La boca de lobo del Bajo Giuliani: señales que no alcanzan y una oscuridad que encandila
Un equipo de El Diario recorrió el cruce de las rutas 35 y 14 al caer la noche, en el mismo horario en que se desató la tragedia de las cuatro hermanas de 25 de Mayo. Las responsabilidades de Vialidad Nacional por la falta de luz, las trampas de un sector crí…

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EL DIARIO digital
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El cartel de la Ruta Provincial 14 que indica el empalme con la Ruta Nacional 35.
La trágica muerte de las cuatro hermanas oriundas de 25 de Mayo en el Bajo Giuliani no solo conmovió a la provincia, sino que activó de inmediato el pase de facturas y las especulaciones políticas sobre un reclamo cada vez más apremiante: la falta de iluminación en el cruce de las rutas nacional 35 y provincial 14.
Más allá de las discusiones de escritorio, la realidad técnica es inapelable: al tratarse de la traza mayor, la responsabilidad de mantener e iluminar la intersección le corresponde por ley al Gobierno Nacional, a través de Vialidad Nacional.
Para comprobar el estado real de la infraestructura en la que se consumó el desastre, un equipo periodístico de El Diario recorrió el lugar ni bien cayó la noche de este miércoles, exactamente a la misma hora en que el lunes la EcoSport despistó y terminó sumergida en el agua. El registro audiovisual que acompaña esta nota expone una combinación peligrosa de señalización existente y abandono lumínico.
Una "guardia" que confiesa la culpa
Tras la consumación de la tragedia, la reacción del organismo nacional rozó el absurdo y desnudó su propia negligencia. Vecinos y viajeros habituales confirmaron a este diario que, desde el día del accidente, una camioneta oficial de Vialidad Nacional con las balizas encendidas se estaciona en el cruce de manera intermitente. El vehículo oficial permanece allí unos 40 minutos, tanto de día como de noche, y luego emprende el regreso a Santa Rosa.
La insólita maniobra, lejos de constituir una medida seria de prevención vial, funciona como una confesión de parte: es el reconocimiento palpable, en territorio, de que el cruce es una trampa a oscuras y que la falta de iluminación exige parches temporales ante el escándalo público.
La camioneta de Vialidad Nacional que va y viene al lugar de la tragedia como "modo de prevención".
El recorrido de la tragedia
Ingresando por la Ruta Provincial 14 en dirección de oeste a este -el camino que realizaron las víctimas-, la señalización vial diurna parece estar en regla. "ATENCIÓN A 1800 MTS EMPALME RUTA 35", dice un cartel visible que tiene además el dibujo de la "T" en letra negra y fondo en amarillo. Luego, al iniciar el tramo del alteo, el camino queda confinado por guardarraíles a ambos lados. A los pocos metros del primer cartel, una segunda señal indica una velocidad máxima de 60 km/h y, más adelante, a unos 200 metros del empalme, una tercera señal exige reducir a 40 km/h.
Al llegar a la intersección propiamente dicha, se erigen los típicos carteles azules con flechas reflectivas: hacia la derecha se indica la salida al sur por la ruta 35; hacia la izquierda, el egreso al norte con destino a Santa Rosa. El problema es que las señales necesitan luz para reflejar, y allí no la hay.
El cruce es, textualmente, una boca de lobo. La Ruta 14 termina de manera abrupta sobre el empalme en T. Lo único que separa el final del asfalto de la laguna profunda es la calzada de la ruta 35 y un guardarraíl que, el lunes, no alcanzó para contener la inercia del vehículo en el que iban las hermanas de 25 de Mayo.
El peligro permanente
El tránsito permanente de vehículos que circulan de manera perpendicular por la 35 funciona, en teoría, como un indicador visual de que se está arribando a un empalme. Asimismo, quienes viajan por la ruta nacional y desean ingresar a la provincial cuentan con una dársena de giro que ordena el flujo, a diferencia de lo que ocurre un poco más adelante, donde el ingreso al barrio Cuesta del Sur se vuelve una verdadera odisea diaria y una trampa de tránsito.
Sin embargo, de noche y sin luminarias, las distancias se distorsionan y las referencias se pierden. El imponente caudal de agua a los lados de la ruta se vuelve invisible.
La tragedia ya se consumó y abrió los lógicos interrogantes judiciales sobre los minutos previos al accidente: ¿Era la primera vez que la conductora circulaba por allí y la oscuridad total le impidió prever la contingencia del final del camino? ¿Sufrió una distracción fatal o la sorprendió un imponderable sobre la calzada? Las pericias intentarán determinarlo. Mientras tanto, la recorrida de este diario deja una certeza: con los carteles no alcanza cuando el Estado Nacional apaga las luces de un cruce que sigue siendo un peligro latente.
Fuente: El Diario de La Pampa
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