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"Hay chicos que no adquirieron la habilidad de mirar a los ojos"

Un psicólogo advirtió que el uso excesivo de redes sociales afecta las habilidades sociales y la salud mental de los adolescentes.

Por Viviana Bonada4 min de lectura
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“Hay chicos que no adquirieron la habilidad de mirar a los ojos”
“Hay chicos que no adquirieron la habilidad de mirar a los ojos” · Foto: Primera Edición

El impacto de la virtualidad en la adolescencia genera una creciente preocupación sobre la salud mental y, en este marco, un experto sostuvo que "hay chicos que no adquirieron la habilidad humana de mirar a los ojos", incluso en situaciones básicas.

Según el reciente informe "Kids Online Argentina 2025" de UNICEF y UNESCO, el 46% de los chicos de entre 9 y 17 años tuvo algún problema relacionado con el uso de internet, celulares o videojuegos.

En diálogo con Noticias Argentinas, el licenciado en psicología Alexis Alderete, especialista en Trastornos de Ansiedad y Entrenamiento en Habilidades, advirtió que el mundo digital se impuso de una forma para la cual la evolución humana aún no tiene respuesta: "El cerebro hoy no está preparado a nivel de desarrollo evolutivo para manejar la cantidad de información que tiene el mundo digital".

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Para el especialista, la problemática no radica solo en el tiempo de conexión, sino en cómo ésta interfiere en la vida cotidiana, afectando desde el rendimiento escolar hasta la capacidad de interactuar cara a cara. "Se ve muchísimo hoy chicos que no adquirieron las habilidades humanas de mirar a los ojos o prestar atención", señaló Alderete, quien remarcó que para muchos jóvenes, situaciones simples como "pedir una hamburguesa fuera de una aplicación les genera muchísima ansiedad porque su sistema nervioso no está preparado para eso".

Para Alderete, "el uso problemático viene cuando interfiere en la vida cotidiana; por ejemplo, cuando un chico no puede estudiar o cuando se le dificultan las relaciones sociales. Aparecen el bullying digital, el enojo por los malos comentarios y el chico se vuelve víctima de un abuso. Esto trae consecuencias en la vida interna: ansiedad, miedo de expresar y miedo a volver a comunicarse de una manera segura dentro de ese entorno".

"Hoy vemos un desborde emocional: chicos que pasan de una frustración a cortarse, al exceso de comida o al consumo problemático de redes porque no encuentran un límite en su entorno", describió.

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La primera señal de alerta que deben observar las familias es un eventual cambio de conducta, entre ellos "cuando el chico ya no quiere ir al colegio, empieza con cambios físicos como taquicardia o ataques de pánico, o tiene síntomas como fiebre antes de ir a cursar. También cuando deja de habitar sus propios hobbies o tiene cambios en la alimentación y el sueño. Todo cambio de hábito debe ser un llamado de atención para el padre".

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Respecto a los errores más comunes a la hora de tratar de evitar o mitigar este fenómeno, "tienen que ver con la mala comunicación: cuando uno le retira el celular (al menor) de manera inmediata, aparece la explosión conductual y emocional. Vemos cada vez más adolescentes que rompen cosas, el televisor, e incluso amenazan a sus padres porque les quitaron el dispositivo. La forma correcta es la comunicación del uso responsable con horarios determinados. Hay que evitar que el niño se vuelva adicto para que no le genere problemas en su vida escolar o insomnio".

Alderete explicó que "los adolescentes creen falsamente que van a encontrar su verdadera identidad en el entorno digital. Hay que entender que cada like, cada buen comentario o cada reposteo es una liberación de dopamina al cerebro. Esto genera una falsa esperanza y una falsa imagen. Hoy parece que tener una red social o mostrarse de una determinada manera hace al valor real que percibe el adolescente".

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Para el experto, uno de los factores más peligrosos del entorno virtual es la alteración de la empatía. A diferencia de lo que ocurre en un aula o en un club, el agresor digital no tiene ante sí la reacción inmediata de su víctima, lo que anula los mecanismos naturales de freno social. "Cuando no veo las consecuencias de mi acto, elevo cada vez más mi agresividad y me siento cada vez más libre", advirtió.

"En el ámbito digital no hay un cara a cara y no se ven las consecuencias de lo que se genera en el otro. Está probado que cuando no veo las consecuencias de mi acto, voy elevando cada vez más mi agresividad. El anonimato y el hecho de que un primer comentario no tenga consecuencias hace que la situación escale. Los chicos siguen a 'falsos líderes' que marcan retos peligrosos y lo hacen sin medir si es correcto", alertó también.

Esta dinámica genera una espiral de violencia donde el primer ataque, al no recibir una sanción o una respuesta física que lo detenga, se convierte en el puntapié para agresiones mayores: "El anonimato y la capacidad de que mi primer comentario no tuvo consecuencias hace que la situación escale cada vez más".

Fuente: Primera Edición

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