Hace cuatro décadas Rossana de Los Ríos se convertía en la primera mamá de cuatrillizos sanjuaninos, y hoy cuenta la (feliz) historia
Esperó varios años hasta que la denominada fertilización asistida, le permitió tener cuatro hijos que actualmente tienen 39 años. Pura felicidad, mucho lavado de pañales, mamaderas todo el día y una primera salida a los casi cinco años para cumplirle la promesa a la Virgen del Va…

El deseo de Rossana de los Ríos de ser mamá era enorme. Hizo todo lo posible hasta que gracias a un tratamiento de fertilización asistida le permitió quedar embarazada. No de uno, ni de dos bebés, sino de cuatro, como lo indicó la ecografía a los casi cinco meses de gestación. Nada sencillo transitar el embarazo, pero la verdadera odisea comenzaría el 2 de diciembre de 1986 cuando nacieron y debieron permanecer en incubadoras hasta alcanzar el peso. Así se convirtieron en los primeros cuatrillizos "nacidos vivos de la provincia". Ni hablar del momento en que llegaron paulatinamente a casa y todo se cuadruplicó: lavado de pañales, baños, cuidados, alimentación y ni hablar si lloraban al mismo tiempo. Ahí comenzaba un camino que hoy tanto Rossana como su esposo Luis Barbarán describen como "la mayor felicidad y bendición" de sus vidas.
La llegada de Matías, Maximiliano, Mauricio y Melina marcó un hito en la medicina local. Entre tratamientos pioneros de fertilización, incubadoras compartidas y un esfuerzo cotidiano sin descanso, esta es la historia de una familia sanjuanina y, sobre todo de una mamá, que transformó la incertidumbre en una victoria de vida.
A mediados de la década de 1980, hablar de fertilización asistida en San Juan era adentrarse en un terreno incipiente. Rossana, osada si las hay, con apenas 24 años, inició una búsqueda médica que se extendería durante unos intensos años de tratamientos. Tras probar con diversos estimulantes ováricos, la clave llegó en una clínica privada de la mano de la doctora Chiappero y el doctor Coria, un profesional recién llegado de Estados Unidos con técnicas de vanguardia.
A través de un esquema con inyecciones de Pergonal -aplicando 12 dosis el primer mes y 16 el segundo-, el embarazo finalmente se concretó unos años después. Sin embargo, la mayor sorpresa aún estaba por revelarse, aunque en la familia de Rossana existía el antecedente de su madre melliza, nadie anticipó un embarazo múltiple de tal magnitud.
En una época donde la tecnología ecográfica mostraba imágenes rudimentarias y apenas detectaba "manchones" oscuros, que sólo los médicos podían descifrar, le informaron inicialmente que esperaba dos bebés. Hacia el cuarto mes apareció un tercer latido, y poco antes del quinto se confirmó la presencia del cuarto. Cuenta Rossana con mucho humor que le dijo a su marido: "Luis, se te pasó la mano".
El nacimiento de los tres varones y la nena se produjo el 2 de diciembre de 1986 en la clínica de cirugía plástica del doctor Mira Blanco. Fue el primer nacimiento de cuatrillizos vivos en la historia de la provincia, desencadenando una emoción pública y una cobertura periodística que Rossana no quería ni buscaba, pero era imposible guardar el secreto.
Si bien ella pretendía que no trascendiera, los chicos nacieron con pesos bajos pero con un enorme deseo de vivir. Matías peso 1,700; Maximiliano, 1,500; Mauricio, 1,300 igual que Melina. No hay más que imaginar lo que debía ser esa panza del amor multiplicado.
Ante la complejidad del cuadro, la infraestructura de neonatología del sistema de salud sanjuanino se puso a prueba y los recién nacidos fueron derivados al Hospital Rawson por recomendación médica por contar con tecnología adecuada para la ocasión. De todos modos, el nosocomio no disponía de la cantidad suficiente de incubadoras para un parto múltiple de este tipo, la obra social debió alquilar de urgencia dos unidades adicionales en un instituto especializado ubicado en la esquina de 25 de Mayo y Rioja. Así los bebes fueron colocados de a dos por incubadora, colocados de espalda contra espalda.
La noticia conmovió a toda la comunidad sanjuanina, que se volcó espontáneamente a colaborar. Rossana no pudo amamantar a los recién nacidos debido a la falta de estímulo temprano por la internación en neonatología, y el hospital habilitó una red de donaciones de leche materna donde mujeres lactantes aportaban voluntariamente para alimentar a los cuatro hermanos.
