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"La madre no sacaba a Belén a jugar ni a la plaza que tenía enfrente de la casa"

De los siete testigos que declararon este miércoles durante la tercera jornada de juicio oral a Mariela Andrea Ramírez (48), acusada de dejar morir a su hija de 15 años con discapacidad neurodegenerativa en julio de 2013 en un depósito de una vivienda que alquilaba en esta capital, se oyeron voces clave respecto al contexto […]

Por Leandro De Mora7 min de lectura
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“La madre no sacaba a Belén a jugar ni a la plaza que tenía enfrente de la casa”
“La madre no sacaba a Belén a jugar ni a la plaza que tenía enfrente de la casa” · Foto: Primera Edición

De los siete testigos que declararon este miércoles durante la tercera jornada de juicio oral a Mariela Andrea Ramírez (48), acusada de dejar morir a su hija de 15 años con discapacidad neurodegenerativa en julio de 2013 en un depósito de una vivienda que alquilaba en esta capital, se oyeron voces clave respecto al contexto de cuidado que comprendía a la víctima. Fueron dos vecinas lindantes y una empleada doméstica y cuidadora de la menor quienes coincidieron ayer ante el Tribunal Penal 1.

Hilda Margot Da Silveira fue la primera de ellas y describió cómo la conoció a la imputada y a su familia en el barrio Terrazas de Itaembé Miní, pero principalmente cuando le llamó la atención la presencia de Rocío Belén Lopez: "Escuché muchas veces gritos desesperados de la niña sola en la casa pegada a la mía". "Después supe qué enfermedad tenía Belén, al principio sólo sabía que estaba discapacitada, no sabía del síndrome de Rett. La veía a Belén con la manito en la boca constantemente, para mi lloraba, no sabía que podía ser otra cosa que no fuera llanto".

No tardó mucho tiempo en notar que el cuidado de la encartada con sus hijos era dispar: "Con la otra hija (Micaela) era amable y con esta nena (Belén) no. Además me la presentaron como una sobrina (a Belén) no como la hija".

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Las respuestas fueron a las preguntas del fiscal Vladimir Glinka e incluyeron detalles más duros: "La niña gritaba mucho, era constante, se escuchaba llantos y yo pensaba que ella estaba sola nuevamente. Me dolía porque pensaba que por ahí tenía hambre, no sé". "No puedo decir que fuera una mala madre (Mariela Ramírez), tampoco del papá puedo decirlo. Pero la niña estaba sola siempre, se movía sola, se balanceaba porque parecía que tenía una pierna más corta que otra".

El relato siguiente correspondió a la otra vecina -también de casa que compartían medianera- citada por los jueces Gustavo Arnaldo Bernie, Viviana Gladis Cukla y Miguel Mattos, presidente y vocales, respectivamente del TP-1.

Alice Balmaceda narró que supo de la existencia de Belén en la vivienda de al lado por su hijo de 4 años. "El me dijo que en la casa de Micaela había una ovejita que lloraba y le daba miedo y el se venía corriendo. Un día antes de tomar el colectivo Mariela me dijo que era su sobrina, la hija de un hermano, ese comentario me lo hizo ella sola no le pregunté".

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"No recuerdo la edad que tenía la niña pero si recuerdo que la veía llegar con el abuelo y se iba con el abuelo nuevamente, pensé que era sobrina si. Después comencé a escucharla llorar mucho a la nena, la sacaban al patio, atrás o a adelante y lloraba mucho. Mi hijo no podía dormir y escuchaba el llanto de la niña todo el tiempo".

Amplió la testigo: "Por ejemplo, a la mañana temprano sacaban el auto y a la niña la ponían al frente de la casa con una camiseta y pañal puesto nomás". "Me llamó mucho la atención y empecé a llevar una silla al fondo y miraba el patio y la veía llorando. Lo ví y después comprobé que no tenía para comer y me pidió la chica que la cuidaba ayuda como una milanesa, puré o huevo duro para darle algo". "También supe que la encerraban y le quitaban el picaporte a la puerta de su pieza para que no pudiera salir, las tormentas le daban mucho miedo, recuerdo. Sentía mucha angustia porque la dejaban afuera de madrugada, con frío. Por eso hice la denuncia, por la niña y para que la ayudaran. Vinieron a verla y le exigieron algunas cosas a la madre". "Me extrañó mucho que ella (acusada) negara tanto a la hija, le decían a Micaela que no era su hermana". "La dejaban siempre de pañal, descalza y con una camiseta en el frente a un costadito de la entrada de la casa. De noche lloraba desde las 21-22 y a la mañana cuando lo llevaba a mi hijo al colegio la veía de nuevo en el portón llorando".

