Jesús Misericordioso y una asistencia que crece sin techo
La parroquia Jesús Misericordioso, en Posadas, brinda comida y contención a más de 500 personas entre niños y adultos.

La parroquia Jesús Misericordioso ostenta el complejo título de ser la más grande de la Diócesis de Posadas en cantidad de habitantes a pesar de que sus límites geográficos no son tan extensos si uno los compara con otras comunidades del interior provincial. Sin embargo, sus calles albergan un conglomerado humano populoso y dinámico que desafía diariamente los esquemas tradicionales de la asistencia eclesial. Allí, el trabajo pastoral se funde de manera inevitable con una trinchera social que no da tregua y que les lleva a brindar un plato de comida, una merienda a más de 500 personas, entre niños y mayores, algo que en estos tiempos complejos, además va en aumento.
El padre Roberto Bobadilla, actual párroco, asumió la conducción de ese territorio con la certeza de que el mayor reto no reside en las formalidades del templo, sino en el acompañamiento de las realidades heterogéneas que surcan cada sector.
Las capillas del lugar muestran una particularidad que sorprende a los propios observadores porque poseen una autonomía y un movimiento comunitario que, en ocasiones, supera la actividad de la sede central. "Ese dinamismo descentralizado responde al legado de gestiones anteriores y, fundamentalmente, a un perfil social marcadamente solidario que debió consolidarse a la par de las problemáticas barriales", indicó Bobadilla.
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El termómetro de la coyuntura económica actual se refleja en las ollas y mesones de los centros asistenciales dependientes de la parroquia. Las estadísticas se traducen en filas cada vez más largas de personas que se acercan en busca de una ración de comida o de una taza de leche.
Según explica el propio párroco, "la asistencia en los merenderos experimentó un crecimiento sostenido", encendiendo las alarmas de los coordinadores y forzando una constante reestructuración de los recursos disponibles.
La fisonomía de quienes solicitan asistencia comunitaria está cambiando de forma drástica. "Se observa con preocupación que familias y sectores sociales que anteriormente lograban autosustentarse sin recurrir a la ayuda parroquial, hoy se ven obligados a golpear las puertas de las capillas por un plato de comida o una taza de leche. Creció, uno nota que ha aumentado la cantidad de gente que se acerca a pedir ayuda, a pedir auxilio con algunas cosas", remarcó Bobadilla.
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Con los años, la modalidad dejó de ser exclusiva para el público infantil y mutó hacia un sistema de viandas familiares, calculando las porciones en base al número de integrantes del grupo familiar para que el alimento llegue directamente a la mesa del hogar.
Por otro lado, la llegada de los frentes fríos estacionales desnudó otra problemática severa en la zona: la presencia de personas de avanzada edad y jóvenes en situación de calle absoluta. Ante la falta de una infraestructura edilicia destinada a albergar pernoctes formales, la parroquia adoptó una decisión de emergencia, transformando los sectores techados de su predio en refugios comunitarios provisionales.
Bajo el tinglado principal, quienes se acercan pueden encontrar colchones y mantas para resguardarse de las bajas temperaturas que castigan a la región.
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La subsistencia de esta red de contención depende casi exclusivamente del aporte voluntario de la ciudadanía y del trabajo coordinado de Cáritas Parroquial. La institución mantiene activa una campaña permanente de recolección de abrigos, calzados y frazadas. Las donaciones pueden canalizarse a través de la secretaría durante los días hábiles o entregarse directamente antes del inicio de las celebraciones litúrgicas de los sábados y domingos.
Bobadilla no escatima elogios para definir a sus fieles como una comunidad sencilla, generosa y profundamente movilizada ante el dolor ajeno.
Sin embargo, los recursos propios son finitos y la estructura requiere del auxilio de sectores con mayor capacidad económica para garantizar la continuidad del servicio social. Conscientes de las suspicacias que a veces generan los aportes a entidades intermedias, desde la conducción parroquial implementaron una política de puertas abiertas basada en la verificación in-situ de las obras.
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Las autoridades insisten en que cada benefactor tiene el derecho y la invitación abierta a recorrer los barrios junto a los servidores civiles, con el fin de certificar en el lugar exacto el destino final de sus aportes económicos o materiales. De esta forma, la comunidad de Jesús Misericordioso busca no solo alimentar los cuerpos, sino edificar un modelo de confianza mutua que sirva de sostén.
El sacerdote Roberto Bobadilla, señaló que "los comedores y merenderos, en el ámbito parroquial, trascienden la asistencia alimentaria. Su sentido profundo es brindar contención integral, siendo un espacio donde las personas reciben no solo un plato de comida o una jarra de leche sino también dignidad, escucha activa, esperanza y un punto de encuentro comunitario para los sectores más vulnerables".
Destacó como ejes de estos espacios y actividad a la "promoción humana y dignidad. El objetivo no es solo saciar el hambre, sino devolver el valor a las personas y ofrecerles un espacio de cuidado. Son lugares de escucha donde, ante las crisis, las personas encuentran apoyo, abrazos y un refugio contra la soledad y la exclusión, en este caso en Itaembé Miní".
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En la misma línea apuntó que "es un servicio comunitario y voluntario que fomenta la solidaridad activa entre los vecinos, fortaleciendo el tejido social y el trabajo conjunto.
Además, se materializa el mandato evangélico de asistir al prójimo sufriente "cuando lo hicieron con algunos de los más pequeños, me lo hicieron a mí", como una extensión viva de la fe, integrando la labor social con el acompañamiento espiritual".
Capilla Virgen de Guadalupe: lunes, miércoles y viernes. Entrega 100 (cien) raciones por día, en formato vianda. Necesitan una cocina e insumos como leche, azúcar, harina, aceite, mermelada u otro dulce.
Capilla Virgen de Schoenstatt: lunes, miércoles y viernes. Entrega 40 (cuarenta) raciones por día de manera presencial. Necesitan leche, azúcar, harina, aceite, levadura y mermelada.
Casa Pastoral de Loreto: lunes a viernes. Entrega 120 (ciento veinte) raciones por día en vianda. Necesitan azúcar, harina, aceite, dulce de batata o membrillo y mermelada. Sede Parroquial Jesús Misericordioso: lunes, miércoles y viernes. Entrega 140 (ciento cuarenta) raciones por día en vianda. Necesitan harina, azúcar, leche, aceite, levadura y mermeladas.
Comedor Divina Providencia: solo los lunes y viernes, por falta de recursos pero por la demanda debería funcionar todos los días. Entrega 50 raciones por día y necesitan carne o pollo, verduras, arroz y fideos.
Familia de Nazaret: antes de la catequesis sirve la merienda. Necesitan leche, azúcar, harina, aceite o galletitas.
Santa Faustina: solo funciona el cuarto sábado de cada mes. Sirven merienda a los niños de catequesis, aunque quisieran darle todos los sábados pero no tienen recursos. Presencial y necesitan leche, azúcar, aceite y harina.
Fuente: Primera Edición
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