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Heladas, plagas y lluvias intensas: el agro misionero enfrenta un escenario climático complejo

Heladas tardías afectaron yerba y té en Misiones y podrían favorecer plagas, mientras El Niño anticipa una primavera con lluvias superiores a lo normal

Por Gabriela Loreiro10 min de lectura
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Heladas, plagas y lluvias intensas: el agro misionero enfrenta un escenario climático complejo
Heladas, plagas y lluvias intensas: el agro misionero enfrenta un escenario climático complejo · Foto: Primera Edición

El agro misionero ingresó en una transición climática particularmente delicada. Mientras las previsiones vienen advirtiendo desde hace meses sobre una primavera dominada por El Niño y precipitaciones superiores a los promedios históricos, las últimas heladas sorprendieron a numerosos cultivos cuando ya habían comenzado a brotar, abriendo un escenario en el que el daño del frío podría prolongarse durante las próximas semanas a través de plagas, retrasos de cosecha y mayores costos para productores que llegan a esta etapa con escaso margen financiero.

El episodio se produce, además, cuando las primeras señales del nuevo patrón climático ya comenzaron a sentirse.  Agosto cerró en Posadas con 158,7 milímetros acumulados, un 82% por encima del promedio, según datos de la OPAD publicados recientemente por PRIMERA EDICIÓN, mientras que las proyecciones para la primavera mantienen una marcada señal hacia condiciones húmedas en Misiones y buena parte del Litoral.

En ese contexto, el productor agropecuario Cristian Klingbeil explicó a FM 89.3 Santa María de las Misiones que el problema inmediato no se limita a las hojas o brotes que pudieron quedar visiblemente quemados por la helada. Los días cálidos previos habían estimulado la brotación de numerosas plantas y la posterior irrupción del frío las encontró en uno de sus momentos de mayor vulnerabilidad.

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Según describió, aquello que la helada no quemó directamente puede quedar sometido a un fuerte estrés, debilitando la planta y favoreciendo posteriormente la aparición de rulo de la yerba (plaga causada por el Gyropsylla spegazziniana) y ácaro colorado en el té (Olygonychus yothersi,la plaga más destructiva de estecultivo). Por eso, anticipó que algunos de los efectos más importantes recién podrían comenzar a observarse dentro de un par de semanas.

Por su parte, el agrometeorólogo José Olinuck coincidió en que se trató de heladas tardías y explicó que su capacidad de daño está íntimamente relacionada con el momento vegetativo. Las plantas pequeñas que están germinando, floreciendo o iniciando la brotación atraviesan precisamente la etapa de mayor sensibilidad de todo su desarrollo, por lo que una irrupción de frío a esta altura del calendario puede generar consecuencias mayores que una helada ocurrida durante el período normal de invierno.

Aunque la intensidad de las heladas varió según cada zona, Klingbeil consideró que el frío fue suficientemente generalizado como para que buena parte de la provincia sienta algún efecto. A esa condición climática sumó un factor económico que, según remarcó, incrementa la vulnerabilidad de las plantaciones.

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Los bajos precios que vienen recibiendo productos como la yerba mate provocaron -explicó- una fuerte reducción de las tareas de fertilización y manejo. Como consecuencia, numerosos lotes llegan a esta primavera debilitados y con menores posibilidades de responder frente a ataques de plagas. Por eso, aun cuando todavía resulte prematuro establecer una pérdida definitiva de producción, el productor consideró seguro que habrá impacto.

En los yerbales, la primera brotación aparece como la más comprometida. Klingbeil recordó que normalmente existen tres brotaciones durante el ciclo y estimó que, si el rulo se desarrolla con intensidad, podría comprometerse hasta alrededor de un 30% de la brotación total.

Sin embargo, pidió no trasladar automáticamente ese porcentaje a una pérdida final de cosecha. Si posteriormente el verano presenta buenas condiciones, las brotaciones siguientes podrían compensar parte del daño inicial. Por eso, una evaluación definitiva recién podrá realizarse hacia marzo, abril o incluso mayo, dependiendo de cuánto se extienda la temporada cálida.

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En las plantaciones de té, la consecuencia de la helada resulta incluso más compleja porque un daño uniforme puede llegar a ser menos problemático que uno parcial.

