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Jorge Auat en exclusiva con EL LIBERAL: "La deuda en derechos humanos es permanente y el legado es seguir trabajando por su vigencia"

El ex fiscal general de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad y miembro de Justicia Legítima, habló sobre las deudas pendientes en materia de derechos humanos, el valor de la memoria, los juicios por la verdad y los desafíos del…

Por Marcelo Jozami8 min de lectura
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Jorge Auat en exclusiva con EL LIBERAL: "La deuda en derechos humanos es permanente y el legado es seguir trabajando por su vigencia"
Jorge Auat en exclusiva con EL LIBERAL: "La deuda en derechos humanos es permanente y el legado es seguir trabajando por su vigencia" · Foto: El Liberal

El ex fiscal general de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad y miembro de Justicia Legítima,  habló sobre las deudas pendientes en materia de derechos humanos, el valor de la memoria, los juicios por la verdad y los desafíos del Poder Judicial. El especialista disertará mañana en la Feria del Libro, donde abordará "Juicios por la verdad: memoria, justicia y las deudas del presente".

Crédito: Foto El Liberal

Jorge Auat: “La deuda en derechos humanos es permanente y el legado es seguir trabajando por su vigencia”

Por Marcelo Jozami

Jorge Auat en exclusiva con EL LIBERAL: "La deuda en derechos humanos es permanente y el legado es seguir trabajando por su vigencia" Jorge Auat en exclusiva con EL LIBERAL: "La deuda en derechos humanos es permanente y el legado es seguir trabajando por su vigencia"

En diálogo exclusivo con EL LIBERAL, el Doctor Jorge Auat,santiagueño, ex fiscal general de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad y miembro de Justicia Legítima, reflexionó sobre la vigencia de los derechos humanos a 50 años del golpe militar, el debate en torno a la memoria y la cantidad de desaparecidos, además de analizar la situación actual del Poder Judicial y distintos temas que forman parte de la agenda política y judicial argentina.

—¿Cuál o cuáles son las deudas del presente en materia de derechos humanos?

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—Creo que un derecho no se adquiere de una sola vez y para siempre. En materia de derechos humanos no se pueden poner límites temporales ni parcializar la cuestión. La deuda es permanente. Hay un solo camino: seguir luchando por la vigencia de los derechos humanos.

Existe un error conceptual al pensar que los derechos humanos se resuelven en los tribunales. No. La deuda es permanente y el legado consiste en seguir trabajando por su vigencia.

Esa es justamente la importancia de la memoria. La memoria mantiene vigente la injusticia del pasado en el presente y esa injusticia le da legitimidad al reclamo de justicia. En la medida en que la injusticia tenga vigencia, mantiene vivo el reclamo de justicia. El reclamo de justicia siempre surge a raíz de una injusticia, y esa injusticia se visibiliza a través de la memoria.

Por eso preocupa tanto la memoria.

—En el contexto actual de la Argentina, ¿los derechos humanos son respetados?

—Hay una tensión permanente. Siempre existe la posibilidad de que los derechos humanos sean conculcados o soslayados.

Pero precisamente hay que pensar dónde se aloja su defensa. Se aloja en la sociedad. Puede haber modelos políticos, económicos o sociales a los que les moleste el reclamo por los derechos humanos, porque los derechos humanos a veces incomodan al poder.

¿Por qué? Porque limitan. Y de eso se trata. Es la sociedad la que tiene que construir.

La memoria colectiva que se construyó en la sociedad argentina no fue patrimonio de ningún gobierno. Es de la sociedad. Es agenda social.

Eso es lo que hay que entender. Y esa carga moral de mantenerla vigente es precisamente de lo que se trata y de lo que están haciendo ahora los organismos en la Feria del Libro con esta iniciativa.

—Se habla y se discute sobre memorias encontradas o disidentes, particularmente en torno a la denominada "memoria completa". ¿Cuál es su análisis a partir de su trabajo constante en la defensa de los derechos humanos?

—Cuando se reclama la denominada "memoria completa", se está intentando reactualizar un debate vinculado con la teoría de los dos demonios. Conceptualmente, eso es equivocado.

La memoria colectiva no es incompleta. Es lo que es en su universo en sí misma. No hay razón para pensar que esa memoria es incompleta. ¿Por qué se construyó? Porque fue la memoria que construyó el pueblo.

El dolor de la sociedad frente al horror construyó esa memoria. No es incompleta. Nadie impidió que existiera otra memoria. Simplemente no se construyó.

Evidentemente, probablemente ese crimen industrializado que fue el terrorismo de Estado generó tanto dolor que ese dolor se convirtió precisamente en el insumo que permitió construir una memoria colectiva que mantiene su vigencia y que no puede simplemente dejarse atrás. Ese es el problema.

—Doctor, otra gran discusión tiene que ver con el número de desaparecidos.

—Tengo un trabajo sobre eso que se llama La cifra. Precisamente, cuando se discute el número de víctimas, de alguna manera se banaliza el crimen.

¿Qué significa esto? Cuando se discute la cantidad, se está diciendo "no fueron tantos". En consecuencia, se le baja intensidad al crimen.

Hay una teoría del filósofo Walter Benjamin que habla de las dos muertes: existe una muerte física y una muerte hermenéutica. La segunda tiene que ver con banalizar lo que pasó.

