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Ivana Mauras, alta costura, su elección por San Luis y febrero en Nueva York

La diseñadora comenzó hace dos años y medio con su atelier en el centro de la ciudad, luego de años de estudio en Buenos Aires. Dice que prefiere hacer vestidos de egresadas porque son más jugadas y se prepara para un momento muy especial en su carrera.

Por El Diario de la República6 min de lectura
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Ivana Mauras, alta costura, su elección por San Luis y febrero en Nueva York
Ivana Mauras, alta costura, su elección por San Luis y febrero en Nueva York · Foto: El Diario de la República

Muchas veces sintió, mientras estudiaba Diseño textil y de Indumentaria en la Universidad de Palermo, que no iba a poder. Muchas veces pensó en regresar a San Luis, la provincia donde vivió desde los 7 años, luego de pasar por Córdoba –donde nació-, La Rioja y Londres. Pero fueron sus padres y su férrea decisión de dedicarse a la alta costura lo que la mantuvieron cuando las fuerzas se apagaban.

A cuatro años de recibirse, Ivana Mauras vive a los 27 años un presente más tranquilo, con mucho trabajo, local propio, clientas que se suman y la invitación a participar en febrero del año que viene en un evento de modas en Nueva York, donde tendrá la chance de mostrar sus creaciones.

La actualidad de la joven diseñadora tuvo su pasado en una infancia "muy metida en las artes", en la que aprendió a tocar el piano y el violín, donde actuó cada vez que la llamaban para los actos escolares, aprendió a bailar árabe, flamenco y clásico junto a su hermana, aunque con el tiempo las vocaciones se dispersaron. "Ella ahora juega al rugby en Inglaterra".

"Me decían que las oportunidades estaban en Buenos Aires pero a mí no me importó. Estaba seguro que desde acá podía desarrollarme y de hecho lo estoy haciendo".

Ivana llegó a Buenos Aires un domingo para empezar a estudiar su carrera universitaria al lunes siguiente. "No conocía la ciudad, no sabía cómo manejarme, no conocía a nadie y me encontré, de repente, en ese mundo completamente distinto. Fue difícil al principio y hasta pensé en abandonar la carrera", reconoció. Otra opción era regresar a Córdoba, donde tenía parientes.

Pero llegó la pandemia y un llamado de su padre que resultó previsor. Les dijo a Ivana y a su hermana que prepararan todo porque iría a buscarlas en su auto antes de que cierren todos los caminos. El primer pensamiento de la joven fue que su padre estaba exagerando pero con los hechos posteriores comprendió la magnitud de lo que vino.

La cuarentena arrancó el 18 de marzo, un día después del cumpleaños de Ivana. En ese 2020, se quedó en San Luis por un año y medio en el que estudió a distancia y pudo solucionar el desarraigo, aunque se encontró con otros inconvenientes. "Conseguir telas no era tan fácil porque la compra on line no estaba tan extendida y en algunos locales ni siquiera aceptaban las transferencias, solo se pagaba en efectivo".

Mauras aprovechó entonces los paisajes de la provincia para realizar las producciones de fotos y videos que le pedían en su carrera y fue a Potrero de los Funes, Las Chacras y Salinas del Bebedero para realizarlas. "Algunas fueron premiadas", dijo orgullosa la empresaria.

Apenas volvió la presencialidad, Ivana regresó a Buenos Aires para los últimos años de estudio con la certeza de regresar a San Luis lo antes posible. "Terminé de cursar en diciembre, rendí mi último examen y al otro día ya estaba el camión de la mudanza para regresar", contó en repetición el inicio de sus estudios

Es que Ivana siempre se sintió ajena a la Buenos Aires de las supuestas oportunidades y más afecta a la tranquilidad puntana, al hecho de agarrar el auto "y en 20 minutos estar en La Florida".

Pero fue en el futuro laboral donde la diseñadora acertó con más ahínco en su decisión de regresar a su tierra. "Todos me decían que las oportunidades estaban allá pero a mí no me importó. Estaba seguro que desde acá podía desarrollarme y de hecho lo estoy haciendo".

En el primer paso, otra vez, estuvo su padre con su apoyo permanente. En Marketplace, un sitio que Ivana visita con frecuencia, vio un local que le pareció tan accesible como cómodo para montar su local y allá fue en busca de arrendarlo. Tan bien le fue que ahora se instaló en un espacio más grande y más céntrico.

El desafío diario de la joven es hacer alta costura en un mercado no tan acostumbrado, por eso apunta a los vestidos de egresadas como punto de inicio. "Además, las chicas –sostuvo la diseñadora- se animan a probar más cosas nuevas, son más jugadas", algo que le permite desarrollar su creatividad. Pero reconoció que el mayor flujo de pedidos busca diseños más clásicos.

La lucha de Ivana es contra una serie de prejuicios sobre su actividad que empiezan con el precio. "Cuando les paso el presupuesto a las clientas, muchas me dicen que creían que iba a ser el doble o el triple más caro". Otro es la búsqueda de una tela determinada: "Muchas me dicen que no la vamos a conseguir...Y siempre la conseguimos. Y si no la conseguimos, tenemos alternativas".

De todos modos, lo que Mauras considera más complejo en el mercado es hacerse conocer, una función que, con dos años y medio de trabajo en San Luis, emprendió con la misma pasión de todo lo que esté relacionado con su labor. El primer paso, asegura, es hacerle entender a la gente que un vestido a medida no es inaccesible y que en la provincia está el talento que algunos buscan en Mendoza, Córdoba, Buenos Aires u otras plazas donde se suman los costos de envío y los inconvenientes que es trabajar a distancia con las medidas.

Un paso importante en esa tarea lo dará en febrero del año que viene cuando viaje a Nueva York para ser parte de un encuentro de modas muy importante para el que se prepara hace un mes. "Eso fue una locura", responde cuando le preguntan cómo llegó hasta el certamen; o más bien, cómo el certamen llegó a ella.

"Yo no inscribí en ninguna aplicación, no mandé ningún currículum, no hice nada. Un día estaba entrando al supermercado y me llegó un mensaje larguísimo que decía que habían visto mi perfil, que estaban interesados en mi trabajo y que querían tener una reunión", comenzó el relato de lo que será una experiencia inolvidable.

Lo primero que pensó Ivana fue que era víctima de una estafa, por lo que todos los pasos siguientes estuvieron signados por la desconfianza. No obstante aceptó la reunión, la programó para un día determinado y se puso a tomar mates tranquila, con la seguridad de que no la iban a llamar. Pero la llamaron.

En la charla, los organizadores le comentaron todo y le dijeron que la esperaban el 12 de febrero en el Sony Hall de Nueva York solo con sus vestidos. "Ellos se encargan de las modelos, del peinado, del maquillaje, así que estoy muy entusiasmada".

Allá irá Ivana con sus sueños, con su entusiasmo, pero antes que nada con sus prendas, el testimonio de su trabajo y de su presente, para el que se preparó durante años, aun con algunas turbulencias que supo atravesar.

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Fuente: El Diario de la República

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