Granos: el maíz sostiene las ventas y el trigo enfrenta el desafío de la nueva cosecha
La mayor oferta estadounidense presiona sobre los precios del maíz, aunque el ritmo comercial argentino sigue por encima del promedio. La demanda de harina sostiene a la soja y las dificultades logísticas en el Mar Negro condicionan al trigo. El análisis de Dante Romano

La mayor oferta estadounidense presiona sobre los precios del maíz, aunque el ritmo comercial argentino sigue por encima del promedio. La demanda de harina sostiene a la soja y las dificultades logísticas en el Mar Negro condicionan al trigo. El análisis de Dante Romano
Ventas y embarques superan el promedio histórico, a pesar de la presión de la oferta estadounidense de maíz.
El maíz argentino mantiene un ritmo comercial superior al habitual, pese a la caída de los precios que provocó la mayor oferta proyectada en Estados Unidos. La programación de embarques alcanza los 2,1 millones de toneladas, frente a un promedio histórico de 1,3 millones para esta época, y los productores ya vendieron con precio fijado el 58% de la cosecha. En paralelo, la demanda internacional de harina sostiene al mercado de soja, mientras el trigo se aproxima a la cosecha con la atención puesta en las dificultades logísticas del Mar Negro y las necesidades de abastecimiento de Brasil.
El escenario combina señales contrapuestas. La revisión al alza de las existencias estadounidenses presiona sobre el maíz, pero la demanda y los problemas productivos en otras regiones podrían limitar nuevas bajas. En trigo, las restricciones a los embarques de Rusia y Ucrania favorecen las cotizaciones, aunque una eventual normalización podría coincidir con el ingreso de la nueva cosecha argentina.
El último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (Usda) sorprendió al elevar en 7,2 millones de toneladas las existencias finales de maíz estadounidense para la campaña 2026/27, hasta los 47 millones. El cálculo superó en 4,5 millones de toneladas las expectativas de los analistas y desencadenó una fuerte corrección bajista. El ajuste respondió a un mayor stock inicial y a una proyección de producción superior a la prevista. El organismo estimó una cosecha de 406,42 millones de toneladas, casi seis millones más que en su informe anterior, cuando el mercado esperaba una reducción de los rindes.
Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, consideró que hay factores capaces de poner un límite a esa presión. "La menor producción europea por la ola de calor, la ausencia de Ucrania y la firmeza de la demanda pueden encontrar pisos para las bajas", señaló.
En Argentina, la actividad comercial conserva su fortaleza. Además de la elevada programación de buques para cargar mercadería, se mantiene un ritmo sostenido de descarga, con unos 2.700 camiones semanales en promedio.
Las ventas de los productores también están adelantadas. El 58% del maíz vendido con precio fijado supera tanto el promedio histórico del 49% como el 42% registrado a esta altura del año pasado. Si se suma la mercadería comercializada a fijar precio, las compras alcanzan el 65% de la producción, frente al 59% habitual.
Sin embargo, la baja de las cotizaciones comenzó a moderar las operaciones. En la semana cerrada el 30 de septiembre se negociaron 750.000 toneladas, después de varias semanas consecutivas con volúmenes superiores al millón.
Mientras tanto, la siembra de la nueva campaña cubre el 29,9% de las 8,4 millones de hectáreas previstas. El avance semanal fue de 7,7 puntos porcentuales y se ubica cuatro puntos por delante del ciclo anterior. Las lluvias recientes mejoraron la disponibilidad de humedad en buena parte de la región agrícola. Aunque las bajas temperaturas mantienen atentos a los productores, por el momento no se reportaron problemas de emergencia en los lotes implantados.
En soja, la harina se consolida como el principal sostén de los precios. Las compras europeas y la búsqueda de existencias preventivas ante la posible entrada en vigor de nuevas exigencias ambientales impulsan la demanda. Las exportaciones semanales estadounidenses de este subproducto alcanzan 1,4 millones de toneladas, frente a las 162.000 toneladas de la semana previa y por encima del rango habitual de entre 500.000 y 800.000 toneladas.
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En Argentina, la programación de embarques de harina se ubica en 1,5 millones de toneladas. Aunque retrocedió respecto de los 1,7 millones registrados durante varias semanas, continúa por encima del nivel normal, cercano a 1,1 millones.
