La encrucijada de Milei: aún conserva apoyo, pero una parte clave exige cambios económicos
Una encuesta muestra que casi cuatro de cada diez respaldan alguna continuidad de Milei, aunque la mayoría dentro de ese grupo...

El Gobierno de Javier Milei conserva un dato que, mirando hacia 2027, no resulta menor: casi cuatro de cada diez argentinos consultados aceptarían alguna forma de continuidad de la actual gestión. Pero detrás de ese número aparece una señal mucho más compleja para la Casa Rosada. La mayor parte de ese respaldo no es incondicional.
Una encuesta nacional de Management & Fit realizada entre el 20 y el 31 de julio, sobre 2.600 casos efectivos, preguntó qué deberían buscar los votantes si las elecciones fueran ahora. El 57% respondió que elegiría un "cambio total de políticas y de equipo", mientras que un 23,7% mantendría al equipo de gestión pero con cambios en algunas políticas y apenas un 16,1% optaría por una continuidad completa.
El dato expone una particularidad: sumadas las dos opciones favorables a alguna continuidad, el oficialismo mantiene un respaldo cercano al 40%. Pero dentro de ese universo pesan más quienes reclaman correcciones que aquellos que quieren mantener el rumbo sin modificaciones.
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En otras palabras, existe todavía un electorado dispuesto a sostener políticamente al Gobierno, pero una parte decisiva de ese acompañamiento empieza a plantear condiciones. Y la principal condición pasa por la economía.
Cuando Management & Fit preguntó qué políticas deberían modificarse entre quienes reclaman cambios sin necesariamente desplazar al Gobierno, el 30,3% mencionó la economía y el desarrollo económico. Detrás aparecen las políticas de empleo, con 13,4%; jubilaciones y asistencia social, con 11,9%; y producción, con 11,5%. Es decir, las demandas no se concentran en cuestiones periféricas de la administración sino en áreas directamente relacionadas con los ingresos, el trabajo y la actividad productiva.
Esa composición convierte al 23,7% que reclama modificaciones en un segmento particularmente relevante hacia la próxima elección presidencial.
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No se trata de votantes que necesariamente hayan pasado a la oposición. Por el contrario: están dispuestos a mantener una continuidad del equipo gobernante, pero esperan que esa continuidad venga acompañada por modificaciones concretas. Ahí aparece la principal tensión para el oficialismo.
Milei volvió a defender esta semana su concepción económica y rechazó la posibilidad de que el Estado intervenga específicamente sobre sectores o empresas. "El que te propone tocar la micro te está proponiendo hacer corrupción", afirmó al defender que la responsabilidad del Gobierno debe concentrarse en las condiciones macroeconómicas.
La posición presidencial parte de la idea de que el orden fiscal, la estabilidad monetaria y la reducción de la inflación terminarán trasladándose al conjunto de la economía sin necesidad de intervenciones particulares. El problema político que revelan las encuestas es otro: una parte de quienes todavía respaldan ese camino empieza a reclamar resultados más visibles en su vida cotidiana.
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El mismo relevamiento ofrece otro dato que ayuda a comprender esa tensión. Ante una consulta específica sobre el rumbo económico, el 40,7% manifestó algún grado de apoyo, pero solamente el 15,3% sostuvo que ya percibe una mejora en su situación personal.
Otro 25,4% continúa respaldándolo aunque reconoce que todavía no observa mejoras en su propia economía. Es quizás uno de los indicadores políticamente más significativos del estudio.
Hay un sector que todavía concede tiempo al programa económico. Cree en el rumbo o, al menos, está dispuesto a acompañarlo, pero esa expectativa todavía no se tradujo en una percepción favorable sobre su propio bolsillo. La distancia entre ambas variables puede convertirse en un factor central a medida que avance el calendario electoral.
