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La judoca ciega que se quedó para siempre en Rosario y que sueña con los Juegos Olímpicos

Nació en Formosa hace 32 años, pero vive en la ciudad desde 2020. Ya estuvo en París 2024. Lo que necesita para llegar a Los Ángeles 2028

Por Jorge Salum8 min de lectura
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La judoca ciega que se quedó para siempre en Rosario y que sueña con los Juegos Olímpicos
La judoca ciega que se quedó para siempre en Rosario y que sueña con los Juegos Olímpicos · Foto: La Capital

Nació en Formosa hace 32 años, pero vive en la ciudad desde 2020. Ya estuvo en París 2024. Lo que necesita para llegar a Los Ángeles 2028

Por Jorge Salum

Celina Mutti Lovera / La Capital

La judoca Nadia Boggino luce orgullosa las medallas que conquistó a lo largo de su carrera.

Cuando el portero eléctrico suena en el departamento de Nadia Boggino no hay respuesta, pero minutos después la puerta del edificio se abre y ella misma invita a pasar con una sonrisa enorme. Llama el ascensor, marca el quinto piso, abre la puerta de su hogar y sin demoras ofrece mate. El día anterior había dicho a través del chat de WhatsApp que es muy buena cebadora, aunque quien ahora está a cargo del termo es Susana, su madre. Gordo, el gato, ni se enteró de que hay visitas. En las paredes hay cuadros con fotos de la dueña de casa y medallas deportivas, muchas medallas. Todas son de Nadia, que es judoca y es ciega. Es, también, una de las mejores del mundo en su categoría.

Nadia nació en Formosa hace 32 años. "Fue seismesina", cuenta mamá Susana ante la pregunta sobre si la niña vino al mundo sin poder ver o si su condición es posterior. Al parecer, un error en el suministro de oxígeno durante ese parto urgente dañó sus córneas y cambió su vida para siempre. "Cuando era chica podía ver formas, movimientos, pero después ya no", cuenta ella sin el menor atisbo de autocompasión. Mientras habla, parece la persona más feliz de la tierra.

Su infancia transcurrió en Formosa. Iba a la escuela y, aunque no veía, tenía una determinación que la impulsaba hacia adelante. Tanta, que su mamá la admira, aunque no lo diga explícitamente. En esa época hacía muchas cosas, menos practicar deportes. Hasta que un día empezó, casi por casualidad, y ya no se detuvo.

"Estudiaba Educación Especial y me invitaron a hacer una prueba de judo. Me gustó", cuenta a La Capital. Alguien vio que tenía talento para ese deporte milenario y su descubridor algo sabía, porque era el entrenador de la selección argentina de judo paralímpico.

"Vos podés ir algún día a unos Juegos Olímpicos", le aseguró Julio Peña en aquellos días.

Recuerda que se asustó ante semejante pronóstico . "Este tipo está loco", pensó. Se equivocaba: al poco tiempo ya entrenaba bajo las órdenes del profesor Julio junto a otros judocas ciegos.

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Aprendió rápido y en 2018 se mudó al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), en Buenos Aires. Ya competía regularmente y en esa época comenzó a cosechar sus primeras medallas.

La judoca, nacida en Formosa, encontró en Rosario su lugar en el mundo. Llegó en octubre de 2020, en plena pandemia.

En marzo de 2020 el mundo se detuvo brutalmente por la pandemia del Covid. El Cenard cerró sus puertas y tuvo que volverse a Formosa, donde la cuarentena era rabiosa. No tenía la más mínima posibilidad de entrenar. En esa época de incertidumbre, pensó que el judo se había terminado para ella, aunque nunca se resignó del todo. Nadia no es la clase de personas que baja los brazos ante las dificultades.

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Un día sonó el teléfono en la casa familiar y, como en 2014, cuando la descubrió el profesor Peña, su vida se iluminó de repente. Quien la llamó fue Mariana López, una judoca rosarina a la que había conocido durante sus años buenos en el Cenard. Mariana la invitaba a que viniera a vivir a Rosario, a su casa, con su familia, para que pudiera volver al judo.

Los padres tenían cierto recelo, pero Nadia no les dejó mucho margen para oponerse: "Si no me apoyan, me voy a la ruta y hago dedo. Algún camionero me va a llevar", les dijo. Por el aislamiento obligatorio, no se podía circular y no había transporte. Nada de eso significaba un obstáculo para ella.

Decidieron dejarla venir. El padre la llevó en su camioneta hasta General Mansilla, el último pueblo formoseño antes de cruzar a Chaco por un puente sobre el río Bermejo, y allí se subió a un auto que habían contratado previamente. Recuerda la fecha exacta en la que llegó a Rosario: 10 de octubre de 2020. "Lo festejo como un cumpleaños", cuenta.