El interés por este subproducto permite a la industria sostener buenos márgenes de molienda, pero no implica necesariamente una mayor competencia por la soja disponible. "Las fábricas vienen moliendo con buen margen fruto del interés por harina, pero logran alimentarse bien con lo que compran localmente y las importaciones transitorias. Nada indica que vayan a salir a pagar sobreprecios", explicó Romano.
Los productores vendieron con precio fijado el 48% de la cosecha, prácticamente en línea con el promedio histórico del 49%, excluido el año pasado, cuando la eliminación temporal de los derechos de exportación aceleró las operaciones. Al incorporar la mercadería a fijar precio, las compras de la exportación y la industria llegan al 61%, frente al 63% habitual.
La trazabilidad también gana peso en las decisiones comerciales. Los compradores buscan mercadería con certificaciones que permitan acreditar el cumplimiento de exigencias ambientales. Entre ellas aparecen Visec, vinculada con los requerimientos de la normativa europea EUDR, y otras como 2BSVS y EPA. Contar con soja certificada se vuelve un elemento relevante para acceder a determinados mercados.
Para la oleaginosa, el informe del Usda también aportó una señal moderadamente bajista. El organismo elevó la producción estadounidense proyectada a 124,2 millones de toneladas y las existencias finales a 8,6 millones. A escala mundial, los stocks finales quedaron en 124,3 millones de toneladas, un millón por encima de lo que esperaba el mercado, detalla el informe de Agroperspectivas.
En trigo, la incertidumbre se concentra en el Mar Negro. Los ataques y las dificultades logísticas afectan los embarques de Rusia y Ucrania, que buscan redirigir sus exportaciones hacia otras vías, incluidos los puertos del Báltico y del Danubio.
El Usda redujo en tres millones de toneladas su proyección de exportaciones rusas para la campaña 2026/27, hasta los 40 millones, frente a los 48 millones del ciclo anterior. Sin embargo, la disponibilidad mundial de trigo y la posibilidad de utilizar rutas alternativas dejan abierta la pregunta sobre cuánto tiempo podrá sostenerse el impulso alcista. "Será clave que Rusia y Ucrania sigan limitadas en sus exportaciones para sostener estos precios", advirtió Romano.
En Argentina, el 64% de la superficie triguera presenta una condición entre buena y excelente. Las primeras estimaciones anticipan rindes superiores al promedio de las últimas cinco campañas en buena parte del país, aunque será difícil repetir la productividad excepcional del ciclo anterior.
El desafío comercial es considerable. Los productores todavía conservan alrededor de cinco millones de toneladas de la campaña pasada. Si la nueva cosecha alcanza los 21 millones proyectados, ambos volúmenes sumarían unos 26 millones de toneladas.
Las declaraciones juradas de ventas al exterior totalizan 17,1 millones de toneladas, por debajo de los 18 a 19 millones contemplados en los balances de oferta y demanda. La menor presencia rusa favorece las ventas argentinas, pero el volumen ya comprometido y las compras realizadas por los exportadores reducen su necesidad de competir agresivamente por mercadería.
Brasil ofrece una oportunidad adicional. Su producción se estima en 5,8 millones de toneladas, frente a los 7,9 millones del ciclo anterior, y podría necesitar importar 7,5 millones. Las lluvias complican la cosecha y afectan la calidad del grano, lo que podría aumentar sus requerimientos de abastecimiento.
Aun así, la cercanía de la cosecha argentina introduce un riesgo: la presión estacional de las ventas podría coincidir con una recuperación de los embarques desde el Mar Negro. La continuidad de las restricciones logísticas y la firmeza de la demanda externa serán, por lo tanto, claves para sostener las cotizaciones locales.
A ese panorama se suman los conflictos en Medio Oriente. Las novedades sobre el petróleo y las gestiones diplomáticas para reducir las tensiones generan movimientos en los mercados energéticos, mientras los ataques a buques, refinerías e instalaciones vinculadas al comercio de granos mantienen la incertidumbre.
Según el análisis de Romano, el mercado seguirá expuesto a la volatilidad. La evolución de los conflictos, la capacidad de reorientar los embarques y el comportamiento de la demanda marcarán el rumbo de los precios de los principales granos.
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Por Elbio Evangeliste
Fuente: La Capital
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