INTA: la estación de Cerro Azul llegó a los 60 años midiendo el clima
Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio ¿Qué diferencia existe entre saber cuánto llovió ayer y conocer cuánto llueve habitualmente en una determinada época del año? La respuesta está en la posibilidad de contar con una serie histórica extensa. Un registro aislado permite conocer qué ocurrió en un momento determinado, pero décadas de observaciones permiten poner […]

Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio
¿Qué diferencia existe entre saber cuánto llovió ayer y conocer cuánto llueve habitualmente en una determinada época del año? La respuesta está en la posibilidad de contar con una serie histórica extensa. Un registro aislado permite conocer qué ocurrió en un momento determinado, pero décadas de observaciones permiten poner ese dato en contexto.
Ese es uno de los principales valores de la Estación Agrometeorológica de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) de INTA Cerro Azul, que en septiembre de 2026 cumplió 60 años de actividad.
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Desde su puesta en funcionamiento, recopila información meteorológica siguiendo normas de observación de la Organización Meteorológica Mundial.
"Un dato meteorológico aislado nos dice qué ocurrió un día determinado; una serie de 60 años nos permite saber si ese dato es normal, excepcional o incluso récord", explica la Mgter. Silvia Albarracín, responsable del área de Agrometeorología de la EEA INTA Cerro Azul.
La continuidad permite comparar las condiciones actuales con las registradas décadas atrás y estudiar sequías, excesos hídricos, heladas, olas de calor y variabilidad en la distribución de las precipitaciones.
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Los registros también permiten identificar acontecimientos excepcionales. Por ejemplo, en agosto de 1972, durante un fenómeno de El Niño fuerte, Cerro Azul registró 449,3 milímetros de precipitación, mientras que en agosto de 2026 el registro fue de 149,7 milímetros. Otro dato relevante ocurrió el 2 de mayo de 2024, cuando se registraron 247,5 milímetros, la mayor precipitación diaria de Cerro Azul para el período 1967-2025.
"Ese tipo de afirmación solamente es posible porque hubo personas tomando, conservando y sistematizando los datos durante décadas", señala Albarracín.
La información meteorológica adquiere una relevancia particular frente al actual escenario de El Niño. El análisis realizado para Cerro Azul indica que la precipitación media de las campañas septiembre-agosto de los 59 años completos entre 1967 y 2025 fue de aproximadamente 2.003 milímetros.
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En campañas asociadas a El Niño, los registros muestran precipitaciones superiores a ese promedio: durante El Niño 1991-1992 se acumularon 2.132,8 milímetros; en 1997-1998, 3.022,6 milímetros; y en 2015-2016, 2.562,6 milímetros. Como referencia, en el año 2014 la precipitación anual alcanzó los 3.034,6 milímetros, constituyéndose en el mayor valor registrado en la serie histórica de la estación agrometeorológica.
Estos antecedentes no permiten anticipar exactamente cuánto lloverá, pero ayudan a comprender los escenarios posibles. "Para el productor no interesa solamente saber cuánto va a llover, sino cuándo, con qué intensidad, cómo está la reserva de agua del suelo y qué ocurrió en situaciones similares del pasado", destaca la especialista.
Un período más húmedo puede favorecer la recuperación de las reservas de agua y reducir el riesgo de sequía, pero también puede generar saturación de los suelos, anegamientos, erosión hídrica, lavado de nutrientes, dificultades para el ingreso de maquinaria y mayores problemas sanitarios en los cultivos.
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El episodio El Niño 2023-2024 es un antecedente local. Las lluvias permitieron recuperar arroyos, vertientes y reservas de agua afectadas por los años secos anteriores, aunque abril y mayo de 2024 estuvieron marcados por precipitaciones muy superiores a lo habitual y eventos diarios de más de 100 milímetros, incluido el récord de 247,5 milímetros.
Durante estos 60 años también evolucionaron las herramientas de medición. Cerro Azul continúa siendo una estación meteorológica convencional, lo que permite conservar métodos de observación estandarizados y mantener la homogeneidad de una serie histórica de gran valor.
Actualmente se registran variables como temperatura del aire y del suelo, humedad, precipitación, viento, heliofanía y evaporación, además de realizarse el balance hídrico.
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En los primeros años, gran parte del trabajo era manual: los observadores debían realizar las lecturas en horarios establecidos, reemplazar las fajas de los equipos registradores, anotar los valores y efectuar posteriormente los cálculos.
Hoy, esa tarea se complementa con sensores electrónicos, estaciones meteorológicas automáticas y sistemas digitales. La red de INTA integra estaciones convencionales, automáticas y auxiliares, mientras que herramientas como SIGA permiten centralizar, controlar, consultar y descargar información actual e histórica.
"La meteorología cambió muchísimo en estos 60 años, pero más que decir que lo viejo fue reemplazado por lo nuevo, yo remarcaría que las nuevas tecnologías complementaron y potenciaron la observación tradicional", sostiene Albarracín.
Las bases de datos permiten actualmente calcular evapotranspiración, balances hídricos, anomalías, índices de sequía como SPI, índices de extremos y tendencias estadísticas, además de comparar información de distintas estaciones de la provincia.
Detrás de esos datos hay también una historia de personas. Hugo Galeano instaló la estación convencional principal en Cerro Azul y luego continuaron el trabajo José Olinuck, Marta Farinola, Antonio Cardozo y Lucas Morel. Desde hace dos años, Albarracín integra el equipo.
A ellos se suman observadores de estaciones termopluviométricas auxiliares y productores, cooperativas y empresas que colaboran en el territorio.
Seis décadas después, la Estación Agrometeorológica de Cerro Azul continúa construyendo una memoria climática que permite comprender las variaciones del tiempo y el clima y transformar los registros en información útil para la producción. En un contexto de creciente variabilidad climática, contar con datos sistematizados también es una herramienta para anticiparse y planificar
Fuente: Primera Edición
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