Ante una consulta del juez Bernie, la testigo ratificó que la niña "caminaba, la madre la ayudaba a subir en el colectivo y la sentaba. La vi siempre parada en el frente de la casa, caminaba". La misma pregunta el presidente del TP-1 le realizó a la testigo anterior y la respuesta fue coincidente: Belén caminaba.El mismo contexto de cuidado a la menor describió Leonor Ester Leiva, empleada doméstica que trabajaba en las tres casas (acusada y testigos) en limpieza pero también contenía a Belén cuando quedaba sola a la mañana cuando sus responsables salían a trabajar.

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"Para mi el recuerdo es patente, como si hubiera ocurrido ayer. Me contrataron para limpiar la casa no para atender a la nena. Me enteré ahí que estaba la nena. Esto fue entre 2006-2007. No me dejaban (insumos y dinero) para la comida, yo le daba de comer igual, la bañaba, era hermosa, tenía los ojos verdes, pelos ondulados, hermosa era". "Le pedía comida a la vecina para darle a Belén. Le sacaba un chorro de la cocacola del marido para darle a la nena. Ellos volvían a las 15 y Belén pasaba encerrada con la tele con música y el aire acondicionado prendido".

Sobre qué problema de salud tenía la niña, respondió: "La madre me dijo que tuvo una meningitis mal curada". "De todas maneras me dijeron que sufrió".

Pero Leiva fue más gráfica y contundente: "Belén nunca tuvo ropa y ella (imputada) se vestía como si fuera la pareja de un gobernante. Yo no decía nada porque tenía miedo de quedarme sin trabajo. Todo el momento buscaba para darle de comer, una pedazo de milanesa, un huevo o un tomate, una madre se rebusca como las gallinas para alimentar".

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Claramente molesta y asorada, afirmó: "A la niña la tenían encerrada y sacaban el picaporte. Jamás en los tres años que estuve allí ella tomó un medicamento, nunca jamás la vi hacer eso. Ella no la atendía a su hija, se vestía grande si a lo Luis XV o XX y la nena nada".Insistió además: "La madre daba la orden de que se quitara el picaporte. Siempre hubo diferencia en el cuidado de los niños, Belén era como una estatua. Ella no la sacaba a tomar sol para hablar con ella. Yo le hablaba y ella reía, tenía expresión. Tenía la plaza enfrente y no la sacaba a la nena a jugar". "Después no supe por qué pero ella prescindió de mis servicios, así me lo dijo y no tuve roces ni cruces con nadie. No robé nada, es cinismo de ella (SIC) si lo dijo".

Sobre la movilidad o motricidad de la víctima, también fue precisa: "Belén caminaba bien, no trastabillaba, agarraba la mamadera a su forma apoyando sus dos manitos".

Micaela López, por solicitud del defensor oficial Miguel Ángel Varela, también se presentó a dar su testimonio ayer. Es la hermana de la víctima fatal y fue consultada por los tratos que recordaba cuando tenía 4 años sobre el cuidado y alimentación de Belén: "Le dábamos de comer y le gustaba la coca. Jugábamos en el patio y en el frente de la casa en el barrio Terrazas y también después cuando íbamos a visitarla a la casa de mi abuela (materna en la chacra 32-33 donde trasladaron a la menor). Ella no podía caminar teníamos que ayudarla".

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En cuanto a la vivienda de la calle Soria, donde hallaron muerta a la menor el 13 de julio de 2013, la hermana sostuvo que era un inmueble "con un living grande, una habitación donde dormía yo con mis papás y enfrente la pieza de Belén. Ahí había bolsas de mudanza con ropa, un mueble para la tele y la cama". Sobre los años de convivencia en un dúplex en Comandante Miño y avenida San Martín, hogar posterior al del barrio Terrazas, dijo no recordar nada.

La cuarta jornada de debate iniciará el jueves a las 8 con seis testigos citados y se adelantó, que los alegatos y veredicto se podrían posponer para el lunes próximo.

Fuente: Primera Edición

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