La dramaturgia parlamentaria

El talento para las tablas es un elemento que no suele mencionarse entre las virtudes de los miembros de la honorable Legislatura catamarqueña. Resulta tan ostensible, que no es descabellado especular con alguna conjura pergeñada por sibilinos operadores contemporáneos del arte teatral tendiente a neutralizar competidores. Llama la atención que pase inadvertido en una tierra que alumbró luminarias de la dramaturgia como Juan Oscar Ponferrada, Horacio Monayar o Jorge Paolantonio, por no hablar de los actores, en mayor medida si se considera que no abundan en el Parlamento otras aptitudes tan dignas de celebración.
Las perseverantes angustias que atraviesa gran parte de la sociedad, producto de estrecheces económicas cuyo impacto se extiende hasta la salud mental, son una fuente inagotable de insumos para la manifestación de aflicciones en un recinto devenido en escenario. Arden los debates en que oficialistas y opositores se achacan mutuamente culpas por la decadencia, mientras se multiplican los proyectos dirigidos a solucionar el drama de pobres, desempleados, endeudados, emprendedores y ramas de la producción.
La crudeza de las confrontaciones retóricas proyecta una imagen de posiciones inconciliables, pero esconde las coincidencias medulares: todas las iniciativas requieren mermas impositivas o desembolsos estatales que en ningún caso afectan el Presupuesto legislativo.
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Catamarca es la segunda provincia que más recursos de su Presupuesto destina a solventar el Poder Legislativo: 2,7% del gasto público total. La media nacional es la mitad: 1,34. Catamarca es la segunda provincia que más recursos de su Presupuesto destina a solventar el Poder Legislativo: 2,7% del gasto público total. La media nacional es la mitad: 1,34.
Los aparentes antagonismos disimulan la consistencia de la solidaridad corporativa, en una trama argumental inspirada en el Martín Fierro: como hacen los teros para cuidar sus niditos, los legisladores pegan de un lado los gritos y en otro ponen los huevos.
La eficacia de esta estrategia para suspender la incredulidad del público se reduce significativamente en cuanto se advierte que la Provincia de Catamarca es la segunda que más recursos de su Presupuesto destina a solventar el Poder Legislativo: 2,7% del gasto público, superada sólo por Tucumán, que llega casi a 4. Duplica la media nacional, que es del 1,34%.
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La reducción de hasta el 50% del Impuesto a los Ingresos Brutos que propuso una bancada de la oposición en el marco de un "Régimen Excepcional y Transitorio de regulación Fiscal para MiPymes" debería, por ejemplo, traducirse en una merma de los fondos que mes a mes se derivan para el funcionamiento del complejo teatral parlamentario, para el que el Gobierno está construyendo un nuevo edificio porque ni sumando el Cine Teatro Catamarca, el Urbano Girardi y el Teatro del Sur alcanzaría para albergar los planteles legislativos. El Predio Ferial, como se sabe, está destinado al Poncho y otros eventos. El proyecto no profundiza en la forma de compensar el costo fiscal del generoso aporte a la reactivación.
Con la misma ausencia de argumentos económicos y financieros, para no dejarse madrugar por sus adversarios en asunto tan en boga como el del sobreendeudamiento, los oficialistas postularon un programa de Unificación Provincial de Pasivos, para alegría de los usureros embretados por la cesación de pagos de sus víctimas. CAPRESCA tendría que hacerse cargo de pagarles las acreencias engordadas a fuerza de intereses siderales, eximiéndolos de enojosos trámites o de tener que vender su cartera incobrable a precio de remate.
Para no ser menos, el diputado Javier Galán tiró la idea de utilizar las colocaciones financieras del Gobierno para otorgar aumentos a policías, docentes y trabajadores de la salud, mientras el ala libertaria volvió a la carga con la idea de purgar los planteles estatales de ñoquis.
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La inconsistencia económica no es, sin embargo, el peor de los inconvenientes que debe sortear la verosimilitud de la conmovedora saga parlamentaria. Hay un problema serio de "phsique du rol" de sus protagonistas, que se puso de manifiesto cuando el diputado Galán fue acusado de hacer trabajar en su corralón particular y chuscharles una parte del sueldo a empleados que designó en la Legislatura. La polémica en torno a la peripecia judicial del legislador se concentró en los supuestos abusos sexuales que se le endilgan, dejando lo que sería un fraude a la Legislatura en plano secundario.
Que nadie quiera profundizar demasiado en el detalle genera lógicas sospechas de que se trata de prácticas más extendidas de lo que se quiere admitir. Las especulaciones, que erosionan la credibilidad de los insignes tribunos para objetar pajas en ojos ajenos, se extreman cuando se abordan las cifras.
Con más de 3.000 agentes, el Poder Legislativo es el cuarto enclave estatal en cantidad de empleados, cosa extraña si se considera que el período ordinario de sesiones cubre tan sólo siete de los doce meses del año –de mayo a noviembre-, que uno de esos meses no se trabaja por las vacaciones invernales y que la productividad legislativa se concentra en la elaboración y sanción de proyectos de declaración o pedidos de informes, pues la mayoría de las leyes vienen cocinadas desde el Poder Ejecutivo. La Legislatura cuenta con un 36% más de personal que la Justicia, aunque ha tenido la deferencia de no llegar al colmo de superar a Educación, Seguridad y Salud.
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También es la Legislatura más numerosa del país. Supera 2.300 empleados legislativos de Chaco, 2.850 de la Provincia de Buenos Aires, 1.802 de Formosa, 1.583 de Córdoba y 1.145 de CABA.
Hay 54 empleados por cada legislador y un legislador por cada 7.500 catamarqueños. Córdoba tiene un legislador cada 54.300 habitantes, Buenos Aires uno cada 126.800, La Rioja uno cada 12.500, Formosa uno cada 20.200.
La única explicación plausible para tamañas desproporciones es que la Legislatura catamarqueña cobija una inmensa estructura parasitaria en la que sopan todas las bancadas, cualquiera sea su pelaje.
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Es un mérito más que destacable en el concierto nacional, si se tiene en cuenta que el resto de las Legislaturas del país tampoco han de ser un dechado de continencia administrativa. Casi tan importante como las gambetas que los legisladores despliegan para omitir sus desmesuras mientras exigen austeridades y esfuerzos.
Fuente: El Ancasti
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