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La historia oculta de los árboles de la Plaza Laprida y el Jardinero de la Nación

El paisajista francés Carlos Thays, responsable de algunos de los parques y paseos más emblemáticos del país, dejó su huella en San Juan en 1906. Un plano hallado recientemente permitió confirmar que la Plaza Laprida fue su obra en la provincia.

Por Redacción Tiempo de San Juan7 min de lectura
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La historia oculta de los árboles de la Plaza Laprida y el Jardinero de la Nación
La historia oculta de los árboles de la Plaza Laprida y el Jardinero de la Nación · Foto: Tiempo de San Juan

Mucho antes de que la Plaza Laprida se convirtiera en uno de los espacios verdes característicos de la Capital, alguien imaginó cómo debía ser. No se trataba solamente de distribuir árboles y delinear caminos, sino de pensar un paisaje capaz de acompañar la vida urbana, ofrecer un lugar de encuentro y perdurar en el tiempo. Detrás de ese diseño estuvo Carlos Thays, el hombre que transformó la manera de concebir los parques y paseos de la Argentina y que pasó a la historia como el "Jardinero de la Nación".

Aunque su nombre está asociado a algunos de los espacios verdes más importantes del país, su vínculo con San Juan permaneció prácticamente oculto. Según los escasos registros, habría sido en 1906, Thays intervino la Plaza Laprida, en lo que constituye su única obra conocida en la provincia. El dato adquirió un nuevo valor gracias a una investigación impulsada en el marco de un proyecto que busca identificar y proteger los árboles notables de San Juan.

Virginia Agote, integrante de la Fundación EOS Naturaleza y Patrimonio, trabajó intensamente para comprobar la relación entre el paisajista y la plaza. La búsqueda terminó con el hallazgo de un plano del espacio verde que permitió confirmar la autoría del diseño. Se trata de un documento que aporta una pieza fundamental para reconstruir la historia de un lugar cotidiano, pero cuyo origen guarda un vínculo con una figura central del patrimonio paisajístico argentino.

Carlos Thays nació en Francia y llegó a la Argentina en 1889, contratado inicialmente para diseñar y ejecutar el Parque Sarmiento de la ciudad de Córdoba. Su incorporación fue recomendada por el arquitecto y botánico Édouard-François André al empresario inmobiliario Miguel Crisol.

El trabajo tenía, en principio, un plazo acotado. Sin embargo, cuando concluyó su misión, Thays no regresó a su país natal. El entonces intendente de Buenos Aires, Francisco Bollini, quería incorporarlo a la administración porteña como director de Parques y Paseos. Thays aceptó avanzar con esa posibilidad bajo una condición: que su designación surgiera de un concurso. Finalmente, se impuso por unanimidad frente a otros seis postulantes.

Entre 1891 y 1913, al frente de la Dirección de Paseos de Buenos Aires, participó en la creación y remodelación de numerosos espacios verdes que contribuyeron a definir la imagen de la ciudad. Su trabajo abarcó 36 parques y paseos porteños, además de plazas y otros proyectos en distintas provincias. Entre las obras vinculadas a su trayectoria se encuentran el Parque Centenario, el Parque Avellaneda y los diseños de las plazas de Mayo y del Congreso.

Además creó el Jardín Botánico de Buenos Aires, que hoy lleva su nombre y al que usó como una especie de laboratorio de plantas y árboles. Sumado a eso, recorrió distintas regiones de Sudamérica para conocer y estudiar su flora.

Su influencia también se extendió a Córdoba, Mendoza, Tucumán, Salta y Mar del Plata, además de Uruguay y Brasil. No se limitó a diseñar jardines: incursionó en el urbanismo y dedicó parte de su actividad a la conservación del patrimonio natural. Promovió la creación del Parque Nacional Iguazú.

Thays concebía el paisaje como algo más que un elemento decorativo. En su mirada, los parques y jardines cumplían una función en la vida de las personas. "El hombre, sobre todo el que trabaja, necesita distracción y ¿acaso hay alguna cosa más sana, más noble, más verdadera, cuando se sabe apreciarla, que la contemplación de los árboles, de las hermosas flores, cuando son dispuestas con gusto?", reflexionaba según citas sobre su vida.

