La inflación baja pero el consumo se desploma: familias puntanas no llegan a mitad de mes
En medio de un mercado laboral precarizado, los salarios licuados obligan a recortar todo gasto extra y comprar solo lo indispensable para subsistir.

La brecha entre los índices oficiales de inflación y el día a día de los vecinos es cada vez más profunda. Aunque el Gobierno nacional intente pregonar calma basándose en la desaceleración de los precios (cuestión replicada por la gestión provincial), la realidad social en San Luis muestra un escenario dramático.
Con un mercado de trabajo marcado por la precarización y la explotación, la gran mayoría de las familias no logra llegar al día 15 de cada mes y debe hacer constantes malabarismos para cubrir lo básico.
Esta falta de poder adquisitivo ha provocado un cambio drástico en las pautas de consumo. Los pequeños gustos recreativos, las salidas gastronómicas y la compra de indumentaria nueva han mermado al máximo en los presupuestos familiares.
En su lugar, se impone la compra estricta de alimentos indispensables y alternativas de ahorro como las ferias de moda circular y de segunda mano.
La parálisis es generalizada. Ante los bajísimos sueldos, miles de personas intentan subsistir refugiándose en el emprendedurismo; sin embargo, al no haber dinero circulando en la calle, no encuentran clientes suficientes para sus productos, consolidando un círculo vicioso de caída que golpea tanto a trabajadores como a comercios.
El drama en el comercio minorista
Esta alarmante caída del consumo impacta con dureza en las despensas y los pequeños negocios barriales, donde los clientes ya solo llevan lo justo para el día. Ángel "Cacho" Soria, tesorero de la Confederación General Almacenera (CGA) de la República Argentina, describió este panorama crítico tras dialogar con diferentes medios locales: "La situación es desesperante. No sabemos qué más hacer. Abrimos más horas, hacemos promociones y las ventas siguen cayendo".
Para los comerciantes, la falta de ventas se combina de manera asfixiante con las tarifas de electricidad en constante aumento y los elevados costos fijos de impuestos. Según estimó Soria, actualmente funcionan entre 3.000 y 5.000 almacenes en la provincia, una cifra inestable que varía constantemente debido a las persianas que se ven obligadas a cerrar de forma definitiva.
Buscar salidas sin auxilio estatal
Ante la ausencia de medidas de alivio por parte del Estado, el sector comercial intenta organizarse de manera autónoma. "No esperamos nada de los gobiernos. Tenemos que buscar soluciones entre todos porque solos no vamos a salir adelante", sentenció el referente.
Para mitigar los efectos de la recesión, desde la Confederación impulsan un proyecto que busca que las grandes empresas proveedoras de alimentos administren góndolas de forma directa dentro de los almacenes de barrio, garantizando el stock y abaratando costos logísticos.
Además, Soria remarcó la urgencia de incorporar herramientas digitales, como tiendas virtuales y cobros virtuales, advirtiendo que los comercios locales que no logren actualizarse tecnológicamente corren el riesgo de desaparecer.
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Fuente: El Diario de la República
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