Inimputables: la Unidad está en su capacidad máxima de población
La Unidad de Salud para Inimputables cumplió seis años con 100 pacientes, superpoblación y dificultades para concretar externaciones.

La Unidad de Salud para Inimputables (USI) cumplió seis años a fines de julio. Reemplazó al pabellón de inimputables del Penal de Loreto, donde, según se describe en el artículo, las personas permanecían sin tratamiento, contención ni posibilidades de reinserción.
PRIMERA EDICIÓN visitó la USI para conocer cómo viven hoy las personas que cometieron un delito y fueron declaradas inimputables por padecer enfermedades psiquiátricas. En la actualidad, están alojados en la USI 100 pacientes y en esta denominación se avizora el gran cambio de paradigma: allí trabajan en forma coordinada el personal del Servicio Penitenciario Provincial (SPP) y el personal de Salud Pública. Ni siquiera el personal penitenciario los llama "internos", son pacientes con patologías psiquiátricas alojados allí por haber cometido un delito.
La USI tiene dos directores: el de seguridad es el alcaide mayor Claudio Cristaldo, del Servicio Penitenciario Provincial, y el de salud el médico Héctor Sánchez, del Ministerio de Salud Pública. En tanto, la alcaide mayor Margarita Lemes es la subdirectora de seguridad.
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Con sus 100 pacientes, la Unidad "superó el 30% de su capacidad", según confirmó su director médico, Héctor Flores. En 2020 eran 54 pacientes: 53 hombres trasladados del Penal de Loreto y una mujer. Hoy están alojadas 13 mujeres y 87 hombres.
"Estamos en la máxima capacidad, nos encontramos desbordados en cuanto a las atenciones brindadas, tanto para nosotros como para el equipo de salud la superpoblación es una problemática e inclusive tenemos seis pacientes para ingreso en lista de espera", confirmó el director de seguridad, Claudio Cristaldo.
Por esa razón, según contó la subdirectora Lemes, "estamos en comunicación con los juzgados y hay gente en espera, el tema es poder brindarles el tratamiento integral no solamente a nivel salud sino también que puedan vivir en un ambiente contenido y de adaptabilidad dentro de la Unidad… por eso mantenemos el número de alojados en 100 para poder asegurar las condiciones mínimas e indispensables para su estadía".
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Por esa razón, en la actualidad, solo autorizan un nuevo ingreso cuando logran una externación.
Cristaldo recordó el viejo pabellón de inimputables de Loreto y remarcó que la USI "marcó un antes y un después en el tratamiento penitenciario y médico de los inimputables en Misiones".
La Unidad no es un hotel cinco estrellas, pero funciona bajo otro paradigma: "En el penal el paradigma era la reclusión, los inimputables eran sometidos a un régimen penitenciario donde la custodia y guarda era exclusiva del SPP. En la USI, los inimputables reciben atención integral de enfermedades mentales y de salud en general. A diferencia de una unidad penal común, donde tenemos un médico y un enfermero del SPP, en la USI la atención de salud es prestada por el equipo de Salud Pública", detalló.
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Cada paciente tiene su expediente judicial porque ingresó por haber cometido un delito. "Pero no cualquiera que cometa un delito puede ser alojado en la USI, tiene que estar declarado inimputable por artículo 34 y estudios médicos así lo indiquen", remarcaron Lemes y Cristaldo.
En la USI hay psicólogos, psiquiatras, enfermeros y un equipo de servicio social encargado de mantener los vínculos sociales con los familiares y con otras instituciones. En total, el equipo de Salud Pública está compuesto por 20 profesionales, técnicos y administrativos.
El equipo de seguridad está conformado por 150 agentes del Servicio Penitenciario Provincial.
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Aunque el abanico de las patologías de salud mental que sufren los pacientes de la Unidad es amplio, "hay pacientes con retrasos madurativos, otros con psicosis, con esquizofrenia, trastornos bipolares…", Sánchez señaló que el aumento del consumo de sustancias impacta mucho.
