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Guarderías para perros: un negocio que crece al ritmo de una nueva forma de vincularse con las mascotas

Hay desde lugares con espacios especiales y videollamadas hasta pequeños cuidadores que reciben pocos perros en sus casas. Una demanda que que busca confianza y precio

Por Nicolás Maggi9 min de lectura
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Guarderías para perros: un negocio que crece al ritmo de una nueva forma de vincularse con las mascotas
Guarderías para perros: un negocio que crece al ritmo de una nueva forma de vincularse con las mascotas · Foto: La Capital

Hay desde lugares con espacios especiales y videollamadas hasta pequeños cuidadores que reciben pocos perros en sus casas. Una demanda que que busca confianza y precio

Por Nicolás Maggi

Hay establecimientos que funcionan con patios y espacios preparados. 

Viajar y dejar a los perros con un familiar, un vecino o ese amigo que todavía acepta favores de semejante calibre dejó de ser la única alternativa. En Rosario y su área metropolitana crece un pequeño mercado alrededor del cuidado temporal de mascotas: guarderías, hosterías caninas y particulares que reciben animales durante algunas horas, un fin de semana o varias semanas.

No existe un único modelo. Hay establecimientos que funcionan con patios y espacios preparados especialmente para recibir animales y otros que deliberadamente se parecen más a una casa que a una guardería. Hay quienes alojan numerosos perros y quienes limitan el cupo a tres, cuatro o cinco. Algunos incluyen paseos, traslados y seguimiento con fotos y videos. Otros construyeron su clientela casi exclusivamente a través de recomendaciones.

También varían los precios. Entre los establecimientos consultados para esta nota, las tarifas parten actualmente de los $20.000 por día y pueden llegar a los $35.000 diarios por perro en propuestas con servicios personalizados. En estadías largas o cuando hay más de una mascota, una familia puede terminar destinando varios cientos de miles de pesos al cuidado de sus animales durante unas vacaciones.

Detrás de esas cifras aparece un fenómeno menos visible: a medida que perros y gatos ocupan un lugar más central dentro de la vida familiar, también cambia aquello que sus dueños esperan de quien los cuida. Ya no alcanza necesariamente con darle comida, cambiarle el agua y sacarlo a pasear.

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La frontera entre una guardería formal y una persona que recibe mascotas en su propia casa puede ser bastante difusa. En Mi Segundo Hogar, en Mitre 489, Nora trabaja con apenas cuatro o cinco perros a la vez. Se especializa principalmente en animales pequeños y medianos y explica que mantener grupos reducidos le permite conocer sus rutinas y acompañarlos personalmente.

Actualmente cobra $20.000 por día y ofrece precios especiales cuando las estadías son prolongadas. "Trabajo en un ambiente familiar y, al ser pocos, puedo conocerlos y estar pendiente de cada uno", explica.

El servicio incluye supervisión durante toda la estadía, compañía, actividad y descanso intentando respetar las costumbres que el perro tiene en su casa. Antes del ingreso pregunta por alimentación, carácter, convivencia con otros animales, medicación y antecedentes de salud.

Además exige vacunas al día, desparasitación, tratamiento contra pulgas y que el animal llegue bañado. En algunos casos también propone una adaptación previa. "Para dejar a un perro al cuidado de otra persona tiene que existir confianza", plantea Nora.

Buena parte de sus nuevos clientes llega justamente recomendada por familias que ya utilizaron el servicio. Y muchos vuelven. "Tengo perros que vienen desde hace años. Con el tiempo sé cómo son, qué les gusta y cuáles son sus costumbres", cuenta.

Ese conocimiento acumulado termina siendo parte del propio servicio. Quien contrata una guardería no está comprando solamente un espacio físico donde dejar al animal: está delegando temporalmente una rutina afectiva.

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Los viajes siguen siendo uno de los principales motivos por los cuales se contratan estos servicios, aunque ya no son el único. Hay perros que permanecen algunas horas mientras sus dueños trabajan, otros que pasan un fin de semana completo y familias que recurren a una guardería durante mudanzas, reformas en la vivienda, compromisos laborales o situaciones particulares que les impiden hacerse cargo momentáneamente del animal.

En La Guardería de Pichincha, ubicada en avenida Francia 331, reciben mascotas por hora, por día y durante estadías prolongadas. El establecimiento, a cargo de Beatriz Kraus, trabaja sin jaulas ni caniles y exige carnet sanitario al día, desparasitación y, preferentemente, animales castrados. Las visitas se realizan con cita previa y también contemplan condiciones especiales cuando una familia deja más de una mascota o contrata períodos largos.

La variedad de situaciones explica por qué comenzó a aparecer una especie de economía cotidiana alrededor del cuidado animal. Nora asegura haber notado un fuerte crecimiento de la demanda. "Cambió la relación de las personas con sus mascotas. Hoy el perro es considerado un integrante más de la familia", dice.

Ese cambio modifica también las exigencias. Aparece la preocupación por la ansiedad de separación, la posibilidad de administrar medicamentos, las dietas particulares y hasta la forma en que duerme el animal.

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En el extremo más personalizado del mercado aparece Dogotel, una hostería canina ubicada en la zona de Albarellos, a 40 kilómetros de Rosario, que comenzó a funcionar en noviembre de 2025. Tiene unos 1.250 metros cuadrados de espacio, entre parque y sectores cubiertos, pero su capacidad habitual no supera los tres o cuatro perros.

No es una limitación de infraestructura sino una decisión comercial. "Lugar para recibir más perros tengo, pero nosotros nos enfocamos mucho en la contención emocional", explica uno de sus propietarios, Marino Antonio Cesarino.

