"Hoy se puede hablar guaraní en espacios donde antes era impensado, pero todavía es un cambio incipiente"
Distinguida con el Premio Konex 2026 y declarada Ciudadana Ilustre de Corrientes, Carolina Gandulfo reflexiona sobre el largo camino de revitalización del guaraní y las deudas que aún persisten. "Cuando se prestigia la lengua, se prestigian los hablantes", afirmó en est…

Por Eduardo Ledesma
Versión gráfica: Belén Da Costa
Doctora en Antropología Social, profesora e investigadora de la Facultad de Humanidades de la UNNE e integrante del Centro de Estudios Etnográficos en Co-Labor, Carolina Gandulfo lleva más de dos décadas estudiando una lengua que miles de correntinos entienden, pero no hablan.
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Este año fue distinguida con el Diploma al Mérito del Premio Konex 2026, entre las 100 personalidades más destacadas de la última década en Humanidades, y el Concejo Deliberante de Corrientes la declaró Ciudadana Ilustre.
En este episodio hablamos de una lengua que sobrevivió a décadas de prohibición y desprecio, de lo que significa construir política pública desde la academia y de por qué Corrientes todavía le debe algo al guaraní.
Caro, si tuvieras que presentarte ¿Quién sos?
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Soy una investigadora. Creo que es lo que más me define, donde me siento más cómoda diciendo "soy". Soy una investigadora que hace 30 años eligió Corrientes para vivir, para investigar, para trabajar, para disfrutar, digamos, y no pienso irme tampoco. Entonces, creo que me define mucho el lugar donde estoy, donde vivo.
¿Ya te hallaste ya?
Sí. Total.
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Cuando te enteraste que un jurado tan prestigioso, de un premio tan prestigioso para la República Argentina, que es el premio Konex, te eligió, ¿qué te pasó?
Me quedé en shock. Estuve así, en shock. Era como que no salía de mí porque, de algún modo, sentía algo completamente inesperado o desmedido. Algo que, y eso lo estoy reflexionando mucho, sentía como que no nos toca. Y cuando digo "nos", digo nuestra región, nuestra universidad.
Hay muy poco para el campo académico. Hay un Konex en Ciencia en el año 2023 para el doctor Torres y después yo, en la UNNE. En Humanidades, nadie que yo sepa.
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De todas maneras, fue algo muy grande, muy impactante. Si me quedo pensando en mí, me cuesta hablar del premio y asumirlo. Ahora, cuando pienso que tiene una dimensión institucional muy importante y pienso en la UNNE y en la Facultad de Humanidades, porque el premio es en Humanidades, en Educación, donde yo trabajo, veo la importancia que tiene y lo vivo de otra manera.
Y cuando pienso en mis compañeros, en mi equipo, en mis compañeras de tantos años de trabajo y cómo lo viven y cómo lo sienten, me alegra muchísimo, me siento muy orgullosa.
Y cuando pienso que esto es por los hablantes de guaraní y para los hablantes de guaraní, y cómo lo han recibido muchos con los que hace muchísimos años intercambio, bueno, me siento feliz. Ahí es donde digo: esto es muy importante.
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El Konex no puede entregar un premio social. Entonces, te eligieron entre un centenar de figuras destacadas. Y acá estamos en el interior, una facultad que viene vilipendiada, además estás trabajando con una lengua históricamente negada. ¿Qué te permite eso? Porque están mirando algo que vos viste antes.
Es un chiste que venimos haciendo entre compañeros y amigos: "Le metimos el guaraní al Konex".
Esa fue la sensación. Llegamos ahí y lo pusimos en una vidriera. Eso es una satisfacción enorme, pero también una responsabilidad enorme, porque le das un nivel de visibilidad que no había alcanzado hasta el momento y también de prestigio.
Cuando se prestigia una lengua, se prestigian los hablantes. En sociolingüística eso significa mejorar su estatus, cómo se la ve, cómo se la mira, cómo se la valora, sin olvidarnos nunca de nuestra historia, que no ha sido así siempre.
