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Kermés Científica: jugar, tocar y descubrir cómo se hace la ciencia

La 10a Kermés Científica llevó más de 20 proyectos de investigación a la plaza 9 de Julio para acercar la ciencia a través del juego.

Por Viviana Bonada3 min de lectura
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Kermés Científica: jugar, tocar y descubrir cómo se hace la ciencia
Kermés Científica: jugar, tocar y descubrir cómo se hace la ciencia · Foto: Primera Edición

Aprender muchas veces puede superar la hoja de papel y el laboratorio, y en la 10a Kermés Científica cientos de estudiantes pudieron experimentarlo mientras recorrían una muestra de más de 20 proyectos de investigación de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales (FCEQyN) que se instaló ayer en la plaza 9 de Julio.

Esta vez, la exposición se extendió durante la mañana y la tarde, con una propuesta abierta también al público general para acercarse de una manera distinta a la ciencia producida en Misiones: poniendo en marcha los sentidos a través del juego.

Alice Rambo, secretaria de Extensión y Vinculación Tecnológica de la FCEQyN, contó en entrevista con PRIMERA EDICIÓN que la kermés "es un evento que crece año a año" en convocatoria y en stands: en esta edición se incorporaron cuatro nuevos.

El espíritu de la iniciativa, sin embargo, sigue siendo el mismo: que "todos los proyectos de investigación salgan a la calle a mostrar al público" lo que hacen en el laboratorio, pero adaptando "ese conocimiento científico a un formato lúdico comprensible para que los estudiantes también conozcan y vean lo que se produce en las aulas de la universidad", dijo Rambo.

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En la muestra hubo stands dedicados a la biodiversidad animal y vegetal misionera, los hongos, la fabricación de papel, la observación microscópica y el estudio del ADN de células vegetales, además de un taller abierto para aprender maniobras de reanimación cardiopulmonar.

La invitación en todos los casos era la misma: observar, tocar y experimentar con distintos materiales, ejemplares de seres vivos conservados, maquetas y herramientas que viajaron desde el laboratorio a las manos de los estudiantes y curiosos.

La consigna que organiza cada kermés es la de "Prohibido no tocar": "Los chicos tienen que acercarse, ponerse los guantes, agarrar a los anfibios, a los ofidios, tenemos ranas, serpientes que obviamente no están vivas, pero los chicos pueden tocar, experimentar", explicó Rambo, usando de ejemplo uno de los stands más visitados: el del Laboratorio de Genética Evolutiva.

En esa mesa, chicos, jóvenes y grandes encontraron una colección biológica que incluía anfibios, reptiles y pequeños mamíferos, incluidos roedores y murciélagos. También había réplicas de pequeña escala de sus esqueletos.

"En el caso de los anfibios y reptiles, ellos mueren por tocarlos, no sé por qué, pero les gusta mucho palparlos, con guantes que por supuesto les damos, y también pasa con los mamíferos, porque tenemos una colección de pieles. Sobre todo los más chiquitos, los más grandes por ahí sí se interesan un poco más sobre la diversidad y preguntan", contó el investigador y licenciado en Genética Juan Boeris sobre los visitantes.

Que la ciencia se aprenda de esa manera para Boeris estimula "que los chicos se interesen y pierdan el miedo", como también señaló Alejandra Goncalves, docente e investigadora universitaria que acompañó la kermés con un nuevo proyecto centrado en los frutos rojos regionales.

"Creo que es la mejor manera de aprender, esto de tomar contacto con los distintos sentidos. Con la pitanga les decimos 'estrujen la hoja y sientan el aroma'. Todo eso llega de otra manera y genera apertura a conocer. Llegan súper curiosos y la curiosidad también es parte de hacer ciencia", dijo Goncalves.

Detrás de cada stand de la kermés había un equipo de investigadores acompañando ese momento de descubrimiento, y Goncalves señaló que para ellos la kermés también es sinónimo de aprendizaje: tienen que contar en palabras simples qué hacen todos los días.

"La comunicación pública de la ciencia es algo necesario y que nos encanta. Es como abrir las puertas del laboratorio, llevar lo que hacemos a la plaza. Todos los científicos deberíamos poder comunicar en palabras simples y poder contar lo que hacemos, porque para valorar hay que conocer", cerró la docente.

Fuente: Primera Edición

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