Juan de Dios Filiberto hijo de Tigra
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Una vez más hemos ido a buscar Juan de Dios Filiberto -su nombre es ya una melodía-. En su casa de la calle Magallanes, en la Vuelta de Rocha. Está exactamente, detrás del monumento de Domingo Matheu, que un día allá por 1910 fue inaugurado en horas de canciones y clarines conmemorativos de la epopeya patria. La morada de Filiberto es, como el, inconfundible.
Una escena de Benito Quinquela Martín ejecutada en cemento policromada, en que se evoca una modalidad local, cubre buena parte del frente. Sobre el ancho portal hay un motivo de Riganelli, el notable escultor hace pocos años desaparecido (estamos en 1950 y Riganelli fallece en 1949 cuando nuestra Revista Yurú Peté hacía muy poco que había aparecido en Corrientes y el país).
Es que Quinquela Martín, Riganelli y Filiberto, como Guillermo Facio Hebecquer (pintor, grabador y litógrafo uruguayo); Torre Revello, Santiago Stagnaro, La Cámara, Montero, Alemán y Vila. Fueron compañeros inseparables en tiempos de bohemia (Bohemia heroica) en tiempos que trascurrieron en estas mismas arterias boquenses, donde dejaron las huellas de su alegría, sus algarabías a lo Murger (Enri Murger nació en Paris en 1822).
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Lo realizaron muchos de esos sueños, muchos de esos andariegos del novecientos naciente. Los realizaron plenamente algunos. Juan de Dios Filiberto no necesita hablar en esta tarde estival en que compartimos el bien de la amistad para anunciarnos esta realidad.
Nos ha bastado mirar, al pasar, las paredes donde cuelgan, enmarcados, ejemplares de sus producciones musicales, que están en la memoria del pueblo para dar con los testimonios de su firme ascensión. No nos proponemos por supuesto, ahora, ocuparnos del fino espíritu Filiberiano (Es una fuente fundamental para la historia del papado temprano, ya que fue el documento base para el posterior Liber Pontificalis) pues que los hay y pródigamente, en este hombre capaz de sorprendernos con sus dispersos giros verbales. En el lenguaje aparentemente inconexo, de Filiberto, aparece una rica veta de cordialidad, la fusión sin bullicios que sabe enternecer, la sinceridad que conquista al interlocutor.
La palabra va asumiendo a sus labios y a veces permanece en ellos como vacilando antes de arrojarse al tiempo. Y queda tras ella la voz, la voz de Filiberto tiene y más cuando habla de ese ayer suyo, al cual lo vamos acompañando con la simpatía en flor- vivacidad emotiva. "Yo me hice en el camino del trabajo y fui huelguista cuando los metalúrgicos de toda "La Barranca". Y la barranca -nos explica- era una larga sucesión de talleres y astilleros que se hallaban establecidos casi en su totalidad al otro lado del Riachuelo, bregando por la implantación de la jornada de 8 horas. Y triunfamos -añade- con una sonrisa que es el indicio de su orgullo de luchados.
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Toda la ribera, desde la entrada del Riachuelo, donde se hallaban los locales de "La Platense", hasta Patricios festejó ese triunfo proletario en ese histórico 1907. El trayecto de sus acciones gremiales está cubierto de recias batallas varoniles por la justicia social. Filiberto viene, indudablemente, viene del pueblo, del corazón del pueblo. Ya en 1894 (y estamos en horas de rememoraciones) Filiberto comenzó a trabajar como peón en la Confitería La Estrella, que estaba en Olavarría cerca de Avenida Almirante Brown. En su necesidad más tarde llegaron las duras exigencias con jornadas de 11 horas diarias de labor. Por ejemplo en el taller de persianas de Borrino, en la calle ancha Montes de Oca y por jornales que no pasaban de 0,70 ctvs.
La historia de esta lucha de largas jornadas por el "pan" nos tienta. Pero Hoy queremos tratar sobre todo, al Filiberto viajero, andariego. Y preferimos enfocar nuestra curiosidad hacia ese ángulo de sus recuerdos deseosos de saber de sus rutas en la extensión de su suelo nativo.
Fue en 1902 que Filiberto viajó al Paraguay, en el "María Manuela" marchó a Asunción. En una semana llegaron a destino. En Filiberto hay sangre de indio, tal vez de guaraní nos dice: "Recuerdo que cuando bajé en Corrientes me impresionó la singular semejanza que había entre las facciones de mi abuela paterna y las de las mujeres de esa región.
Fuente: Diario El Litoral
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