El período de internación estuvo lleno de momentos críticos. Mientras el bebé de mayor peso logró superar los días en incubadora, la pequeña Melina sufrió a los 15 días de vida una severa infección intestinal que puso su vida en riesgo. Debido a la estrechez de sus venas, el equipo médico debió realizarle una delicada intervención para suministrarle la antibioterapia que finalmente le salvó la vida. Se recuperó tan bien que fue la primera en caminar.
Rossana puso todo de sí, tanto que llevó jabón especial y otros elementos al hospital para que los mismos profesionales médicos, enfermeras y ellos mismos como papás, pudieran desinfectar sus manos antes de entrar. Así los chicos fueron dados de alta gradualmente a medida que alcanzaban los 2 kilogramos de peso. Matías fue el primero en llegar al hogar el 2 de enero de 1987, seguido días después por Maximiliano, Mauricio y finalmente Melina.
"Van a tener 40 años en diciembre y se han criado totalmente sin problemas. No han tenido inconvenientes de vista, de nada. Hay muchos niños que tienen dificultades en los riñones porque faltó gestación, y ellos nada. Dios me ha premiado y le agradezco todos los días", dice Rossana emocionada.
El regreso a casa exigió un esfuerzo titánico por parte de la familia. Apenas 24 horas después de la llegada del primer bebé, Luis, el padre, debió ausentarse durante un mes por razones laborales en la cordillera, dejando a Rossana a cargo de la crianza junto al indispensable sostén de los abuelos. Sin empleada doméstica ni ayuda externa, la rutina diaria se convirtió en una maratón ininterrumpida.
"Lavaba a mano entre 40 y 50 pañales de tela por día, con sus respectivos chiripás y bombachas de goma, ya que los pañales descartables eran un lujo inaccesible en ese momento", recuerda Rossana.
Ni hablar de la alimentación. Los bebés requerían mamaderas de leche maternizada exactamente cada 4 horas por su condición de prematuros. Un tarro de leche duraba apenas 48 horas o un poco más.
De dormir ni hablar. Para lograrlo hacían guardias nocturnas, tanto que a las 4 de la mañana, la abuela materna se levantaba para ayudar a Rossana a alimentar a dos bebés simultáneamente mientras los otros dos esperaban su turno.
Rosana no realizó salidas sociales con los cuatro niños hasta que cumplieron casi los 5 años, cuando la familia viajó a Catamarca para cumplir una promesa a la Virgen del Valle. Todo era un esfuerzo multiplicado por cuatro.
"No salíamos a ningún lado, salvo al médico, la familia iba casa porque era muy complicado hacerlo. Imaginate que sólo armar la ropa demandaba un montón de tiempo y ni hablar de prepararlos", dice la mamá.
A pesar del agotamiento, Rosana no postergó sus metas personales ni el futuro de su hogar. En pleno enero sanjuanino, apenas habían nacido los chicos, contrató un instructor para aprender a manejar en las siestas entre cada tanda de mamaderas. De otro modo si necesitaba trasladar a sus hijos al médico o alguna urgencia podría hacerlo por sí misma. Eso no fue todo, ya que al año siguiente del nacimiento de los cuatrillizos, realizó la residencia pedagógica para recir el título de Maestra de Enseñanza Primaria. "Pude hacerlo gracias al apoyo de mi esposo y mi madre, quienes se alternaban para cuidar a los pequeños. Logré el objetivo pero no puede trabajar para cuidarlos", cuenta.
La resiliencia familiar volvió a ponerse a prueba a los 5 años de los cuatrillizos, cuando uno de ellos padeció la enfermedad de Legg-Calvé-Perthes (una necrosis avascular en la cabeza del fémur desencadenada tras un cuadro de varicela). Mediante la solidaridad de conocidos que le prestaron un aparato ortopédico traído del exterior, el niño realizó un tratamiento de un año y medio hasta recuperarse por completo sin ningún tipo de consecuencias. Así la vida le seguía premiando el esfuerzo.
Muy cerca de los 40
A punto de cumplir 40 años en diciembre, Matías, Maximiliano, Mauricio y Melina son adultos profesionales y sanos que crecieron sin secuelas de la prematuridad. La familia se ha expandido con la llegada de nietos que continúan la historia iniciada cuatro décadas.
Lo que en 1986 comenzó como un caso médico extraordinario en San Juan concluyó consolidándose como el testimonio de una madre y un padre sanjuaninos que, a fuerza de trabajo, convicción y solidaridad, transformaron una maternidad múltiple en un verdadero acto de amor.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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