La forma de caminar que puede ayudarte a prevenir la demencia, según la ciencia
Un cambio tan simple como acelerar el paso durante las caminatas diarias podría reducir a la mitad el riesgo de deterioro cognitivo. Especialistas explicaron cómo el ritmo al andar se convierte en un escudo natural para la mente.

Resumen para apurados
Un pequeño cambio en la rutina diaria puede marcar una diferencia enorme con el paso de los años. Acelerar el ritmo al caminar podría estar directamente relacionado con un menor riesgo de sufrir deterioro cognitivo en la vejez. Una investigación, difundida originalmente en la revista científica Neurology, analizó a personas de 80 años o más bautizadas como "supermovers", quienes registraron probabilidades considerablemente menores de desarrollar alzhéimer u otras formas de demencia.
"La velocidad al caminar es un indicador simple pero poderoso de la salud del cerebro y del cuerpo", señaló el doctor Joe Verghese, coautor del estudio y titular de Neurología en la Escuela de Medicina Renaissance de la Universidad de Stony Brook. Los científicos definieron a estos "supermovers" no por alcanzar una velocidad fija, sino por desplazarse notablemente más rápido que el promedio esperado para su edad y sexo.
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Durante el seguimiento de miles de adultos mayores a lo largo de varios años, los investigadores observaron que quienes caminaban más rápido tenían la mitad de riesgo de sufrir deterioro cognitivo en comparación con los caminantes más lentos. Además, mantuvieron un rendimiento superior en pruebas de memoria, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas.
El hallazgo más sorprendente ocurrió al analizar los cerebros tras el fallecimiento de los participantes. Se descubrió que los "supermovers" no tenían necesariamente menos señales físicas de alzhéimer que el resto, pero sus cerebros lograron seguir funcionando con normalidad a pesar de esas alteraciones. "Esto sugiere que poseen mecanismos de resiliencia que ayudan a preservar la función cerebral a pesar de la patología asociada a la demencia", explicó Verghese.
¿Por qué ocurre este fenómeno? Los especialistas aclaran que la velocidad al andar no refleja únicamente la fuerza muscular, sino la integración de múltiples sistemas del organismo. "Para caminar rápido y de forma segura a los 80 años, el cerebro debe integrar la planificación motora, el equilibrio, la atención, la retroalimentación sensorial, la reserva cardiovascular y la función muscular", destacó el neurocirujano Randy D'Amico, del Lenox Hill Hospital.
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A su vez, la actividad aeróbica regular estimula la circulación cerebral y regula los procesos inflamatorios. El fisiólogo del ejercicio Nikhil Satchidanand indicó que caminar a buen ritmo incrementa los factores de crecimiento que hacen al cerebro más adaptable, mientras que el neurólogo Clifford Segil suma que la velocidad aumenta el flujo sanguíneo y expone a la mente a un estímulo visual constante. "En conjunto, estos efectos podrían contribuir a una mayor resiliencia cerebral", resumió Satchidanand.
Para obtener estos beneficios no hace falta correr ni alcanzar marcas imposibles. Lo importante es mantener un movimiento constante y, en la medida en que sea seguro para cada persona, intentar acelerar progresivamente el paso hacia una caminata ágil pero confortable.
"La prioridad es mantenerse activo y preservar la movilidad", concluyó Verghese, quien remarcó que si caminar no es la opción preferida, otras actividades aeróbicas como nadar o andar en bicicleta ofrecen un respaldo similar para la salud mental a lo largo de los años.
Fuente: La Gaceta
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