La fotógrafa sanjuanina que vive en España y volvió por unos días con una muestra que también habla de su tierra
Tamara Wassaf se fue de San Juan en 2014 por curiosidad y con ganas de conocer otras culturas. Desde entonces vivió en Madrid y ahora comienza una nueva etapa en Galicia. Su obra recorrió distintos países y este año volvió a exponerse en el Museo Franklin Rawson, donde compartió…

A veces hay que estar lejos de un lugar para empezar a mirar con otros ojos todo aquello que alguna vez pareció cotidiano. Los paisajes, los objetos, las costumbres, los símbolos, incluso los pequeños recuerdos familiares que durante años estuvieron al alcance de la mano, adquieren otra dimensión cuando quedan a miles de kilómetros. A Tamara Wassaf le pasó eso con San Juan. La fotógrafa y artista visual sanjuanina vive en España desde 2014 y, aunque su vida transcurrió desde entonces entre Madrid y, desde febrero de este año, Galicia, la provincia donde nació nunca dejó de aparecer en su obra.
Este año regresó por unos días para volver a exponer en el Museo Franklin Rawson, esta vez en el marco de las actividades por los 90 años de la institución, junto a otros fotógrafos sanjuaninos. "Para mí es un orgullo y una alegría que sigan invitándome y valorando mi trabajo", cuenta.
No era la primera vez que sus fotografías volvían a ese espacio: desde que se instaló en España ya había participado de distintas muestras allí y también había realizado una exposición individual. El vínculo, dice, sigue intacto. "San Juan es una parte muy importante en mi vida y estando lejos uno valora mucho más las pequeñas cosas cotidianas, los paisajes, los valores, los símbolos, la cultura".
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Hay algo de esa distancia que terminó filtrándose en su trabajo casi sin pedir permiso. "Todo se ve reflejado en mis obras, lo quiera o no. Se impregnan de manera inherente y otras veces las resalto y exagero para remarcar esa parte de mí que extraño y que no quiero que se desvanezca", explica.
Wassaf ya era fotógrafa antes de irse. Licenciada en Artes Visuales por la Universidad Nacional de San Juan, había construido junto a su pareja, también sanjuanino, un proyecto que todavía recuerda con especial cariño: la revista VLOV, una publicación cultural que hicieron entre 2010 y 2014 y en la que ambos se ocupaban de gran parte de la fotografía, la dirección de arte y la producción, mientras sumaban colaboradores de literatura, filosofía y otras disciplinas. "En San Juan estábamos bien", recuerda. Pero un día apareció la curiosidad por conocer otros lugares y decidieron arriesgarse.
"La decisión de irnos de San Juan fue más por curiosidad de conocer otros lugares, otras culturas, otros espacios". En 2014 hicieron las valijas y se instalaron en España. La revista quedó atrás porque desde Madrid ya no podían sostenerla de la misma manera y, aunque el proyecto terminó disolviéndose, todavía lo extrañan. Los primeros años fueron una mezcla de descubrimiento y adaptación. "Los primeros años fueron divertidos, todo era nuevo", cuenta, aunque había algo que se repetía incluso en medio de las novedades: la ausencia de la familia y los amigos. Diez años después, esa sensación no desapareció.
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"Creo que tampoco ha cambiado mucho. Hoy día creo que hay muchísimos días en los que extrañamos un montón y otros un poco menos, y eso no importa cuántos años lleves aquí", dice.
En España, mientras tanto, su carrera siguió creciendo. Desde 2014 desarrolla su trabajo de fotografía artística, participó de exposiciones, ganó premios y fue invitada a residencias artísticas en distintas ciudades. Sus obras también llegaron a Portugal e Italia, mientras que en paralelo realizó trabajos freelance vinculados con la dirección de arte, la asistencia en producciones y la fotografía de productos, especialmente de cosmética.