Y además está claro que a quienes eligieron en Educación son investigadoras con otros recorridos, todos de Buenos Aires o La Plata, con otros temas. Entonces, evidentemente, hay algo que destaca y es necesariamente mi investigación sobre el guaraní.
Cuando vos decís que es un premio colectivo, ¿en quiénes estás pensando? ¿Quiénes son los que se te vienen a la cabeza? ¿Quién es ese colectivo?
Muchos, muchísimos. Empiezan a venir imágenes. Desde Mirta Soto, la primera directora de la Escuela 111, donde trabajé en Loma de González hace 25 años; Marta Rodríguez, con quien sigo trabajando y somos amigas, la primera maestra con la que trabajé en el aula; Olga Soto, maestra de San Luis del Palmar y compañera de equipo.
Olga hoy está dando un taller de guaraní para niños en el CCU de nuestra universidad. Y después los chicos. Trabajé con muchos niños.
Ramón Ruiz Díaz, por ejemplo. Lo conocí cuando estaba en tercer grado, en la Escuela 216 de Colonia La Elisa, San Roque.
Estábamos mirando Martín y Ramón, un libro de lectura que habíamos hecho en el Instituto San José, el primer libro que incorporaba el guaraní.
Él me mira y me dice: "¿Vos sos esa que sale en la tapa?" Le digo que sí. Entonces me dice: "Yo aprendí a leer con ese libro". Yo casi me muero. Le pregunté si era en serio. Me respondió: "Sí, porque yo no sabía leer, pero aprendí con ese libro".
Hoy Ramón es enfermero recibido en nuestra universidad, está estudiando Medicina y es parte de mi equipo de investigación, es becario.
Con ese ejemplo se resume un recorrido de toda una vida.
Y así podría contar muchísimas historias. Pienso en esas caras, en esos rostros, en esos abrazos, en esa gente con la que trabajé y sigo trabajando.
Paralelamente, el Concejo Deliberante te da la máxima distinción que otorga la ciudad de Corrientes, que es el reconocimiento como Ciudadana Ilustre. Cuando recibiste esa noticia, ¿qué pasó? Porque ahí hay una dimensión territorial, ¿no?
Nunca me lo hubiera imaginado. Lo entiendo, tiene su lógica. Una de las concejalas fue alumna mía. Tengo alumnos por todos lados, eso pasa a esta edad.
Pero que la ciudad de Corrientes le dé esa distinción a alguien que no nació en Corrientes es muy fuerte. Eso lo saben los correntinos. No sé si lo puede entender alguien que no vive acá. Yo sí lo entiendo, yo sí sé lo que significa.
Hace mucho tiempo que siento que Corrientes me la dio. Hace mucho tiempo siento que Corrientes me agarró.
Siempre digo que eso lo experimenté haciendo investigación en la zona rural. Hay un momento en que la gente te agarra. Sos de ellos. No sé cómo explicarlo de otra manera porque es algo hasta físico, corporal.
Hay un reclamo afectivo si no estoy, si no voy, si no paso por ahí.
Ese sentimiento yo ya lo tenía. Lo que pasa es que esto tiene una dimensión pública muy fuerte y me conmueve. Es una responsabilidad, pero también una verdadera conmoción.
¿Qué diferencia hay entre un premio que te da una institución tan valorada como el Konex y uno que te da tu ciudad? ¿Notás ahí una diferencia?
Es como un paquete. En este momento tengo una mezcla de sensaciones con todo lo que está pasando porque mucha gente empieza a mirarte de otra manera.
Eso es raro. No me siento necesariamente cómoda.
Yo ando siempre por todos lados, en el campo, en las escuelas, en las comunidades, y hay distintas sensaciones que todo esto produce.
Pero sí, hay algo que cambió.
Es una aprobación social y política. Las personas vienen y me dicen: "Te lo merecés, Caro".
Hay un reconocimiento muy fuerte. No es solamente que te lo dieron; la gente siente que te lo merecés.
Eso es muy movilizador porque cuando me saludan, me abrazan y me felicitan, siento que también están refrendando todo el trabajo realizado.
¿Entendés que esto es una confirmación institucional de una intuición correcta tuya de hace más de veinte años?