"Hay muchos pacientes que terminan en la USI con psicosis por consumo. Si solo fuera un problema de consumo se lo podría atender en el centro de prevención de adicciones, donde se lo puede desintoxicar y luego seguir un tratamiento en forma ambulatoria. Pero cuando el paciente ya tiene una psicosis por consumo, en muchos casos por consumo desde muy temprana edad, llegan a los 20 o 25 años con un historial de consumo enorme".
En estos seis años, se externaron 50 pacientes. Según precisó el director médico, "las externaciones se dan pero son difíciles, recordemos que en la USI ingresan por orden judicial… no es hospital donde ingresar por internación voluntaria, y para la externación también se requiere la orden judicial".
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Una vez que el paciente se estabiliza —en la USI la mayoría se encuentra estable— para que pueda ser externado tiene que existir un contexto adecuado fuera de la institución que permita evitar una descompensación.
"Esta es la parte más difícil porque un porcentaje muy grande ni siquiera tiene familiares", explicó.
En la actualidad, precisó que hay muchos pacientes estables, con muy poca medicación, "pero no podemos externarlos porque no tienen a nadie afuera y no podemos dejarlos solos".
Cristaldo y Lemes asumieron la dirección de seguridad de la Unidad hace pocos meses. El director médico está desde el inicio.
Para el personal penitenciario, trabajar en la Unidad de Inimputables rompe sus esquemas. Es que no fueron formados específicamente para garantizar la seguridad de pacientes con problemas de salud mental.
"A veces, después de esas horas adentro de un penal o en este caso de la USI, el personal de SPP se mimetiza con el entorno, comenzamos a hablar como ellos, escuchamos la misma música y sin darnos cuenta vamos tomando esa cultura institucional, la llevamos a nuestras casas, con nuestras familias y amistades", confió Cristaldo.
Con esta inquietud, organizan junto al director Sánchez una capacitación en salud mental para el personal penitenciario.
"La idea es adquirir herramientas para poder abordar situaciones de crisis y también para saber cómo debemos intervenir en determinadas situaciones con los pacientes… a veces tienen sus días complicados y podemos sufrir ataques contra nuestra integridad", contaron.
Según destacó Lemes, en la Unidad de Inimputables, el personal penitenciario no solo cumple el rol de seguridad sino también hace acompañamiento.
"Es difícil el cambio de razonamiento de una unidad penal convencional a la USI donde trabajamos con pacientes", admitió.
A diferencia de las unidades penales comunes, en la de inimputables los pacientes no tienen asignadas tareas, ni siquiera las relacionadas con el cuidado de la higiene de su entorno, como el lavado de su ropa, toallas o sábanas. Por eso, todas las tareas de mantenimiento recaen en el personal penitenciario: la cocina diaria, donde se procesan todos los alimentos y se quitan los huesos por seguridad del paciente, la panadería y la limpieza.
Hace algunas semanas se rompió el único lavarropas que tenían. Según confiaron los directores de seguridad, contar con lavarropas es una gran necesidad porque, de lo contrario, se acumula la ropa sucia y lamentablemente se termina descartando por el olor.
La Unidad cuenta con un área para mujeres y otra para hombres. La de hombres tiene un salón común interno y un amplio patio externo, además de un espacio con tierra donde desde hace algunos meses los penitenciarios hicieron una huerta terapéutica en la que participan algunos pacientes.
También hay varios pabellones donde se ubican las camas, cada vez más próximas unas de otras, de los pacientes. También hay celdas individuales y para dos personas destinadas a quienes atraviesan crisis, con el objetivo de contenerlos y evitar conflictos con sus pares.
Hay camas de hierro y madera en distintas condiciones, lo mismo ocurre con los colchones, algunos de ellos muy deteriorados.
"Por el tipo de pacientes que tenemos, las camas y colchones se deterioran más rápido… a veces no controlan esfínteres y aprovechamos los días de sol para sacar los colchones al sol".
En el área de las mujeres también hay pabellones, un salón común y un pequeño patio donde también hay una huerta.
Hay espacios comunes de acceso restringido como el aula satélite de la Escuela Especial 30, un salón para talleres donde se ofrece pintura, alfabetización y musicoterapia, entre otras actividades; además de los consultorios de médicos, psicólogos y enfermeros.
Fuente: Primera Edición
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