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En la casa de los López vivió tres años y empezó a entrenar en el club Tiro Suizo. De esa época conserva vínculos muy fuertes con judocas, entrenadores y empleados con los que todavía se reúne ("Son amigos para toda la vida") y hacia quienes se siente muy agradecida.

De Tiro Suizo se mudó a Provincial y en esos días comenzó a practicar jiu jitsu, una variante del judo nacida en Brasil. Su gran sueño era llegar a los Juegos Olímpicos de París 2024 y todas sus energías estaban enfocadas en alcanzarlo. Y si algo le sobra a Nadia son energías.

Para ir a París debía obtener buenos resultados en una ronda previa de competencias. En un Mundial de Turquía consiguió la medalla de bronce, una auténtica proeza si se tiene en cuenta que luchó con una grave lesión en la rodilla. La operaron en septiembre de 2022 y volvió a competir casi un año después. Fue al Mundial de Inglaterra y a los Juegos de Santiago de Chile. Le fue muy mal en Alemania ("Me garrotearon", dice entre carcajadas) y se recuperó en Turquía, donde por primera vez llegó al combate final por el oro aunque debió conformarse con la de plata. Luego fue a Georgia, conquistó el bronce y escaló al quinto lugar del ranking mundial en su categoría. Y llegó a París, porque los sueños están para cumplirse.

Nadia Boggino y su mamá Susa, una imagen que emana amor. El sueño de la judoca es estar en los JJOO de Los Ángeles.

Casi todas sus rivales llegaron con 20 torneos sobre las espaldas, mientras que ella lo hizo con seis. Terminó séptima y agregó un diploma a su colección de premios, además de una placa en la avenida Pellegrini que reconoce a los olímpicos locales. "Nunca imaginé que eso pasaría", comenta y el orgullo le brota por los poros.

En la capital francesa compitió con una lesión en el codo que otra vez frenó su ritmo de competencia. Por entonces ya no estaba en Provincial, sino en otro club rosarino al que no quiere ni mencionar porque siente que no fue bien tratada ("Perdí por la lesión, pero no lo entendieron"). Y en 2025, mientras todavía se recuperaba, recaló en Don Bosco. Allí volvió a entrenar con un viejo conocido de Provincial, el profesor Gastón Sanseri. Su regreso a las competencias fue en los Juegos Argentinos de Alto Rendimiento (Jadar) 2025, en Rosario, el lugar al que jura haber elegido para siempre aunque haya nacido y crecido en Formosa. "La ciudad me trató muy bien, encontré gente buena", justifica.

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De esos días recuerda especialmente el apoyo de la Federación de Judo Santafesina. "Para ellos soy Nadia y no una persona con discapacidad. Esa es la verdadera inclusión", reflexiona. Le lesión en el codo y la insensibilidad del club que la juzgó severamente por terminar séptima habían quedado definitivamente atrás.

Cuenta con brillo en los ojos que es feliz cuando está sobre el tatami, la "cancha" en la que se realizan los combates de judo, y afirma que allí no se guarda nada. No es difícil creerle. Uno de los tatuajes que tiene estampados en su cuerpo dice: "Nadie se arrepiente de ser valiente". Ella, seguro que no.

Ahora acaba de llegar de Tbilisi (Georgia), donde otra vez compitió con las mejores en el Mundial de Judo Paralímpico. Terminó novena y espera mejorar ese resultado en Egipto, donde aspira a competir en noviembre. Son pruebas que el judo llama ciclos y permiten armar el ranking con vistas a los próximos Juegos Olímpicos. Nadia quiere estar allí, lo sueña. "Sé que puedo", dice con énfasis y desde lo deportivo es un hecho que puede porque es una de las mejores. La dificultad, en todo caso, es económica: sin apoyo, sin más apoyo que se sume a la Federación de Judo de Santa Fe y el gobierno de la provincia, será difícil completar el ciclo para llegar a Los Ángeles.

"Voy a darlo todo para ir", dice y otra vez es fácil entender que no se trata de una simple frase. Es la misma determinación que muestra sobre el tatami, la que convenció a su padre comerciante y su madre bibliotecaria de dejarla mudarse a Rosario, la que le permite vivir sola con el dormilón Gordo y entrenar casi todos los días en el gimnasio y sobre el tatami. Nadia, la judoca ciega que representa a Rosario en el mundo, nunca se arrepentirá de ser valiente.

Las tareas en el Parque Independencia se habían concentrado sobre bulevar Oroño antes de los Juegos Suramericanos.

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Fuente: La Capital

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