Klingbeil explicó que, si la helada quema de manera pareja toda la brotación, la planta puede reiniciar posteriormente su desarrollo también de forma uniforme, facilitando la primera cosecha. El verdadero inconveniente aparece cuando el frío afecta el lote por manchas: algunos brotes sobreviven, otros quedan dañados y las plantas terminan creciendo a ritmos diferentes. Eso genera una primera brotación irregular y puede trasladar el problema también a la segunda cosecha, con sectores de brotes muy desarrollados y otros todavía pequeños, lo que dificulta determinar el momento adecuado para ingresar a cosechar.

Ante una afectación irregular, el productor sostuvo que, si estuviera actualmente trabajando un lote tealero en esas condiciones, evaluaría volver a pasar la podadora, eliminar la brotación afectada y buscar que el siguiente crecimiento se produzca de manera más pareja.

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El costo inmediato de esa decisión es tiempo. Calculó que una plantación que venía desarrollándose normalmente podría demorar aproximadamente 30 días adicionales antes de estar en condiciones de cosecha. Así, aquellos lotes que podían comenzar a entregar brotes dentro de 20 o 25 días podrían tener que esperar otro mes.

En términos económicos, ese retraso llega en un momento especialmente sensible. Klingbeil describió que muchos productores tienen sus cuentas "al rojo vivo", por lo que incluso extender una semana el período sin ingresos representa una dificultad; hacerlo durante varias semanas puede agravar todavía más la situación financiera de las chacras.

Sin embargo, introdujo una paradoja. En el sector industrial existe, según señaló, una fuerte expectativa de que El Niño genere lluvias abundantes, una gran brotación y, consecuentemente, una elevada oferta de té. Esa perspectiva podría estar incidiendo en las negociaciones y expectativas de precio.

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El retraso provocado por las heladas podría reducir al menos temporalmente esa abundancia esperada y, según el productor, obligar a los compradores a revisar sus cálculos. Actualmente, recordó, el precio fijado se ubica en 110 pesos por kilogramo de brote de té, un valor que calificó de "prácticamente ridículo".

La posibilidad de frenar el avance del ácaro colorado y otras plagas existe, pero vuelve a aparecer el condicionante económico. Klingbeil señaló que el manejo puede realizarse mediante fertilización y aplicación de acaricidas, aunque sostuvo que gran parte de los productores actualmente no está llevando adelante esas prácticas debido a su elevado costo frente al valor que reciben por la materia prima.

La otra variable es directamente meteorológica. Si las temperaturas aumentan, desaparecen los días fríos y se mantiene una humedad elevada, el ácaro puede retroceder naturalmente. El problema es que los pronósticos todavía muestran posibilidades de nuevos descensos térmicos. Según señaló, una nueva ola fría podría presentarse la próxima semana. Incluso sin heladas, temperaturas por debajo de los 10 grados ofrecen condiciones favorables para el ácaro en el té y el rulo de la yerba.

No sería una situación inédita. Klingbeil explicó que los productores conocen bien este tipo de secuencia: brotación tierna, helada y posterior amenaza de plagas. La diferencia es que actualmente muchas chacras tienen serias dificultades para financiar las medidas necesarias para enfrentarlas.

Desde el análisis estrictamente agrometeorológico, Olinuck aportó una perspectiva algo más tranquilizadora respecto del frío: Misiones prácticamente está saliendo del período de riesgo de heladas.

Explicó que la probabilidad de nuevos eventos de este tipo después de los registrados en estos días es muy baja. Al revisar una serie de aproximadamente 60 años, recordó solamente dos oportunidades en las que se registraron heladas hacia el 25 y 26 de septiembre, y aun en esos casos fueron suaves.

Por esa razón, aunque calificó el episodio actual como algo cercano a lo excepcional por su fecha, aclaró que existen antecedentes y que las heladas tardías todavía pueden ocurrir en Misiones. De aquí en adelante, sin embargo, la posibilidad disminuye drásticamente.

Y es entonces cuando comienza el segundo desafío.

Si el riesgo térmico empieza a retirarse, el protagonismo pasará rápidamente a las lluvias. Olinuck explicó que El Niño no modifica solamente el régimen de precipitaciones, sino que también provoca una mayor variabilidad de las temperaturas y, en términos generales, años más cálidos.