El primer dato que suele utilizarse para banalizar un crimen es la cantidad. Ya pasó con el Holocausto. Creo que esa es una actitud estratégica cuya finalidad es precisamente la impunidad.

Apunta a que el crimen sea olvidado. Hay teorías que sostienen que los crímenes de masa no son tan importantes por la cantidad de víctimas, sino porque pueden convertirse en proyectos de olvido.

Y se construyen argumentos para darle sustento a ese proyecto: "no fueron tantos", "pasó por tal cosa". La humanidad lo ha vivido y la historia permanentemente lo refleja.

Desde el Holocausto existe esa problemática. Hay un discurso de un general nazi dirigido a sus tropas en el que les dice que van a entrar en una historia que nunca se va a escribir. Ahí está el centro de gravedad del proyecto: banalizar lo ocurrido.

Incluso desde la filosofía hubo aportes. Hegel hablaba, desde una determinada concepción del progreso, del costo del progreso. Utilizaba la imagen de las flores que se pisan al borde del camino cuando se avanza. No digo que Hegel haya pensado específicamente en esto, sino que lo menciono para explicar de qué modo se fue nutriendo la idea de que, en definitiva, existen costos que hay que pagar para avanzar.

Después está la alegoría de Walter Benjamín sobre el ángel de la historia. Pero quiero señalar algo: en la base está el proyecto de olvido.

Es un crimen pensado para ser olvidado. Por eso también está la figura del desaparecido. Hay otros componentes relacionados con la dignidad, pero me refiero a por qué tiene ese componente que usted señala: discutir la cantidad es estratégico porque busca quitarle importancia crítica.

No es que reclamen memoria completa. Reclaman impunidad, que no es lo mismo. Entonces, ¿todos somos culpables? No hay culpables.

—A 50 años del golpe militar, ¿todavía hay preguntas sin respuestas?

—Lo más importante no es la respuesta, sino la pregunta. Mientras la pregunta esté vigente, evidentemente hay que seguir buscando respuestas.

El tema es la pregunta. Lo fundamental es la pregunta. Si nosotros seguimos preguntando, me parece que se mantiene viva la memoria.

Evidentemente, es la memoria la que le da cierta operatividad. Se hace operativa desde la pregunta.

—¿Cuál es su opinión sobre otro tema que también se plantea de manera recurrente: la modificación del Poder Judicial?

—Creo que está claro que hay un poder judicial en crisis. Hay un poder judicial que no tiene prestigio y eso lo marcan las encuestas. Hay que hacerse cargo de esa situación.

El Poder Judicial tiene que empezar a trabajar para cambiar esa imagen. Después vendrá el debate sobre de qué modo y cómo se cambia, pero evidentemente esto es perentorio. La sociedad exige un cambio.

Y el Poder Judicial tiene que dar esa discusión. Nosotros, en su momento, lo propusimos cuando creamos Justicia Legítima. La creamos con la idea de empezar a discutir un modelo de poder judicial y un modelo de sistema judicial.

Tarde o temprano esa discusión se va a dar. Además, la política es dinámica. La sociedad va cambiando y hay que adecuarse a esos cambios y dar respuestas.

Nosotros tenemos un Poder Judicial con un modelo que tiene alrededor de 100 años. Creo que hay que entender que, en definitiva, hay que hacerse cargo. La autocrítica es fundamental.

—¿Cómo define la actitud que toma actualmente la Corte Suprema?

—Tendría que mirar caso por caso. Lo que sí tengo claro es que es una corte a la que le faltan integrantes. Ese es el tema.

La garantía de un Poder Judicial que esté a la altura de lo que la sociedad espera también pasa por una reestructuración de la Corte. Sin entrar en cuestiones puntuales, está claro que, en mayor o menor medida, hay un déficit. Hay una deuda del sistema judicial con la sociedad.

Y creo que el modelo de poder judicial no puede quedar fuera de cualquier discusión política. No puede estar al margen.

Esto es fundamental. No puede estar al margen. Incluso creo que podría ocupar un lugar central en el debate.

—Otra de las cuestiones que generan discusión es "Cristina Libre" y el debate sobre por qué y para qué está detenida la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. ¿Cuál es su mirada?

—La condena está firme y que esté presa es una consecuencia de esa condena. Evidentemente, habría que revisar hasta dónde esa condena tiene la legitimidad que tiene que tener.

Y esto también forma parte del debate. Si la sociedad reclama, si no está conforme con el fallo y si las encuestas muestran un porcentaje de aceptación social importante hacia ella, habría que preguntarse cuál es la razón por la cual se reclama.

La respuesta casi que surge como una consecuencia lógica del propio análisis. Es un desenlace del que también hay que hacerse cargo.

Si la sociedad considera injusta su condena, hay que hacerse cargo de ese reclamo. Es natural que la sociedad reclame.

Tampoco hay que enojarse porque la sociedad reclama. Las sentencias y los procesos penales tienen un cometido de paz. Si no pacifican, habrá que preguntarse por qué.

Tienen un contenido de orden y un efecto de paz social. Si no pacifican, habrá que preguntarse por qué. Esa es la conclusión.

Fuente: El Liberal

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