Huellas del impacto humano en el barro: cómo la ciencia lee el deterioro ambiental del lago San Roque

No se trató de una película de ciencia ficción, aunque tranquilamente podría ser parte del guión de una serie apocalíptica. En marzo de 2017, Villa Carlos Paz sufrió una virtual invasión de algas que explotaron en el lago San Roque produciendo una alfombra verdeazulada intensa en pleno centro de la ciudad más turística de Córdoba. Un profundo olor pestilente se metió en las casas y departamentos, en los bares y comercios.
Fue la mayor crisis provocada por el bloom de cianobacterias producidas por la profunda contaminación del embalse, tras décadas de volcamientos de líquidos cloacales sin tratamiento, de una amplia cuenca regional.
Ahora, un equipo interdisciplinario de profesionales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y del Conicet dio a conocer un estudio que detalla la línea de tiempo de esa historia de contaminación del embalse más añoso de la provincia de Córdoba.
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El fondo del San Roque guarda un registro que no miente. Con solo tomar un puñado de sedimentos, la ciencia logró reconstruir más de un siglo de historia ambiental del embalse de Punilla.
Los materiales depositados en el lecho brindan datos precisos que permiten determinar la edad exacta de cada capa y los procesos que aceleraron su degradación.
Un equipo científico de la UNC se propuso indagar cómo era el embalse en sus comienzos y en qué momento se profundizó su deterioro.
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La tarea de laboratorio estuvo a cargo del GeolimnoLab, del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (Cicterra, del Conicet y la UNC), integrado por Eduardo Piovano, Silvana Halac, Lucía Guerra, Luciana Mengo e Ingrid Costamagna. Junto a especialistas en física, geografía, arte e ingeniería química participaron de un proyecto financiado por el programa Primar, de la UNC.
El panorama actual de deterioro de las aguas es conocido por vecinos y turistas: estado de hipereutrofización y proliferación masiva frecuente de algas (cianobacterias).
La falta de control en el avance inmobiliario, el vertido directo de efluentes cloacales de una docena de localidades de su cuenca y el impacto recurrente de incendios y desmontes dispararon los niveles de materia orgánica en sus aguas.
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Para entender la escala del problema, los científicos tomaron muestras de sedimentos profundos mediante perforaciones –denominadas "testigos"– y analizaron el tamaño de los granos, la cantidad de carbono orgánico y el contenido de fósforo.
A partir del análisis con elementos radiactivos como plomo y cesio, las muestras funcionaron como las páginas de un libro donde la capa más antigua rescatada corresponde a 1898, pocos años después de la inauguración del primer dique.


A partir de este análisis físico y biológico, la investigación dividió la trayectoria ambiental del embalse en cuatro etapas clave:
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• 1898 – 1953(El llenado inicial): Caracterizado por una marcada influencia del aporte de los ríos tributarios. "Es la etapa en que se produce el llenado del lago con una alta influencia de los ríos", explica la investigadora Luciana Mengo. En esta fase predominan los sedimentos gruesos y se observa una productividad de carbono orgánico vinculada a las primeras deforestaciones en la cuenca.
• 1953 – 1983(La ampliación y las primeras alertas): Coincide con la construcción del segundo paredón. Los sedimentos adquieren rasgos propios de aguas profundas y disminuye la producción de carbono, aunque comienzan a registrarse las primeras apariciones de cianobacterias.
• 1983 – 2005 (Quiebre, por impacto humano): Marca el momento crítico del cuerpo de agua. Se registra un salto vertiginoso en el carbono orgánico total y en la concentración de pigmentos fósiles. "Acá se marca una clara aceleración del proceso de eutrofización provocado por el impacto humano", señalan los autores del estudio publicado en la revista científica Anthropocene. Este salto coincide con el boom de urbanización sin planificación en las costas y las sierras.
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• 2005 – Hoy (La hipereutrofización): El sedimento comenzó a liberar fósforo acumulado hacia la columna de agua, alimentando los florecimientos masivos de algas. El informe advierte sobre un "incremento crítico y sincronizado de la biomasa de algas en el embalse alcanza formalmente su actual estado de hipereutrofización, dominado por florecimientos masivos de cianobacterias nocivas".
El estudio sumó el análisis geográfico del cambio en el uso del suelo mediante cartografía, fotografías aéreas e imágenes satelitales en un radio de cinco kilómetros desde la costa.
Joaquín Deon, geógrafo e integrante del equipo, sintetiza el impacto del desarrollo urbano sobre la cuenca de Punilla: "Lo que se visibilizó en este período fue que los desmontes, los incendios, la urbanización con fines turísticos y residenciales, junto a la disposición de aguas grises y cloacales contaminaron los cursos de agua tributarios del embalse y al lago en sí mismo, dejando un registro geológico para siempre".
Los datos geológicos y sociales demuestran cómo la huella del Antropoceno (la era donde la actividad humana transforma el planeta) quedó grabada de forma irreversible en el lecho del dique. "Integramos datos físicos y sociales para mostrar cómo los cambios en el uso de la tierra conformaron la muerte del embalse San Roque", remarca Deon.
Las muestras de barro confirman el ingreso continuo e insostenible de nutrientes derivado de las actividades humanas alrededor del lago, durante décadas.
La investigación cierra con una advertencia que compromete tanto a las autoridades como a la comunidad regional: "Este tipo de investigaciones debe interpelarnos a todos en nuestras prácticas y hábitos. En nuestro caso lo hacemos desde la ciencia, pero también debemos hacer esfuerzos como sociedad para resguardar estos territorios. Las cuencas hídricas siguen abasteciendo de agua a la población y a los ecosistemas".
Fuente: La Voz
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