Golpe en la cabeza: cuándo un niño debe ir a la guardia y qué signos de alarma observar
La observación puede ser suficiente si la persona está orientada, no presenta signos neurológicos preocupantes y existe un adulto responsable que pueda vigilar en las horas posteriores.

Resumen para apurados
Los golpes en la cabeza son, probablemente, el susto número uno de cualquier padre o cuidador. La mayoría se quedan solo en "chichones", pero saber distinguir un golpe leve de una emergencia real es vital. Entrar en pánico suele ser la primera reacción por parte de quienes rodean al pequeño accidentado. No es fácil, pero es lo que hay que evitar. Lo primordial es calmar al niño y, si existe ese requerimiento, es un anticipo de que el hecho tiene mayores posibilidades de resolverse de manera positiva.
El llanto inmediato es una buena señal porque indica que no hubo pérdida de conciencia. A continuación, evitar un segundo impacto es prioritario por lo que hay que frenar la actividad que está haciendo el niño, si está practicando deporte, por ejemplo. Si hay sospecha de conmoción, retirar de la actividad y no permitir volver a jugar ese mismo día.
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Usar una compresa fría o hielo envuelto en un paño durante 15-20 minutos para reducir la inflamación es importante y limpiar, en caso de producirse una herida superficial, con agua y jabón neutro. El reposo no está prohibido, como muchos creen. Algunos confunden la necesidad de un reposo relativo con una conmoción. Hay que dejar que el niño descanse sin realizar actividades bruscas o deporte en las próximas 24 horas.
La emergencia es real cuando hay signos neurológicos preocupantes. ¿Cuáles son? Pérdida de conciencia, aunque sea por unos pocos segundos; vómitos repetidos, más de dos o tres veces tras el golpe; somnolencia excesiva, cuesta mucho despertar al niño o está inusualmente aletargado, la confusión o desorientación, cuando no reconoce personas, no sabe dónde está o arrastra las palabras al hablar. Las convulsiones o movimientos extraños y la salida de fluido por la nariz o los oídos se suman al listado, al igual que si una pupila se pone más grande que otra.
Si el niño parece estar bien después del golpe inicial hay que seguir la evolución hasta 48 horas después. Hay que vigilar el sueño, esto es despertar al pequeño cada tres o cuatro horas durante la primera noche para comprobar que reacciona con normalidad a los estímulos; si hay dolor, sólo usar paracetamol y evitar que sea inmediatamente después del golpe, ya que puede favorecer sangrados en casos muy específicos, a menos que el médico diga lo contrario.
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Saber de que manera se produjo el impacto, es clave, pero la mayoría de los episodios no tienen testigos. A veces importa más cómo cayó que el chichón en sí. Los cuidados deben elevarse si la caída fue desde una altura superior a un metro (en menores de 2 años) o 1,5 metros (en mayores de 2 años). También si se trató de un accidente de tráfico o un golpe con un objeto pesado en movimiento.
En adolescentes, también conviene anticipar que algunos síntomas se manifiestan al estudiar, usar pantallas o intentar entrenar, por lo que puede ser necesario ajustar temporalmente la carga escolar.
Fuente: La Gaceta
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