Hasta este año vivió en Madrid, pero en febrero comenzó otra mudanza, esta vez hacia el norte de España. Ahora está en Galicia, donde busca instalarse y retomar con mayor fuerza su actividad artística después de un período en el que su vida también cambió con la llegada de su hijo, que hoy tiene tres años. "Un poco corté toda la cuestión de trabajos más puntuales", cuenta. Ahora, mientras termina de acomodarse en su nueva ciudad, vuelve también a concentrarse en sus proyectos personales.
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Su fotografía, en tanto, fue cambiando con ella. Desde sus comienzos, Wassaf trabaja alrededor del cuerpo humano y explora la idea del retrato en un sentido amplio, jugando con los detalles corporales y su relación con objetos de distintas procedencias. Hubo una primera etapa en la que indagó en la relación entre cuerpo, erotismo y pornografía; después llegó la fotografía de moda y una mirada más enfocada en lo femenino, y más tarde comenzó a explorar el vínculo entre el cuerpo, la naturaleza y lo espiritual.
Sus imágenes están cuidadosamente construidas: trabaja con fotografía digital, presta especial atención al montaje de cada escena y utiliza luces, sombras, colores y postproducción para acentuar una dimensión teatral. Muchas de sus fotografías tienen además referencias a la historia del arte y a los contrastes propios del Barroco.
Pero hoy dice que no sabe exactamente qué busca en la fotografía. O quizás sí lo sabe, aunque le resulte difícil encerrarlo en una definición. "Creo que es una mirada más sentimental y un poco poética de lo que voy viviendo", explica. Y en esa búsqueda hay algo que aparece con fuerza: los recuerdos.
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Sus últimos trabajos con telas nacieron, en parte, de una asociación profundamente personal. "Me recuerdan a mi madre y a las horas que pasábamos cosiendo juntas por diversión". Ahora, lejos de ella y de aquel tiempo, esos objetos tienen otro peso.
"Al estar lejos, esos pequeños objetos te llevan a momentos que parecen muy lejanos y que te gustaría vivir más seguido". Por eso esas telas pueden transformarse en protagonistas de escenas íntimas, nostálgicas o directamente irreales, como si fueran fragmentos de sueños. En su serie más reciente aparecen retratos, generalmente femeninos, acompañados por paños, turbantes, velos y telas que a veces dialogan con el cuerpo y otras veces quedan solos, vacíos, como si también fueran personajes. A Wassaf le interesa precisamente esa transformación: cómo un pliegue puede adquirir una dimensión espiritual, solemne o sagrada, cómo un paño puede funcionar como cuerpo y cómo un cuerpo puede convertirse en contenedor.
Algo similar sucede con Inherentes, una de sus series más recientes, donde el cuerpo y la naturaleza terminan fusionándose de manera onírica. Rostros de los que emergen bosques, pétalos que parecen escapar desde el interior de los ojos, plantas fotografiadas en soledad y detalles de follaje que adquieren una fuerza propia.
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En sus trabajos actuales también profundiza en el encuentro de miradas entre quien observa y quien aparece en la fotografía. A veces busca una mirada fuerte, directa, provocadora; otras veces prefiere negarla y construir personajes que parecen escapar del espectador. Le interesa el gesto, la expresión y aquello que una imagen puede provocar sin necesidad de explicar.
Después de diez años en España, una mudanza reciente y una maternidad que también modificó sus tiempos, Wassaf está entrando en una nueva etapa. Galicia es ahora el lugar desde el que volverá a desarrollar sus proyectos, mientras San Juan continúa apareciendo como una presencia persistente en su obra. No necesita estar acá para fotografiarlo. A veces alcanza con recordar una tela, una tarde con su madre, un paisaje o algún símbolo que creía olvidado. La distancia hizo su trabajo: aquello que alguna vez fue cotidiano se convirtió en materia artística. Y quizás por eso cada vez que sus fotografías vuelven a San Juan, como ocurrió este año en el Franklin Rawson, también regresa una parte de ella.
Fuente: Tiempo de San Juan
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