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La historia detrás de la foto de Eric, el niño del guardapolvo en medio del ventarrón: un rancho, cero celular y las ganas de ir a clases

Tiene siete años y vive en un rinconcito remoto del departamento Sarmiento con su mamá, quien lo cría sola y trabaja por temporadas en la cosecha, y sus dos hermanos. Sin lujos, crece entre juegos improvisados, el barro, los árboles y la paz del campo.

Por Carla Acosta5 min de lectura
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La historia detrás de la foto de Eric, el niño del guardapolvo en medio del ventarrón: un rancho, cero celular y las ganas de ir a clases
La historia detrás de la foto de Eric, el niño del guardapolvo en medio del ventarrón: un rancho, cero celular y las ganas de ir a clases · Foto: Tiempo de San Juan

De una casita de adobe, ubicada en la zona de Tres Esquinas, en lo profundo del departamento Sarmiento, Eric sale todos los días de la semana rumbo a la Escuela Carlos Doncel. De la mano de su madre, con un guardapolvo blanco que le llega a las rodillas, el pequeño emprende viaje al aula donde no sólo estudia, sino que también almuerza. Siempre llega temprano, no falta nunca. Ni cuando llueve, ni cuando hace frío, ni cuando corre viento. El último jueves, justamente, el niño fue retratado con el uniforme puesto mientras volvía a su casa, en medio del Zonda y tras la decisión de Educación de suspender las clases. Detrás de esa foto, una historia de inocencia pura.

Son las 12.30 y Adriana, su mamá, espera que Eric termine de almorzar en el establecimiento. A unos 500 metros está la casa en la que vive junto a él y sus otros dos hijos. Hace seis o siete años que ese rincón de Sarmiento es su lugar en el mundo. Allí, según cuentan, los días transcurren tranquilos, muy lejos del ritmo de la ciudad y, muchas veces, también de las noticias que circulan a toda velocidad por un teléfono.

Eso fue exactamente lo que ocurrió el jueves pasado. La noche anterior, el Ministerio de Educación había comunicado la suspensión de las clases en toda la provincia por la llegada del viento Zonda, pero Adriana nunca se enteró. No porque no quisiera, sino porque no tiene celular y en su casa tampoco hay un dispositivo que le permita mantenerse conectada permanentemente. Por eso aquella mañana comenzó como cualquier otra. Se levantó temprano, despertó a los chicos y empezó la carrera diaria contra el reloj. "Me levanto, lo visto, lo ayudo a cambiarse. Rapidito, porque siempre estamos a contrarreloj. A veces se demora, como cualquier niño chico, pero se levanta y salimos. Nunca falta a clases", cuenta.

Eric se puso el guardapolvo, cargó en su espalda la mochila y salió con su mamá rumbo a la Carlos Doncel, como cualquier otro día. Sin embargo, cuando llegaron, algo no estaba bien ya que no había autos estacionados, ni chicos ni movimiento. La escuela estaba cerrada y no lo sabían. Adriana debía continuar viaje en colectivo para acompañar a otra de sus hijas al corazón de Media Agua y le pidió a Eric que regresara a su casa, que queda a pocos metros. Fue durante ese regreso cuando alguien sacó la foto que después recorrió San Juan: Eric, diminuto dentro de su guardapolvo blanco, mochila a la espalda y caminando mientras el viento levantaba tierra a su alrededor.

La mujer, quien cría sola a los chicos, no sabía nada de la viralización de la imagen. Mucho menos que se estaba compartiendo en redes sociales. "Después me mostraron unos parientes que viven cerca de casa y tienen teléfono. Antes de eso me llamó la directora y ahí me avisó", recuerda. 

La explicación detrás de aquella postal era mucho más sencilla de lo que podía imaginarse desde una pantalla. "Nos levantamos como todos los días y los traje a la escuela. Cuando llegamos vi que no había autos ni nada. Después, cuando llegué a la villa, me dijeron que no había clases por el viento Zonda. Si no, ni me entero, porque no tengo celular, no tengo nada de esas cosas para informarme", relata.

Pero no es la primera vez que le pasa. Adriana cuenta que en otras oportunidades Eric llegó a la escuela sin saber que su maestra tenía una capacitación o que ese día no debía asistir por cualquier otra circunstancia. Las comunicaciones llegan por teléfono y, en Tres Esquinas, a veces la información demora un poco más en atravesar la puerta de su casa.

Hay un viejo celular de una de sus hijas, pero prácticamente ya no funciona. Adriana procura encenderlo lo menos posible y reservarlo para algo que considera mucho más importante: comunicarse ante una emergencia con su hija de 22 años, que vive sola en Mendoza. "En cualquier momento se queda negro. Intento no ocuparlo mucho por ella, por si le pasa algo allá", explica.

En ese pequeño universo también transcurre la infancia de Eric. A sus siete años no tiene teléfono, no pasa las tardes frente a una pantalla ni conoce demasiado de redes sociales. Cuando vuelve de la escuela, si todavía tiene hambre, come algo más en casa. Después sale, se encuentra con una pelota, amigos, árboles, tierra y un canal cercano al que los chicos tienen prohibido acercarse. "Juega con los chicos, vive jugando. Es más o menos la vida que hace", resume Adriana. En casa hay un televisor viejo y cuando el cansancio puede más que las ganas de seguir corriendo afuera, Eric entra y mira dibujos durante un rato. 

A la mamá le gusta esa infancia sin demasiadas pantallas. No fue una elección pensada como una forma de crianza moderna, sino que esa es la vida puertas adentro de su casa. Y Eric parece encontrar afuera todo lo que necesita para entretenerse. 

Para la mujer, en cambio, los días tienen otras preocupaciones. Cría sola a sus tres hijos y el trabajo depende de las temporadas del campo. Cuando puede, sale a la cosecha; también ata o envuelve en las fincas de la zona. No siempre consigue una oportunidad y tampoco tiene con quién dejar a los chicos durante muchas horas. "Si yo salgo a trabajar, tengo que salir a trabajar con ellos. No me queda otra", cuenta. Y así lo ha hecho muchas veces, los tres la acompañan mientras ella cumple con alguna changa entre cultivos. Ahora espera el comienzo de una nueva temporada y confía en conseguir nuevamente algunos días de trabajo.

En Tres Esquinas la vida sigue a otro ritmo. Eric no sabe demasiado de redes sociales ni lo que generó su foto. Para él, aquel jueves fue un día normal de su vida: levantarse temprano, ponerse el guardapolvo y caminar a la escuela. Ir a clases lo hace feliz. 

Fuente: Tiempo de San Juan

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