"Invertir en educación y ciencia es necesario para el futuro de cualquier país"
Es uno de los líderes de una compleja investigación sobre VIH en Australia con apoyo internacional. Apunta a la importancia de un sistema que permita el desarrollo de los profesionales

Requiere sostener la decisión a pesar de las dificultades y la nostalgia.
Sin embargo, a veces es necesario para impulsarse y crecer personal y profesionalmente.
"Emigrar fue una decisión muy positiva desde el punto de vista profesional, pero también implicó sacrificios personales y adaptarse a una cultura completamente distinta", explica Gabriel Duette, un misionero de 39 años que tras estudiar licenciatura en Genética en la Unam y un doctorado en la UBA, se trasladó a Australia, donde se desempeña en la actualidad.Para Gabriel, el cambio fue menester para desarrollarse como investigador científico y abocarse a los estudios complejos que hoy realiza.
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Sus investigaciones sobre el VIH son clave para la medicina y junto a un equipo de reconocidos investigadores, se encuentra trabajando fuertemente en este sentido, con apoyo y visibilización internacional.En Charlas con El Territorio, Duette destaca el valor de la educación pública argentina y repasa la ardua tarea que lleva adelante lejos de su tierra pero con la convicción de estar haciendo lo correcto por la ciencia y la sociedad.Contanos sobre tu profesión y dónde te recibiste.Soy licenciado en Genética por la Universidad Nacional de Misiones.
Siempre fui una persona muy curiosa y desde chico me atrajo la idea de dedicarme a la investigación científica.
Tuve la enorme suerte de que la carrera de Licenciatura en Genética estuviera disponible en Misiones, lo que hizo posible que pudiera acceder a esa formación sin tener que trasladarme a otra provincia.
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Además, al tratarse de una universidad pública, pude estudiar independientemente de la situación socioeconómica de mi familia.
Sin esta oportunidad mi carrera científica no habría sido posible.Durante la carrera hubo un momento que marcó mi trayectoria.
Asistí a un seminario sobre VIH en el que se explicaba cómo este virus había desarrollado mecanismos muy sofisticados para escapar del sistema inmunológico.
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Me resultó fascinante pensar que un virus pudiera evolucionar estrategias tan complejas para persistir.
Esa curiosidad terminó definiendo mi camino científico.En el 2010 me trasladé a Buenos Aires para finalizar mis estudios de grado y luego realizar un doctorado en el 2013 en la Universidad de Buenos Aires, el cual fue desarrollado en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA (INBIRS), bajo la supervisión del doctor Matías Ostrowski, quien fue un gran mentor.
Allí estudié cómo el VIH infecta a sus células blanco, cómo altera el metabolismo celular y cómo favorece la inflamación crónica.¿Por qué decidiste irte a vivir a Australia?Al finalizar el doctorado, en 2019, busqué oportunidades para continuar mi formación en el exterior.
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Más que un país en particular, buscaba un grupo de excelencia que trabajara en VIH.
Así llegué al The Westmead Institute for Medical Research, en Australia, para trabajar junto a la profesora Sarah Palmer y el profesor Anthony Cunningham.
Anthony (Tony) es un internacionalmente reconocido inmunólogo y virólogo quien ha contribuido en el desarrollo de vacunas para algunos virus como HPV.
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Sarah Palmer es una referente mundial en el estudio del reservorio viral y sus contribuciones fueron fundamentales para entender por qué el VIH persiste a pesar del tratamiento. Actualmente soy Senior Research Fellow, co-líder del HIV Reservoir Group junto a Sarah Palmer y mantengo una afiliación académica con la Universidad de Sydney.¿En qué consiste la investigación que estás realizando sobre VIH? Mi investigación busca responder una pregunta bastante compleja, de la cual si bien sabemos bastante, aun quedan elementos sin resolver: ¿por qué el VIH permanece en el organismo incluso cuando los tratamientos actuales funcionan tan bien?Hoy los tratamientos antirretrovirales son extraordinariamente efectivos.
Permiten que el virus deje de ser detectable en sangre y que las personas tengan una expectativa de vida muy cercana a la de la población general.
Sin embargo, todavía no hablamos de una cura porque el virus deja un pequeño grupo de células infectadas que permanece 'dormido'.
Estas células no producen virus activamente, pasan inadvertidas para el sistema inmunológico y tampoco pueden ser eliminadas por los tratamientos actuales.
A ese conjunto de células lo llamamos reservorio viral y constituye uno de los principales obstáculos para lograr una cura.Durante mis primeros años en Australia trabajé en comprender mejor ese reservorio.
Uno de nuestros primeros descubrimientos fue encontrar un grupo particular de células, denominadas linfocitos T CD4 efectoras de memoria, que son preferencialmente infectadas por el virus, y propusimos un mecanismo por el cual estas células pueden sobrevivir más tiempo que otras células infectadas.Con el tiempo, nuestra investigación evolucionó hacia tres líneas principales: la primera consiste en estudiar por qué un grupo muy reducido de personas puede controlar naturalmente el VIH sin recibir tratamiento.
En estas personas, un tipo de glóbulo blanco llamado célula T CD8, cuya función es importantísima ya que reconoce y elimina células infectadas, parece responder de una manera particularmente eficiente.
Comprender qué hace especiales a estas células puede ayudarnos a diseñar nuevas terapias.La segunda línea busca precisamente potenciar a estas células T CD8.