La idea, cuenta, es disponer del tiempo suficiente para jugar con los animales, pasearlos, acompañarlos y atravesar junto a ellos las primeras horas de adaptación. "Un perro sale de su casa, llega a un lugar desconocido y sus dueños no están. Puede sentir miedo o abandono. Tratamos de que esa sensación dure lo menos posible y que rápidamente se integre con los demás huéspedes", describe.

La estadía cuesta actualmente $35.000 por día y, a diferencia de otras propuestas, no ofrece descuentos por permanencias largas. El número reducido de huéspedes forma parte del modelo económico: alojar menos animales permite ofrecer mayor dedicación individual, pero deja también menos margen para bajar la tarifa.

Dogotel no utiliza jaulas ni caniles. Los perros circulan por la propiedad y conviven con los propietarios y sus dos mascotas. "Si un perro está acostumbrado a dormir en la cama, duerme con nosotros. No tenemos intención de cambiarle la vida durante esos días", resume Cesarino.

El servicio puede incluir traslado puerta a puerta, para clientes de Rosario y localidades cercanas cuando la estadía supera los cinco días, además de dos paseos diarios, fotos, videos y videollamadas.

Incluso proyectan instalar cámaras para que los dueños puedan observar determinados sectores desde sus celulares. La lógica detrás de esos servicios tiene menos que ver con vigilar al animal que con tranquilizar a quien está lejos.

"Cuando dejo a mis perros los extraño muchísimo. Entonces trato de hacer lo que me gustaría que hicieran conmigo: desde el primer momento mando videos para mostrar cómo come, cómo duerme, cómo juega y cómo se integra", explica.

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La convivencia también impone límites. Las guarderías consultadas coinciden en exigir vacunas, desparasitación y protección contra pulgas, pero las condiciones cambian según cada establecimiento.

Dogotel, por ejemplo, sólo acepta perros capaces de convivir pacíficamente con otros animales. Como no cuenta con espacios de aislamiento permanente, un animal con conductas agresivas puede ser rechazado.

Con los perros sin castrar realizan una evaluación particular. Al trabajar con grupos pequeños pueden aceptar algunos animales no esterilizados, siempre que su comportamiento y la conformación del grupo lo permitan.

La adaptación previa tampoco es una regla universal. Algunos dueños dejan al animal durante un fin de semana antes de contratar una estadía extensa. Otros llegan directamente para permanecer 15 o 30 días.

En Mi Segundo Hogar también se evalúa caso por caso. Ese período funciona tanto para observar al animal como para tranquilizar a su dueño.

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La respuesta ante una emergencia es otro de los puntos centrales al elegir dónde dejar una mascota. En Dogotel piden a cada familia los datos de su veterinario habitual. Si detectan un problema que no requiere atención inmediata, intentan consultar al profesional que ya conoce la historia clínica del perro.

Ante una urgencia, en cambio, la prioridad es trasladarlo al centro veterinario de atención permanente más cercano. El número reducido de animales, asegura Cesarino, también facilita detectar rápidamente cambios en el comportamiento, la alimentación o incluso las deposiciones.

La administración de medicamentos y dietas especiales aparece también dentro de los servicios de algunos cuidadores particulares. En ese sentido, la sofisticación del mercado no necesariamente pasa por sumar instalaciones. Muchas veces consiste en ofrecer una vigilancia mucho más individualizada.

Temporada alta

El calendario de las guarderías empieza a parecerse cada vez más al de cualquier alojamiento turístico. Diciembre, enero y febrero concentran buena parte de las consultas y quienes ya conocen el lugar suelen reservar con anticipación.

Dogotel, que sólo cuenta con tres plazas habituales, ya recibe consultas para febrero y marzo. Sus clientes frecuentes conocen esa limitación y programan la estadía en cuanto tienen definido su viaje.

La mayoría de las reservas corresponde a vacaciones, aunque también aparecen viajes laborales, mudanzas y necesidades puntuales. Según Cesarino, entre sus clientes predominan mujeres de entre 30 y 65 años.

En el segmento más informal ocurre algo parecido: la recomendación y la recurrencia generan pequeñas comunidades alrededor de cada cuidador. El resultado es un negocio que funciona menos como un hotel tradicional y más como una red de confianza.

La expansión de estos servicios no significa que una guardería sea siempre la mejor alternativa. Cesarino plantea una paradoja llamativa para alguien que vive justamente de recibir perros. "Si hay una persona de confianza que puede quedarse en tu casa, para mí siempre es mejor que el perro permanezca en su propio ambiente", sostiene.

El problema aparece cuando la única opción es que alguien pase dos o tres veces por día para alimentarlo y sacarlo unos minutos. En una estadía prolongada, eso puede significar muchas horas de soledad. Ahí las guarderías encuentran su espacio.

Entre dejar las llaves a un conocido y contratar un hotel canino con parque, videollamadas y traslado a domicilio apareció un abanico cada vez más amplio de alternativas. Y también una nueva pregunta económica.

¿Cuánto está dispuesto a pagar alguien para saber que su perro no solamente tiene comida, agua y un lugar donde dormir, sino que está acompañado? En Rosario, la respuesta puede empezar en $20.000 por día y subir bastante más.

Pero quienes trabajan en el sector insisten en que el verdadero capital del negocio no está en los metros cuadrados de parque ni en la cantidad de servicios incluidos. Está en conseguir que alguien entregue la correa, se vaya de vacaciones y pueda dejar de mirar el teléfono pensando qué estará haciendo su perro.

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Fuente: La Capital

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