Guillermo Paterson, pionero de Medicina Tropical en NOA
Eligió a Jujuy como su hogar definitivo, dejando una huella imborrable que sigue inspirando a las nuevas generaciones.

El norte argentino de fines del siglo XIX era un escenario hostil marcado por devastadoras endemias y la precariedad sanitaria de sus trabajadores. En ese contexto, la llegada del Dr. Guillermo Cleland Paterson marcó un antes y un después en la ciencia médica del país.
Con una formación de excelencia y un compromiso humanitario inquebrantable, este médico británico no solo transformó las condiciones de vida en el ramal jujeño, sino que sentó las bases de la patología regional con recursos mínimos.
Esta crónica rescata la gesta de un pionero polifacético -médico, explorador y funcionario- cuya huella sigue viva en la historia y en el sistema de salud de nuestra provincia.
Paterson nació en Inglaterra el 23 de marzo de 1871. Tras graduarse como médico en Escocia, su destino lo vinculó definitivamente con la provincia de Jujuy. En mayo de 1894, con apenas 23 años de edad y con una brillante triple titulación como médico cirujano, farmacéutico y obstetra, fue atraído por la convocatoria de los hermanos Leach, propietarios del Ingenio La Esperanza, quienes lo contrataron al llegar al país.
Paterson logró el fin perseguido al buscar un paliativo para la salud de los obreros, entendiendo que el bienestar sanitario era indispensable para el desarrollo de la actividad azucarera. Su arribo a la región fue una auténtica odisea: tras bajarse del tren en la localidad de Pampa Blanca, y ante la total inexistencia de caminos transitables, debió cabalgar más de diez horas para alcanzar San Pedro de Jujuy.
Asumió el desafío de inmediato y estableció lazos con la sociedad de ese entonces, trabajando con un reducido pero abnegado grupo de enfermeros empíricos que lo hacían "de corazón". Sin descanso, el joven médico atendía por igual a los dueños del ingenio y a las comunidades indígenas marginadas, ganándose el afecto de todos y el título con el que la historia lo consagrará en territorio americano: el padre de la patología regional argentina. Durante más de una década, y se convirtió en el único profesional médico para los departamentos de San Pedro, Ledesma, Santa Bárbara y el Valle de San Francisco.
El panorama que encontró al llegar fue crítico. La población sufría devastadoras endemias regionales, agravadas por la falta de hábitos higiénicos básicos, el hacinamiento y el severo consumo de alcohol entre los peones. Centrado en revertir esta situación, trabajó hasta lograr la creación del hospital de Beneficencia "La Esperanza", un nosocomio contemporáneo al hospital del Milagro en Salta.
Con el tiempo, impulsó también la implementación de otro centro de salud en San Pedro de Jujuy, el cual hoy, en memoria y reconocimiento a su labor, lleva su nombre: hospital "Dr Guillermo Paterson".
Gracias a su gestión y con el apoyo del Ingenio La Esperanza, logró introducir el "primer aparato de rayos X" en la región, tal como relata el Diccionario General de Jujuy, el galeno llevó a cabo una proeza científica con recursos mínimos. Equipado únicamente con un microscopio elemental iluminado por un mechero de aceite, trabajó en la soledad de su laboratorio para descubrir que el mosquito "Anopheles pseudopunctipennis" siendo el vector responsable de propagar el paludismo en la zona. Paterson aisló las especies del parásito y determinó que sus larvas se desarrollaban en aguas limpias y corrientes, asociadas a un alga conocida como "verdín". Sus extenuantes investigaciones cotidianas sobre el "paludismo, la leishmaniasis y el mal de Chagas" se tradujeron en más de veinte trabajos científicos publicados, obras pioneras que marcaron el nacimiento de la medicina tropical en el país.
Debido a su prestigio, el presidente del Departamento Nacional de Higiene, el doctor Carlos. G Malbran deslumbrado por el material excepcional y las investigaciones sobre paludismo de Paterson viajó en un tren al Ingenio La Esperanza designado delegado honorario de la entidad otorgándole la responsabilidad de la defensa antipalúdica de San Pedro y Ledesma.
En diciembre de 1899, los hermanos Leach (particularmente Walter y Stephen) lo convocaron para una aventura de alto riesgo: sumarse como médico de a bordo en la Expedición Leach. El objetivo era demostrar la navegabilidad del río Bermejo para abrir una ruta fluvial directa y económica hacia el litoral y el océano Atlántico, evitando los costosos fletes ferroviarios de la producción azucarera y maderera. Para la travesía se construyó el "Jujuy", un pequeño barco de vapor con rueda de popa y diseño de calado poco profundo, ideal para esquivar los constantes bancos de arena y los troncos sumergidos del "río salvaje". Iniciado el viaje en el curso superior, la tripulación navegó con éxito más de mil kilómetros hasta alcanzar el río Paraguay, continuando luego por el Paraná hasta arribar a la Ciudad de Buenos Aires a principios de 1900. Aunque la inestabilidad del cauce y la posterior consolidación del ferrocarril hicieron que el proyecto comercial regular fuera descartado, el viaje tuvo un valor incalculable. Permitió trazar una cartografía que consolidó el control territorial del norte argentino, realizar el estudio de la flora y la fauna del Gran Chaco, y registrar las costumbres de las tribus nativas ribereñas. Sin duda, esta experiencia significó para Paterson un contacto directo con la geografía médica de la región, enriqueciendo sus estudios sobre enfermedades tropicales.
Pero el esfuerzo de este reconocido médico y su espíritu inquieto no se detuvo en los límites de los hospitales locales. En 1910 fue uno de los responsables del Consejo de Higiene de Jujuy y al año siguiente se trasladó a Tucumán para realizar investigaciones en anatomía patológica. Allí fundó, junto a Miguel Lillo y al doctor Benigno Vallejos, los "Anales del Consejo de Higiene de Tucumán".
Además, en 1914 se convirtió en "cofundador de la Universidad Nacional de Tucumán" donde dictó la clase inaugural como profesor de Bacteriología.
Años más tarde incursionó en la gestión pública. En 1926 asumió como presidente del Concejo Deliberante de San Pedro de Jujuy, ejerciendo también como intendente municipal entre fines de ese año y principios de 1927. A pesar de la brevedad de su mandato, logró dos hitos clave: saneamiento comercial y orden financiero. Remodeló y amplió el mercado público de San Pedro, dotándolo de estrictas condiciones higiénico-sanitarias para frenar las infecciones transmitidas por alimentos. Regularizó administrativamente las deterioradas finanzas de la comuna en solo semanas de gestión.
Su intensa vida como médico, científico y funcionario jamás apagó su sensibilidad artística. Músico talentoso desde la infancia, Paterson dominaba con maestría el violín, la guitarra y el armonio, demostrando que la ciencia y el arte conviven en perfecta armonía en uno de los hombres más ilustres del norte argentino.
El legado del Dr. Guillermo Cleland Paterson trasciende el tiempo y las fronteras de la medicina. Su figura representa el modelo del médico humanista: aquel que no solo investiga en la soledad del laboratorio, sino que camina el territorio, gestiona en la función pública y se entrega al bienestar de su comunidad. A más de un siglo de sus hazañas científicas y sociales, el norte argentino mantiene una deuda de gratitud con este pionero británico que eligió a Jujuy como su hogar definitivo, dejando una huella imborrable que hoy sigue inspirando a las nuevas generaciones de profesionales de la salud. Sin duda es importante reconozca sus trabajos que dieron tanto por el país. (Autoría Fernando Zurueta).
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Fuente: El Tribuno de Jujuy
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