Sí, pero no fue solamente una intuición. Fue una intuición al principio, pero después fue trabajo.
Simplemente trabajo de investigación bien hecho. El trabajo de investigación bien hecho muestra resultados de esta manera.
Si además la línea de investigación puede sostenerse en el tiempo, que no siempre es posible por las condiciones en las que trabajamos, entonces esos resultados empiezan a ser consistentes.
Yo escribí Entiendo pero no hablo hace más de veinte años. Lo escribí entre 2003 y 2005 y se publicó en 2007. Después escribí Había sido que soy bilingüe.
Solo esos dos títulos muestran el proceso de cambio que hubo en todo este tiempo y que fuimos documentando.
Eso es de lo que hablo cuando digo que el trabajo muestra resultados.
En aquel momento planteabas al guaraní como una lengua conocida pero negada. ¿Esa ecuación cambió? ¿Cambió también la percepción social en Corrientes?
Lo que observamos en la investigación es que no solo cambió, sino que está cambiando.
Estamos metidos en un proceso de cambio que incluso es difícil investigar porque cuando investigás fijás una realidad, y esto está en movimiento.
Es un proceso que además va acelerando su velocidad. Este mismo premio forma parte de ese proceso.
Yo también estoy metida dentro de la investigación. Me investigo junto con lo que hacemos.
Hoy se puede hablar del guaraní en lugares donde antes ni siquiera era posible mencionarlo. Añe'ẽ, añe'ẽve… porã (hablo, hablo mas… bien) aikuaha porã (entiendo bien) nañe'ẽi, nañe'ẽporãi (no hablo, no hablo bien), pero voy intentando.
Vamos metiendo el guaraní en espacios donde antes no tenía lugar.
Todo eso está ocurriendo. Ahora bien, no podemos olvidar el proceso del que venimos, por que esto está ahí.
El otro día conversaba con una señora en un grupo de conversación (Ñañoty - Grupo Sembramos) de guaraní que hacen mis compañeros en Caá Catí. En un espacio que se llama Ñañemongeta hag̃ua (para conversar). Ella me dijo: "En casa todavía mi papá me prohíbe hablar guaraní." Era una señora hablante de guaraní.
Me decía que todavía le cuesta soltarse para hablar. Eso no lo podemos negar. Nuestra investigación explica qué pasó con todo eso. Entonces, sí estamos en un proceso de cambio, pero todavía es un cambio incipiente.Hay decisiones personales, colectivas y políticas que todavía hay que tomar.
Y no volver atrás en lo posible, ¿no?
Volver atrás es difícil. Hay cambios que ya son muy profundos. Cuando escuchás a la gente joven hablar con tanta convicción, me parece muy difícil que eso ocurra.
Lo que sí puede pasar es que el proceso se acelere o se vuelva muy lento. Para recuperar una lengua hay que usarla.
Nada más. Claro que con el guaraní no es tan sencillo.
Hace falta enseñarla, generar espacios, tomar decisiones en todos los niveles.
Ustedes tienen dos hitos: la Cátedra Libre de Guaraní en la universidad y el profesorado. Pero eso necesita recursos, política, infraestructura, acompañamiento. ¿Los decisores están acompañando ese proceso de cambio?
Poco. Poco, poquísimo. Hay una ley que oficializó el guaraní en 2004. Ya llevamos más de veinte años y esa ley nunca se reglamentó.
Sí hubo algunas acciones. La apertura del primer profesorado oficial de guaraní es una de ellas.
Ese profesorado se abrió en Ituzaingó y este año estaría terminando la primera cohorte. Después hubo una segunda en Santa Rosa.
Pero tuvo muy poco apoyo institucional. Para sostener una propuesta así necesitás un equipo de acompañamiento y eso no ocurrió.
Una prueba de eso es que no se siguen abriendo nuevas cohortes. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta.
También pienso en la estructura del Estado. No es solamente el gobernador quien toma una decisión. Él tomó la decisión de abrir el profesorado, y eso hay que reconocerlo.
Pero después existen ministerios, direcciones y distintos niveles de gestión. Y en esos escalones hay personas a las que les pasa exactamente lo mismo que a la señora con la que yo converso en el campo.