Además, recordó que sus efectos no son iguales en todo el planeta. Mientras en Misiones y otras regiones del sudeste sudamericano suele favorecer lluvias abundantes, en otras áreas genera sequías intensas. Citó como ejemplos la Patagonia y el Noroeste argentino, además del norte de Brasil, Venezuela, Colombia y Panamá. En este último caso, mencionó las dificultades que puede generar la disminución de lluvias sobre el funcionamiento del Canal de Panamá, que depende de grandes volúmenes de agua dulce.

La señal para Misiones es exactamente la contraria: más agua. Según Olinuck, después del período de inestabilidad que comenzaría en las próximas jornadas, los acumulados correspondientes a septiembre, octubre y noviembre deberían ubicarse muy por encima de los valores medios históricos.

Ese escenario coincide con lo que PRIMERA EDICIÓN viene siguiendo durante los últimos meses. Ya en mayo, especialistas provinciales advertían sobre la posibilidad de acumulados extraordinarios durante la primavera; posteriormente se organizaron reuniones entre el Ministerio del Agro, INTA, Vialidad, el Instituto Misionero del Suelo y municipios para preparar al sector productivo frente a lluvias extremas, tormentas y crecidas.

Más recientemente, el análisis publicado por este diario sobre la evolución de El Niño  señaló que los modelos mantienen una señal muy fuerte de continuidad durante la primavera, aunque también recordó que un Niño intenso aumenta probabilidades, pero no permite anticipar cuánto lloverá en una localidad determinada ni afirmar que necesariamente se repetirán grandes inundaciones del pasado.

Para Olinuck, uno de los principales riesgos de los próximos meses estará bajo los pies del productor. En esta época comienzan o avanzan las plantaciones de tabaco, maíz y mandioca, y todavía existen chacras donde se utiliza el arado dejando amplias superficies completamente descubiertas. Ese manejo puede generar problemas incluso con altas temperaturas, pero frente a precipitaciones intensas aumenta considerablemente el peligro de erosión hídrica.

El especialista recomendó trabajar el terreno de manera transversal a las pendientes y evitar dejar superficies desprotegidas que permitan que el agua gane velocidad y arrastre la capa fértil del suelo.

La preocupación no termina en el lote productivo. También llamó a prestar atención a los caminos internos de las chacras. Mientras que el mantenimiento de los caminos vecinales corresponde a municipios u otros organismos públicos, recordó que cada productor debe cuidar los accesos dentro de su propiedad y que muchas veces pequeñas intervenciones realizadas con las propias herramientas disponibles pueden evitar que el agua circule directamente por el camino y lo vuelva intransitable.

El exceso hídrico tampoco impacta de la misma manera sobre todos los cultivos ni en todos los terrenos. Olinuck recuperó un análisis del ingeniero Pablo Mercuri, referente de agrometeorología del INTA en Castelar, quien suele distinguir entre los efectos positivos y negativos de El Niño. En las zonas bajas, el exceso de agua puede impedir plantaciones, afectar cultivos e incluso generar condiciones peligrosas para el ganado bovino. En cambio, sobre lomas y lomadas con buen drenaje, la abundancia de humedad puede convertirse en una oportunidad para obtener rendimientos muy elevados, siempre que exista fertilización y un manejo adecuado. La misma lógica se aplica a las chacras misioneras.

Olinuck puso como ejemplo la mandioca: sembrarla en terrenos anegadizos incrementa considerablemente el riesgo de ataques de hongos, mientras que ubicarla en sectores algo más elevados y con buen drenaje permite reducir futuros problemas sanitarios.

Así, el escenario que enfrenta el productor misionero no puede resumirse únicamente en "mucho frío" o "mucha lluvia". En pocas semanas, las chacras están atravesando heladas tardías sobre plantas en plena brotación, riesgo posterior de plagas y un cambio acelerado hacia un período de abundantes precipitaciones.

Para yerbateros y tealeros, además, las condiciones climáticas encuentran plantaciones debilitadas por años de escasa inversión y productores con dificultades para afrontar fertilizantes, acaricidas y otras tareas de manejo.

Y mientras todavía se evalúa cuánto daño concreto dejaron las últimas heladas, el calendario obliga ya a mirar hacia el fenómeno opuesto: una primavera en la que el problema podría dejar de ser el frío para convertirse en cómo administrar un exceso de agua que, dependiendo del terreno, del cultivo y del manejo, puede representar tanto una oportunidad productiva como una nueva fuente de pérdidas.

Fuente: Primera Edición

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