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La Bayadera vuelve al Teatro Lírico: amor prohibido, sacrificio y una puesta que exige más que técnica

La Bayadera regresa al Teatro Lírico de Posadas con una nueva puesta de Mario Silva y cuatro funciones gratuitas en septiembre.

Por Viviana Bonada5 min de lectura
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La Bayadera vuelve al Teatro Lírico: amor prohibido, sacrificio y una puesta que exige más que técnica
La Bayadera vuelve al Teatro Lírico: amor prohibido, sacrificio y una puesta que exige más que técnica · Foto: Primera Edición

El amor prohibido, la traición, la muerte y un reencuentro que parece posible únicamente en el territorio de los sueños volverán a cobrar vida sobre el escenario del Teatro Lírico, con el regreso de La Bayadera, uno de los grandes clásicos del ballet. La obra tendrá una nueva puesta en escena realizada por el maestro Mario Silva y contará con la participación de alrededor de 30 bailarines, entre ellos integrantes del Ballet y jóvenes de la Academia de Ballet de Moscú.

Para Suellen Villar, primera bailarina del Ballet, volver a interpretar esta obra representa mucho más que recuperar un título que ya había sido presentado años atrás. La artista destacó  en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones que se trata de una producción completamente renovada y definió el regreso como "un lujo" y un verdadero placer, tanto por la belleza de la obra como por todo lo que implica llevarla nuevamente ante el público.

En el centro de la historia está Nikia, una bayadera del templo sagrado, y su amor secreto por Solor, un guerrero que le jura amor eterno. Sin embargo, el vínculo está condenado desde el comienzo: por decisión de una autoridad superior, Solor debe casarse con Gamsati, la hija del rajá. A partir de allí, la historia se precipita hacia la traición.

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Durante el compromiso, Nikia recibe una canasta de flores que oculta una serpiente. Tras ser mordida, rechaza la posibilidad de sobrevivir y decide morir tomando el antídoto. Solor, atravesado por la culpa, termina en el Reino de las Sombras, donde la frontera entre la fantasía, el sueño y la realidad se vuelve difusa. Allí se produce el esperado encuentro con Nikia y aparece la posibilidad de cumplir, al menos en ese universo, el juramento de amor que ambos habían realizado.

La historia transcurre en la India antigua, aunque, como explicó Villar, está atravesada por una estética con un remate de inspiración oriental. En ese contexto, las bayaderas son bailarinas consagradas al templo sagrado. Además de su función artística y religiosa, cumplen tareas al servicio del templo, como llevar agua a sus sirvientes. Nikia ocupa un lugar central dentro de ese grupo al ser la bayadera principal.

Pero el amor prohibido no se limita a los protagonistas. También alcanza al Gran Brahmín, quien se enamora secretamente de Nikia, pese a que tampoco puede establecer una relación con ella.

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Detrás de la espectacularidad que el público observa durante una función existe un proceso de preparación que, para una primera bailarina, demanda mucho más que dominio técnico. Villar remarcó que interpretar una obra como La Bayadera supone asumir el desafío de vivir la historia en escena, y no limitarse a reproducir una secuencia de movimientos.

"Llevar una obra no es solamente ejecutar los pasos", explicó, porque para ella cada función implica conseguir que la historia llegue tanto al espectador que conoce el ballet como a quien se acerca por primera vez a este lenguaje artístico.

En esa relación con el público aparece, precisamente, uno de los mayores desafíos. Cada función es irrepetible y la bailarina entiende que el objetivo es "eternizar ese momento para ese público". Por eso, además de la exigencia técnica, existe una responsabilidad interpretativa: conseguir que quienes están frente al escenario comprendan y sientan lo que está sucediendo.

La preparación comienza mucho antes de que se levante el telón. Clases todos los días, ensayos, descanso y alimentación forman parte de una rutina que exige disciplina física y mental. Villar puso especial énfasis en este último aspecto y cuestionó la idea extendida de que las bailarinas simplemente dejan de comer para sostener una determinada imagen corporal.

Por el contrario, explicó que existe una preparación física y mental permanente y que la alimentación resulta fundamental para sostener el esfuerzo. "La salud está en primer lugar", señaló al describir una disciplina en la que el cuerpo constituye la principal herramienta de trabajo.

La nueva producción reunirá a una media de 30 bailarines, incluyendo a participantes de la Academia de Ballet de Moscú, que se incorporan como refuerzo. Para Villar, la convivencia entre la Academia y la compañía representa además una oportunidad concreta de crecimiento profesional para los jóvenes que forman parte de ella.

El elenco está integrado por primeros bailarines, solistas, corifeos y cuerpo de baile, un conjunto en el que cada integrante cumple una función necesaria para construir la puesta. También participan integrantes de la Academia que colaboran en determinados roles de presencia escénica y aportan desde lo artístico.

Para los bailarines más jóvenes, esa posibilidad de compartir escenario y proceso de trabajo con una compañía profesional representa, además, una instancia de aprendizaje que trasciende la función.

Villar lleva 14 años en la compañía y desde esa experiencia observa una transformación en la relación entre el Ballet y el público misionero. Según relató, la presencia de espectadores se hizo especialmente fuerte en los últimos años y, a su entender, se consolidó desde la pandemia.

Actualmente, la compañía cuenta con un público fiel y recibe espectadores que llegan desde otras localidades y provincias. La respuesta, aseguró, se refleja en salas llenas durante buena parte de las funciones.

Incluso recordó una presentación realizada un viernes con lluvia y frío en la que, pese a las condiciones climáticas, el teatro estuvo lleno. Pero lo que más valora no es solamente la cantidad de personas que concurren, sino el vínculo que se genera después de cada función: espectadores que se acercan, saludan, agradecen y comparten lo que la obra les provocó.

Para la primera bailarina, ese gesto tiene un enorme valor. "Yo soy la más agradecida", reconoció, al destacar el esfuerzo de quienes salen de sus casas para acercarse al teatro y compartir ese momento con los artistas.

La Bayadera se presentará los días 11, 12, 18 y 19 de septiembre, a las 20, en el Teatro Lírico. La entrada será libre, aunque desde la organización recomiendan llegar con anticipación para asegurar un lugar.

La obra tendrá una duración aproximada de dos horas y media, incluyendo los intervalos. Estos fueron reducidos a unos diez minutos como máximo, principalmente para permitir los cambios de vestuario y las modificaciones necesarias en el escenario.

Fuente: Primera Edición

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