No son personas distintas. Ese proceso tiene muchos niveles.
Tiene que desescalar la negación, tiene que desescalar la prohibición. Pero hay otro escalón: la cuestión emocional. El hablante de guaraní negado se sintió menos hasta que cambió ese concepto.
Deja una huella subjetiva muy profunda. Voy a contar una anécdota.
Cuando la profesora Praxedes López estaba terminando su gestión como ministra, tuve un encuentro con ella y le llevé mis libros.
Hablamos del profesorado de guaraní y de varias cosas. En un momento le dije: "Ministra, ndepa reñe'ê guaraní."
Se le iluminó el rostro. Cambió completamente el tono de la conversación. Empezó a contarme su relación con el guaraní, cómo había aprendido, qué significaba para ella.
No voy a repetir esa conversación porque fue algo muy íntimo.
Pero yo pensaba: esta conversación tendría que haber ocurrido el primer día que fue ministra, no cuando ya se estaba yendo.
Y esto mismo me pasó con distintos funcionarios.
Lo mismo que con el rector de la universidad, ¿no?
Exactamente. Nuestro rector es hablante de guaraní.
Cuando lo conocí, yo estaba reclamando por distintas cuestiones, como hago siempre.
Tuvimos una reunión y, mientras yo le contaba todo lo que hacía, de repente me habló en guaraní. Me quedé helada. El rector de la UNNE me estaba hablando en guaraní.
Además tenía una tonada que al principio no lograba identificar. Yo le respondí con el poco guaraní que podía hablar. Los dos quedamos impactados.
Él porque me escuchó responderle en guaraní y yo porque jamás esperaba esa situación. Ese encuentro cambió completamente la relación.
A partir de ahí me pidió un proyecto integral para el guaraní en la universidad y de esa propuesta nació la Cátedra Libre de Guaraní.
Para mí cambia completamente la relación con las personas cuando son hablantes de guaraní. Hay algo que se despierta. Algo que toca una fibra muy profunda. Que el rector de la UNNE sea hablante de guaraní no es un dato menor.
Y tampoco lo es que impulse iniciativas como celebrar el Día del Guaraní dentro de la universidad desde la creación de la cátedra.
Vos no sos de acá. Si hoy le tuvieras que explicar a alguien de afuera por qué importa todo esto, ¿qué le dirías?
Lo primero que haría sería correrme de esa idea de "soy de acá" o "soy de allá". Yo creo que el guaraní también es mío. Y cuando digo mío, lo digo como argentina. Porque también siento que el guaraní nos lo sacaron.
¿Por qué me hicieron creer que yo solamente hablaba castellano por haber nacido en Buenos Aires? Todo eso es discutible. Por eso siempre digo que el guaraní también me pertenece.
Quiero aprenderlo, trato de hablarlo y hoy es el sentido de mi vida como investigadora. Perder una lengua es perder una forma de pensar. Es perder una manera de mirar el mundo, de imaginarlo, de comprenderlo. Yo creo que el mundo está atravesando un momento muy difícil. Entonces, cuando perdemos una lengua también perdemos posibilidades de pensar soluciones diferentes.
El guaraní ofrece otra manera de pensar, de sentir y de expresar quiénes somos. Esa es la explicación más racional que puedo dar. Pero hay otra que es completamente emocional. Cuando alguien habla en guaraní se le ilumina la cara. Le cambia la voz. Le cambia la risa. Le cambia la mirada. Y si encima yo, que soy porteña, intento hablar en guaraní, se rompe una barrera.
Pasás a formar parte de algo que ni siquiera sabías que existía y que te une de una manera muy especial. Hoy necesitamos eso. Necesitamos esos vínculos. Porque estamos viviendo tiempos muy difíciles.
Y aunque para recuperar una lengua hacen falta políticas públicas e inversión, también hace falta algo muy simple: usarla.
En Corrientes todavía hay mucha gente que habla guaraní, pero no tiene espacios para hacerlo o no se anima. Y perder eso sería una enorme pérdida para todos.
Fuente: Diario El Litoral
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