La bandera y su creador

Por Prof. Edmundo Jorge Delgado - Magíster en Historia
Todavía el General Manuel Belgrano no libraba las batallas de Tucumán y Salta, y en una actitud coherente a su pensamiento, dispuso la creación de nuestra enseña nacional, hecho que denota claramente su ánimo de estimular las tendencias de la emancipación continental. Tal evento se concretó el 27 de febrero de 1812, en circunstancias en que las autoridades lo enviaron al mando del Regimiento Nº5, antes llamado Patricios, con el objetivo de fortificar la Villa del Rosario con dos baterías, para proteger las costas del río Paraná de las invasiones españolas.
Días antes de ese suceso recibió con sumo agrado la noticia de que el gobierno de Buenos Aires, inducido o presionado por la llamada "Sociedad Patriótica", había autorizado el uso de la escarapela nacional "de las Provincias Unidas del Rio de la Plata"; ahora era obligatorio para todas las tropas portar este distintivo de color azul-celeste y blanco, pero "la puede llevar cualquier paisano como distinción de nuestro actual sistema…".
Tal noticia incitó a Belgrano a crear prontamente la enseña patria, sin titubeos y prescindiendo de la burocracia gubernativa y de los argumentos diplomáticos. En una pequeña fortificación a la vera de este río, luego de inaugurar la segunda batería, denominada "Independencia", izó una bandera descripta "como celeste y blanca conforme a los colores de la escarapela nacional".
Hay que señalar que se daba la extraña situación que nuestros incipientes ejércitos utilizaban como emblemas las banderas reales, combatiendo ambos bandos bajo el pliego de las mismas insignias. Para Belgrano era necesario y urgente diferenciar nuestras tropas de las españolas, más allá de cuestiones diplomáticas, pues en esos momentos y por razones de política externa -injerencia inglesa-, no había que hablar aún de independencia. Pero nuestro héroe enarboló nuestra bandera, lo que le valió los retos del Triunvirato, a la par que era nombrado Jefe del Ejército del Norte.
Tenía solamente 50 años de edad cuando el General Manuel Belgrano falleció, años que fueron suficientes para dejarnos semejante legado y ejemplo. Tenía solamente 50 años de edad cuando el General Manuel Belgrano falleció, años que fueron suficientes para dejarnos semejante legado y ejemplo.
En cuanto a los colores de aquella bandera y la disposición de ellos, existen controversias entre los historiadores, no llegando a dilucidarse totalmente el tema. No obstante un especialista en el asunto, que durante años se ocupó de estudiarlo, da una opinión o hipótesis esclarecedora. Según este investigador -José Manuel Peña-, la bandera aquella "debió haber sido blanca y celeste a dos franjas horizontales de igual ancho" aunque no hay documento que lo acredite. Pero existe una prueba derivada simplemente del sentido común: se trata del popular cuadro que el artista francés Francois Carbonnier pintó de Belgrano en 1815 en la ciudad de Londres. En el fondo del cuadro se observan dos banderas con las características mencionadas. Apunta también que el mismo Belgrano fue el modelo de la pintura, es decir que estuvo presente, estimando que él mismo habría asesorado al pintor sobre la confección de las banderas, por lo tanto es muy posible que las pintadas en el cuadro representen la que izara aquel glorioso día.
Este hombre, además de lo expuesto, fue un brillante abogado, militar -porque así lo requirieron las circunstancias-, periodista, versado en economía, educador y diplomático. Pasó los últimos días de su existencia en un estado de pobreza y orfandad que no tienen parangón en la historia.
Narran los historiadores entendidos en el tema, que en septiembre de 1819 abandonó definitivamente el mando del Ejército del Norte, afectado por una hidropesía avanzada, complicada con otras dolencias, que lo dejaron prácticamente postrado. Los últimos días de su vida castrense se sucedieron de forma trágica; poco y nada dormía, carente de las ropas adecuadas, mal alimentado, sin las medicinas necesarias que requería su calamitoso estado de salud y sobre todo preocupado y triste por los hechos azarosos que habían comenzado a azotar a su patria.
En esas circunstancias escribió unas palabras conmovedoras: "Sé que estoy en peligro de muerte, pero la conservación del ejército pende de mi presencia. Aquí hay una capilla donde son enterrados los soldados: también puede enterrarse en ella al general…".
Iniciado el largo viaje a Buenos Aires, derrotero que gran parte lo hizo desvanecido en una cama, llega a Tucumán. Es aquí donde no sólo fue detenido por haber estallado una asonada, también es amenazado de ser engrillado, sin ningún halo de humanidad, a pesar del evidente hinchamiento que soportaban sus piernas. Fue su médico quien suplicó a los cabecillas que no se realizara semejante acto de salvajismo.
Ya en libertad, llegó a Córdoba con sus recursos económicos totalmente acabados. Gracias a un providencial comerciante, quien le facilitó los medios necesarios, pudo continuar su tortuoso viaje. Teniendo como escenario la temible anarquía que vivía el país, llega por fin a Buenos Aires. En tristes circunstancias, como los apremios económicos, el tremendo olvido del que fue objeto y las luchas internas, Belgrano redacta su testamento, en el cual sobresale su profunda fe cristiana y una cláusula en la que deja sus pocos bienes, luego de pagadas sus deudas, a su hija Manuela Mónica, quien en ese entonces sólo tenía un año de edad. Su muerte se produce a las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820. Tenía solamente 50 años de edad, años que fueron suficientes para dejarnos semejante legado y ejemplo.
Fuente: Diario de Cuyo
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