Esa concepción ayuda a dimensionar el valor de la Plaza Laprida. Su intervención no fue un detalle menor en la historia de San Juan, sino parte de una manera de pensar el espacio público que Thays desarrolló a lo largo de su carrera.

La Plaza Laprida debe su nombre a Francisco Narciso Laprida, el prócer sanjuanino que presidió el Congreso de Tucumán cuando se declaró la Independencia argentina en 1816. En el centro del paseo se encuentra su monumento, alrededor del cual se despliega una arboleda que forma parte de la identidad del lugar.

La plaza quedó constituida como paseo público en septiembre de 1904, cuando se inauguró la estatua de Laprida. Sin embargo, adquirió mayor relevancia después de 1911, con la creación de la Escuela Normal Superior Sarmiento en sus cercanías.

Durante la década de 1930, el espacio también se convirtió en escenario de la vida política sanjuanina. Allí se expresaban las fuerzas de distintos sectores y se realizaban manifestaciones que daban cuenta de las disputas y tensiones de la época.

Los árboles, entretanto, fueron creciendo junto con la ciudad. Entre las especies que caracterizan el paseo se encuentran los plátanos (Platanus × hispanica), cuya presencia contribuye a definir su paisaje y su aspecto reconocible.

La arboleda es, precisamente, una de las razones por las que resulta importante comprender el diseño original y la relación entre los ejemplares. La disposición de los árboles no es un asunto meramente estético: las distancias entre ellos pueden condicionar su desarrollo, la forma de sus copas y su estabilidad cuando alcanzan la madurez.

Mariángeles Gaviorno, bióloga que participa en el trabajo de relevamiento y conservación de árboles notables de San Juan, explica que el crecimiento de los ejemplares está condicionado por la relación que establecen entre sí y con el entorno.

"Hay algo que le llaman algunos la timidez de los árboles, que es que las copas tienden a no tocarse. Entonces, los árboles estiran para buscar la luz, todas las plantas en general se van para arriba, y además se tuercen para no estar en contacto copa con copa. Eso es lo que caracteriza a los árboles de la Plaza Laprida", explica.

La especialista advierte que estas características deben tenerse en cuenta al planificar y conservar las arboledas urbanas. Un árbol que crece con poco espacio puede modificar su estructura para buscar luz y, con el paso del tiempo, desarrollar una forma que afecte su estabilidad.

"Por eso, a la hora de plantar hay que tener siempre en cuenta las distancias, pero pensando en el árbol ya maduro. Aunque al principio parezca que es mucho espacio, después, si no, se tuercen, y los árboles que se tuercen después tienen problemas con los vientos y se ponen peligrosos, sobre todo en las zonas urbanas", señala Gaviorno.

La bióloga aclara que no existe una única respuesta para todos los casos. Cuando un ejemplar presenta problemas, las medidas deben definirse a partir de una evaluación particular, considerando su estado y las condiciones del lugar.

La observación adquiere especial relevancia en espacios históricos como la Plaza Laprida, donde conservar los árboles implica atender tanto a su estado actual como a la historia del diseño que los reúne.

La investigación sobre la intervención de Thays abre, así, una nueva perspectiva para mirar una plaza que miles de sanjuaninos transitan a diario. En esa línea trabaja el proyecto Árboles Notables de San Juan, impulsado mediante un convenio entre la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan, el Gobierno provincial y la Fundación EOS Naturaleza y Patrimonio. La iniciativa busca relevar, registrar y contribuir a la protección de ejemplares de relevancia biológica, histórica y patrimonial.

La Plaza Laprida demuestra que el valor de un árbol no siempre se mide solamente por su edad, su tamaño o su rareza. A veces, también está en la historia que comparte con el lugar donde creció y en la posibilidad de recuperar quién imaginó ese paisaje mucho antes de que se convirtiera en parte de la vida cotidiana.

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Fuente: Tiempo de San Juan

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