Saltar al contenido principal

La judeofobia y la libertad de expresión

Fue un incidente mínimo, que podría haber pasado inadvertido en medio del caos porteño en hora pico: un chico joven, a toda velocidad y en completo dominio de su monopatín eléctrico, casi se lleva puesto a un ciclista de Rappi en la bicisenda de Ecuador y Tucumán, barrio de Once.

Por Redacción Diario Panorama5 min de lectura
Compartir
La judeofobia y la libertad de expresión
La judeofobia y la libertad de expresión · Foto: Diario Panorama

Fue un incidente mínimo, que podría haber pasado inadvertido en medio del caos porteño en hora pico: un chico joven, a toda velocidad y en completo dominio de su monopatín eléctrico, casi se lleva puesto a un ciclista de Rappi en la bicisenda de Ecuador y Tucumán, barrio de Once.

Por Fernando D'Addario
Para Página 12

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

El chico del delivery hizo un esfuerzo para no caerse de la bici en la frenada y apenas tuvo tiempo para tirar una puteada: "¡la concha de tu madre, judío asesino!", que escuchamos solo los que pasábamos por esa esquina, porque el del monopatín ya estaba llegando a Lavalle.

Fue un incidente mínimo que habilita otra lectura de estos tiempos. El chico no gritó "judío de mierda" sino "judío asesino" y es imposible establecer cuánto de prejuicio (en principio, no alcancé a ver un kipá ni ningún otro signo que identificara como judío al pibe del monopatín), cuánto de alusión política y cuánto de bronca por el atropello cabía en esa expresión, de cualquier modo denigrante. Tal vez se retroalimentaron las tres opciones, que podrían ser complementarias.

Aunque el viento se llevó esas palabras, me quedó resonando una sensación, que se palpa en el ambiente, se viene denunciando con perplejidad en los medios de comunicación y también se percibe con nitidez en las redes sociales: está creciendo la judeofobia (el término "antisemitismo", aunque aceptado por convención, es inexacto porque los palestinos también tienen, mayoritariamente, origen semítico).

Hay quienes, desde cierta corrección política, matizan: "no, lo que crece no es el antisemitismo, sino el antisionismo". Sin embargo, en los últimos tiempos, esa distinción (más política que emocional) se está diluyendo y las razones parecen estar a la vista, aunque muchos prefieren mirar para otro lado:

Una pregunta retórica se desprende del más simple análisis geopolítico: cómo no va a aumentar la judeofobia si hay un país, Israel, que se autoproclama "estado judío", se atribuye la representación de todos los judíos del mundo y, al mismo tiempo, está cometiendo un genocidio documentado y denunciado por la ONU.

Las instituciones comunitarias argentinas (al menos las dominantes) funcionan como apéndices propagandísticos del Estado de Israel y pervierten la discusión pública con una doble operación contradictoria: atacan cualquier disidencia amparados en la impunidad del presente y se defienden invocando la vulnerabilidad del pasado.

Muchos judíos de a pie, que seguramente se sienten "protegidos" en la diáspora por un Estado de Israel poderoso, reivindican o avalan o minimizan o relativizan o son indiferentes frente al genocidio que se está cometiendo en nombre de todos ellos. Por suerte hay valientes excepciones, dentro de la comunidad, a esta suerte de "desentendimiento" (en el mejor de los casos) predominante.

Hay una dimensión adicional más difícil de mensurar, que opera por vía indirecta. El declamado judaísmo de Javier Milei, su apoyo fanático a Netanyahu, sus apelaciones al Antiguo Testamento para legitimar la destrucción de la economía argentina, funcionan como un boomerang: producen un daño simbólico -seguramente injusto, porque en este caso se generaliza el desprecio por culpa de un delirio individual- a la comunidad judía entera, sin distinción de ideologías.

No hay margen para ilusionarse con un volantazo del presidente en este terreno. La dinámica de los últimos acontecimientos -la actualización de las imágenes de Google Earth que muestran la devastación en Gaza, el cimbronazo que causó en el Festival de San Sebastián el estreno de la película NAZA, de los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor- invita en cambio a esperar una paulatina reacción de buena parte de la comunidad judía mundial, capaz de presionar para ponerle freno al exterminio del pueblo palestino.

El antisemitismo histórico, el que mató a millones de judíos en los pogroms y en los campos de concentración nazis, estaba basado en prejuicios, mentiras ridículas, miedos absurdos y argumentos irracionales.

La creciente judeofobia actual tiene un caldo de cultivo palpable, que se manifiesta día a día a cielo abierto, casi a modo de provocación, desde las principales usinas comunicacionales: somos testigos de una limpieza étnica espectacularizada y festejada por supremacistas que se escudan en una supuesta "batalla cultural por Occidente".

Durante el siglo XX, el antisemitismo estuvo alimentado por los "fachos". En el Siglo XXI, los "fachos" (las comillas aluden a la imprecisión teórica del término, aunque todos entienden de qué estamos hablando) defienden el genocidio en Gaza, demostrando que el fascismo, finalmente, puede adoptar diversas máscaras, pero siempre apunta al aplastamiento de los más débiles por parte de los más fuertes. Antes las víctimas eran los judíos, los gitanos, los discapacitados; hoy son los inmigrantes pobres, los palestinos, y nuevamente los discapacitados.

¿La comunidad judía nacional e internacional va a consentir que por el proyecto mesiánico de unos pocos, el juicio de la Historia la ubique -aunque sea por silencio u omisión- del lado de los verdugos?

Para finalizar estas líneas que invitan a revisar un par de conceptos y consignas, valga un apunte sobre la manoseada "libertad de expresión". En estos días en que la agenda pública se nutrió fervorosamente con la victimización de una escritora negacionista, desprogramada de un festival literario, vaya un llamado a respetar, alguna vez, la libertad de expresión menos considerada de estos tiempos: la de los cientos de miles de palestinos silenciados; los que murieron bajo las bombas israelíes, los que siguen siendo condenados al hambre, a la sed y a la humillación. Ellos, antes que nadie, tienen derecho a ser escuchados.

Fuente: Diario Panorama

  • #sociedad
  • #judeofobia
  • #libertad
  • #expresion
  • #santiago del estero

Te puede interesar

Newsletter Pulso Federal · Diaria

La radiografía política y económica del país, todos los días en tu casilla.

Análisis federal, indicadores y la mirada del interior sobre la agenda nacional. Para tomadores de decisión, periodistas y ciudadanos exigentes. Sin spam.

Te suscribís y podés cancelar cuando quieras.