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El Gobierno tiene entonces un desafío diferente al de reconstruir desde cero un electorado perdido: necesita evitar que quienes todavía conceden crédito político terminen alejándose si las mejoras que esperan no llegan a sus ingresos familiares. Y el contexto económico cotidiano aparece con fuerza dentro de la misma encuesta.
El 53,6% de los consultados afirmó que los ingresos familiares no le alcanzan y que atraviesa algunas o muchas dificultades, mientras que el principal problema identificado fueron los aumentos de precios y tarifas. A nivel personal, la preocupación más mencionada fue la dificultad para llegar a fin de mes.
La evaluación general también muestra desgaste: el 58,6% desaprueba la gestión, mientras que el 60% expresa algún grado de desconfianza hacia el Gobierno. Del otro lado, un 37,8% manifiesta confianza, aunque solamente el 16,7% dice tener "mucha" y el 21,1% "algo".
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Otra vez aparece la misma fotografía: el oficialismo conserva un núcleo de respaldo importante, pero alrededor de ese núcleo existe una franja mucho más volátil y condicionada por los resultados.
Una segunda encuesta, esta vez de CB Global Data, incorpora un elemento territorial al escenario. El relevamiento fue realizado entre el 1 y el 4 de agosto sobre 14.741 casos en los 24 municipios del Gran Buenos Aires y comparó la imagen positiva de Milei con la del gobernador bonaerense Axel Kicillof.
Es importante hacer una distinción: el estudio mide imagen y no intención de voto, por lo que sus resultados no pueden trasladarse automáticamente a un eventual enfrentamiento electoral entre ambos dirigentes. Aun con esa salvedad, el mapa muestra dificultades para el Presidente: Kicillof registra una imagen positiva superior a la de Milei en 21 de los 24 municipios relevados.
Los mejores registros del mandatario nacional aparecen en Vicente López, con 43,5% de imagen positiva; San Isidro, con 42,8%; y San Fernando, con 39,1%. En cambio, sus números más bajos corresponden a La Matanza, con 21,4%; Florencio Varela, con 23,4%; y Merlo, con 24,5%.
Milei supera a Kicillof únicamente en San Isidro, Vicente López y Tigre, mientras que las mayores diferencias favorables al gobernador aparecen en Florencio Varela, La Matanza y Almirante Brown. El dato no anticipa por sí solo qué ocurrirá en 2027, pero sí muestra un territorio electoral especialmente difícil para el oficialismo nacional.
Las dos mediciones observan dimensiones diferentes y no deberían confundirse. Una mide percepciones nacionales sobre continuidad, gestión y economía; la otra compara imágenes políticas en el conurbano bonaerense. Sin embargo, ambas aportan piezas para comprender el mismo problema.
Milei no aparece frente a un derrumbe absoluto de su base electoral. Management & Fit registra un bloque cercano al 40% dispuesto a aceptar alguna forma de continuidad, un porcentaje que puede resultar competitivo en un escenario opositor fragmentado. La dificultad está en su composición.
Solo 16,1% reclama continuidad sin modificaciones, mientras una porción más grande, el 23,7%, pretende que el Gobierno continúe pero cambie algunas de sus políticas. Y cuando ese sector señala qué debería modificarse, la economía ocupa cómodamente el primer lugar. Ahí se encuentra la verdadera encrucijada.
Durante buena parte de su gestión, Milei pidió que los resultados macroeconómicos fueran evaluados antes que las dificultades sectoriales y defendió la premisa de que el equilibrio general terminaría trasladándose a la economía cotidiana. Esta semana volvió a rechazar explícitamente la posibilidad de intervenir sobre la "micro".
Una parte de su propio electorado parece empezar a pedir algo diferente: no necesariamente abandonar el rumbo, pero sí comenzar a sentir sus resultados.
De cara a 2027, el desafío para el oficialismo podría depender menos de convencer a quienes ya rechazan completamente al Gobierno que de retener a quienes todavía están dispuestos a acompañarlo, pero dejaron de hacerlo sin condiciones.
Fuente: iprofesional.com
Fuente: Primera Edición
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