Para ello estamos trabajando en el desarrollo de vacunas terapéuticas, que a diferencia de las vacunas tradicionales no buscan prevenir la infección sino fortalecer el sistema inmunológico de personas que ya viven con VIH, y también terapias génicas que modifican células del sistema inmune para que reconozcan y eliminen con mayor eficacia las células infectadas.La tercera línea estudia la coinfección entre tuberculosis y VIH.
En colaboración con el laboratorio donde realicé mi doctorado en Argentina investigamos cómo la tuberculosis afecta al sistema inmunológico, altera la función de las células CD8 y favorece la persistencia del virus.
Para mí este proyecto tiene un significado especial porque demuestra que es posible seguir contribuyendo a la ciencia argentina desde el exterior mediante colaboraciones sostenidas con investigadores de Argentina.¿Cuáles son tus metas y objetivos científicos hoy en día?Mi objetivo es seguir desarrollando estas líneas de investigación para contribuir al diseño de estrategias que permitan alcanzar una cura funcional del VIH y comprender mejor el impacto de la tuberculosis sobre esta infecciónEn lo profesional me encuentro en una etapa muy estimulante.
Actualmente codirijo el grupo junto a mi mentora Sarah Palmer y mi objetivo es consolidarme como investigador independiente y dirigir mi propio grupo de investigación.En los últimos años recibimos apoyo internacional para impulsar estos proyectos.
Entre ellos, tuve el honor de obtener una fellowship de amfAR en el 2024, una de las organizaciones más prestigiosas del mundo dedicada a la investigación en VIH, además de financiamiento de la Campbell Foundation y una colaboración con un socio industrial para desarrollar inmunoterapias.
Lo que esperamos es que estos apoyos permitan transformar nuestras preguntas científicas en proyectos con potencial impacto para las personas viviendo con VIH. ¿Volverías a trabajar a Argentina?
¿Qué es lo que más extrañas?Me encantaría.
Argentina sigue siendo mi casa y extraño profundamente a mi familia, mis amigos y muchas de nuestras costumbres.
Lo que la mayoría extraña al dejar el país, es la espontaneidad con la que los argentinos nos juntamos, y la calidez con la que tratamos al otro.
Por suerte en Australia se puede encontrar buena carne y buen vino, pero el asado como en Argentina no hay.Emigrar fue una decisión muy positiva desde el punto de vista profesional, pero también implicó sacrificios personales y adaptarse a una cultura completamente distinta.
No siempre es fácil, aunque sin duda es una experiencia enormemente enriquecedora y siempre aliento a quienes tengan esa inquietud a vivir una experiencia de formación en el exterior.Hoy no veo sencillo regresar para desarrollar este tipo de investigación porque la ciencia necesita estabilidad, inversión y planificación a largo plazo, lo que hoy está bastante descuidado.
Ojalá en el futuro existan las condiciones para que más investigadores puedan construir su carrera en Argentina.
Mientras tanto, sigo colaborando activamente con grupos argentinos porque creo que esa también es una forma de aportar al país. ¿Qué mensaje te gustaría transmitir sobre la ciencia argentina?Me gustaría destacar la enorme calidad de la formación científica argentina.
Los investigadores formados en nuestro país pueden desenvolverse sin inconvenientes en laboratorios de primer nivel internacional.
Y todo esto es posible gracias a la educación pública.
Por eso creo que invertir en educación y ciencia es realmente necesario para el futuro de cualquier país.
Pero también creo que no alcanza con formar excelentes profesionales.
Es igualmente importante generar un sistema que les permita desarrollarse, porque de lo contrario se desaprovecha un enorme talento.
Veo con bastante pesar que el país está atravesando una crisis económica muy grande a nivel de educación y desarrollo científico.
Ojala que dentro de poco educación y ciencia vuelvan a ser prioridades en Argentina.¿Qué les dirías a los jóvenes que arrancan la carrera científica?Les diría que, si son personas curiosas y les apasiona entender cómo funcionan las cosas, van a encontrar en hacer ciencia mucha gratificación.
La curiosidad es sin dudas el motor que define una carrera científica y sigue siendo la principal motivación del investigador científico.
Tengo que confesar y advertir que no es un camino fácil, hay que ser muy resiliente, ya que el sistema académico no siempre es muy amigable, pero la contribución a la sociedad puede ser invaluable, así como la gratificación de haber sido parte del conocimiento generado producto del desarrollo de una idea perseguida. Hoy existen oportunidades tanto en el ámbito académico como en el privado y ambos sectores son necesarios y complementarios.
La ciencia básica genera conocimiento y luego ese conocimiento se transforma en nuevas tecnologías, tratamientos y soluciones para la sociedad.Por lo que embarcarse en una carrera científica no está limitado a la academia, lo que es muy positivo ya que se puede contar con más opciones que hace unos años atrás.Hoy más que nunca necesitamos más científicos, por lo que espero que pronto las condiciones del país fomenten la educación pública y el desarrollo científico para que sea realmente una opción potable para cualquier persona curiosa que quiera hacer ciencia. También los animaría a aprovechar oportunidades de formación, incluso en el exterior.
Salir del país implica desafíos y sacrificios, pero también un enorme crecimiento personal y profesional.
Y, por supuesto, siempre estoy dispuesto a conversar con estudiantes o jóvenes interesados en este camino, porque todos recibimos ayuda al comenzar nuestra carrera y creo que es importante acompañar a las nuevas generaciones.PerfilGabriel DuetteInvestigador científicoSe recibió de licenciado en Genética en la Unam y realizó un doctorado en la UBA.Actualmente se desempeña en Australia, donde es Senior Research Fellow, co-líder del HIV Reservoir Group y mantiene una afiliación académica con la Universidad de Sidney.
Fuente: El Territorio
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