas controladas, porque el que lo va a recibir espera un beneficio a cambio del riesgo. Con un plaguicida no hay tal beneficio individual: nadie se expone a propósito. Por eso todo el peso de la seguridad recae en los ensayos previos. La segunda regla: es usar el menor número animales posible. La norma obliga a realizar primero ensayos con células animales mantenidas fuera del organismo (estudios "in vitro").

¿Adónde va la sustancia dentro del cuerpo? Se estudia el recorrido: por dónde entra, cuánto se absorbe, en qué órganos se acumula, en qué otra sustancia se transforma en el organismo y por dónde se elimina. Este dato es clave, porque muchas veces lo peligroso no es la sustancia original sino aquello en lo que se convierte adentro.

¿Qué pasa con una sola exposición? Es la toxicidad aguda, cuando una persona puede exponerse sin querer hacerlo a una cantidad importante de la sustancia, por accidente, salpicaduras, pulverizados. Se evalúan las tres vías por las que una persona se expone realmente: boca, piel y respiración, y se suman ensayos de irritación de la piel y de los ojos, de capacidad de provocar alergia, y de reacción anormal frente a la luz solar.

¿Y si la exposición se repite? Es la pregunta que más le importa a quien trabaja con el producto todos los días, y a quien vive cerca de las fumigaciones. Si los estudios "in vitro" lo indican, se hacen estudios de 28 y de 90 días con dosis repetidas, siempre en dos especies: un roedor, casi siempre la rata, y un no roedor, que es el perro, habitualmente de raza beagle. Se busca qué órganos se dañan y cuál es la dosis más alta a la que todavía no se observa ningún efecto adverso.

¿Puede dañar el material genético? Se evalúa en tres niveles: primero en células fuera del organismo o "in vitro", después en células del cuerpo de un animal vivo (es lo que llamamos estudios "in vivo") y, si hace falta, en las células que dan origen a los óvulos y espermatozoides, es decir aquellas cuyo daño podría transmitirse a la descendencia.

¿Puede causar cáncer? Acá el ensayo dura dos años, prácticamente toda la vida del animal, en ratas, y se suma un segundo estudio en ratones. Se registra qué tumores aparecen, en qué órgano, en qué sexo, a partir de qué dosis, y si ese mecanismo de acción tiene sentido en un ser humano.

Norma aceptada. Se usa el menor número de animales posible. Se hacen estudios en dos especies: un roedor (rata o ratón) y un "no roedor" (perro).

¿Afecta la fertilidad o el desarrollo de los hijos? Se estudian los efectos sobre la capacidad reproductiva de animales machos y hembras y sobre el desarrollo de las crías, antes y después del nacimiento, incluidas las malformaciones y las alteraciones en el funcionamiento de los órganos.

¿Afecta el sistema nervioso? Se exigen estudios cuando la sustancia se parece químicamente a otras que ya se sabe que son neurotóxicas. Cada tipo de agroquímicos tiene un riesgo de toxicidad diferente. Los insecticidas organofosforados, por ejemplo, clorpirifos, dimetoato, metamidofós, diazinón, son neurotóxicos.

¿Interfiere con las hormonas? Si hay indicios de que la sustancia altera el sistema hormonal, se piden estudios adicionales para entender por qué mecanismo lo hace y qué daño concreto produce. Algunos plaguicidas hacen algo más sutil: se parecen tanto a nuestras hormonas que el cuerpo los confunde con ellas, y así bloquean o alteran el funcionamiento de las hormonas naturales.

Antes de que una sustancia nueva se apruebe, la empresa que la presenta debe entregar cómo se reconoce una intoxicación con ella, qué tratamiento médico se indica, si existe un antídoto, qué primeros auxilios corresponde aplicar, incluido el caso de contacto con los ojos, y en cuánto tiempo aparecen los efectos según se haya tragado, respirado o tocado el producto. El expediente exige además informes de controles médicos de los trabajadores de la fábrica, de las personas expuestas durante o después de la aplicación: operarios, trabajadores de campo, vecinos, y accidentados.

Ninguna de las pruebas que se realizan y responden a estas preguntas vuelve inocuo a un plaguicida: lo vuelve conocido. Para evitar los riesgos que podemos tener por el uso de una sustancia que puede ser peligrosa, lo primero es leer y conocer toda la información que es provista en las etiquetas, antes de comprar y de abrir el producto.

(*) Nora Gorla es doctora en Ciencias Biológicas, Universidad de Buenos Aires (UBA). Es directora del Laboratorio de Genética, Ambiente y Reproducción (GenAR), Universidad Juan Agustín Maza, Mendoza—Conicet. La doctora Gorla fue seleccionada como "Editor's Choice" (Selección del Editor) por la prestigiosa revista científica internacional Genes), junto con sus colegas Daniela Ferré y Mariela Nieves.

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

Fuente: Los Andes

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