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La Mariela Rodríguez que no se ve en TV: Mi mamá me ayuda a ser la mamá que quiero ser

La conductora de Mundo Fit combina la televisión, la docencia y su gimnasio con la crianza de Astor y Katya. El autismo de su hijo mayor transformó su experiencia de maternidad. En ese recorrido, Margarita Pérez, su madre, ocupa un lugar fundamental.

Por Lisandro Peyran8 min de lectura
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La Mariela Rodríguez que no se ve en TV: Mi mamá me ayuda a ser la mamá que quiero ser
La Mariela Rodríguez que no se ve en TV: Mi mamá me ayuda a ser la mamá que quiero ser · Foto: Tiempo de San Juan

La conocen por la pantalla de Canal 8, donde conduce Mundo Fit a las 12.30. También por sus clases, su gimnasio de 22 años de trayectoria y una vida profesional construida entre la docencia, el fitness y la televisión. A los 47 años, Mariela Rodríguez proyecta la imagen de una mujer decidida, emprendedora, acostumbrada a ponerse al frente de sus proyectos.

Pero fuera de cámara hay otra dimensión que, para ella, está por encima de todas las anteriores. Es mamá de Astor, de 9 años, y Katya, de 8, y habla abiertamente de su experiencia como madre de un niño con autismo. Aunque sostiene una intensa actividad laboral, organiza su vida alrededor de las necesidades de sus hijos. Y cuando explica cómo logra compatibilizar ambos mundos, aparece una protagonista fundamental: Margarita Pérez, su madre, de 69 años. "Mi mamá me ayuda a ser la mamá que yo quiero ser", resume.

La historia también habla de dos generaciones que encontraron distintas maneras de ejercer la maternidad y de una mujer que quiso para su hija oportunidades que ella misma no había tenido.

Mariela fue madre a los 37 años. Cuando nació Astor ya tenía su gimnasio, había completado su formación docente y trabajaba en el sistema educativo. Al año siguiente llegó Katya. La maternidad no significó abandonar ese recorrido, pero sí establecer otras prioridades.

"Cuando yo decidí ser mamá traté de ordenar mis actividades y mi vida en torno de la maternidad. Digamos que lo que me da el orden a mí de mi vida son mis hijos".

"Mi rol más importante realmente es el de mamá".

Los hijos primero, sin abandonar lo demás

Durante los primeros años, la convivencia entre trabajo y maternidad fue casi literal. El gimnasio también formaba parte de la rutina con sus hijos.

"Cuando yo daba clase en el gimnasio, Astor estaba en el cochecito y lo ponía a jugar. Y ahí estaba hasta que terminaba mi clase".

Con Katya ocurrió algo parecido. La menor también acompañaba a su mamá mientras trabajaba. Más adelante, cuando aparecieron propuestas vinculadas a la televisión y otras instituciones educativas, la profesora de Expresión Corporal estableció una condición para aceptarlas: que fueran compatibles con los horarios de sus hijos.

"Fue ir con la verdad y decir: 'Mire, yo tengo mis hijos y puedo en estos horarios'".

Actualmente, Mariela concentra sus compromisos profesionales y las grabaciones televisivas durante los días que Astor y Katya permanecen con su padre, de quien está separada. Así puede reservar otras jornadas para compartir sus actividades, llevarlos a la escuela y hacer las tareas con ellos.

No presenta esa distribución como una fórmula para todas las madres. Es la que encontró para su familia y la que le permite sostener actividades que disfruta sin perder de vista la crianza.

Cuando Astor tenía alrededor de dos años y medio, Mariela empezó a observar conductas que le llamaban la atención. No respondía cuando lo llamaban por su nombre, caminaba constantemente y manifestaba un apego muy intenso hacia determinados objetos.

Primero consultó con su pediatra y luego comenzó un recorrido por distintos profesionales. Las primeras evaluaciones ocurrieron durante la pandemia y, posteriormente, llegó el diagnóstico de autismo.

"Es autismo y es una condición, es una forma de ser, digamos que su cerebro procesa la realidad de otra manera, distinta a la nuestra".

La familia incorporó terapias, controles, prestaciones y una nueva organización cotidiana. Mariela reconoce que ese proceso no siempre fue sencillo. Habla del desgaste emocional y económico y de las dificultades que encuentran muchas familias para conseguir los recursos que necesitan.

"Mientras otros padres los llevan a los hijos a fútbol, a deporte, a natación, nosotros los tenemos que estar llevando a terapias", recuerda que le dijo una de las madres con las que comparte experiencias.

Coordinar profesionales, gestionar prestaciones y supervisar el trabajo de la acompañante escolar se convirtieron en responsabilidades adicionales.

"Los padres nos transformamos en especialistas porque empezás a saber de todo".

Sin embargo, al mirar el recorrido realizado, la sanjuanina reconoce cuánto cambió su manera de comprender a los demás, enseñar y relacionarse con su entorno.

"Creo que también es el mayor aprendizaje de mi vida, no lo cambiaría por nada a mi hijo, es el mayor aprendizaje de mi vida. Aprendí a ser mejor persona, mejor docente, mejor ser humano".

Hoy observa los avances de Astor gracias a las terapias y el trabajo familiar. Su propósito es ayudarlo a desarrollar herramientas para desenvolverse en su entorno, respetando sus características y sus tiempos.

Con apenas un año de diferencia, los hermanos crecieron juntos y Katya participó espontáneamente de muchos de los aprendizajes de Astor.

"Desde chiquita ella lo estimuló, lo impulsó, lo motivó. [...] Intuitivamente lo iba haciendo partícipe de la vida, del juego, de sus actividades".

Pero la convivencia también tuvo momentos de preguntas. Durante sus primeros años, la pequeña no comprendía por qué su hermano contaba con una acompañante escolar o recibía determinadas atenciones que ella no tenía.

"¿Por qué Astor tiene DAI? ¿Y yo no? Yo también necesito ayuda, mamá. Necesito que alguien en la escuela me ayude. Si él tiene dos maestras, ¿por qué yo tengo una?", recuerda Mariela.

Con el tiempo fue comprendiendo las necesidades de su hermano. Su madre la describe como sociable, cooperativa y sensible frente a las dificultades de otras personas. Incluso cuenta que uno de sus mejores amigos en la escuela también tiene autismo.

Parte del aprendizaje de Mariela consiste en reconocer que sus dos hijos requieren atención y espacios individuales, aunque sus realidades sean diferentes.

"Ningún hermano de una persona con discapacidad es cualquier hermano. Transforma a todos".

Cuando Mariela explica cómo pudo sostener su profesión y afrontar las necesidades de la crianza, el nombre de Margarita aparece una y otra vez.

Su madre tiene 69 años, es ama de casa y pertenece a una generación en la que las expectativas sociales sobre las mujeres estaban mucho más vinculadas al hogar y al cuidado de los hijos.

Fue madre joven, alrededor de los 21 años, y concentró buena parte de su vida en su familia. Esa experiencia influyó en las decisiones que tomó cuando llegó el momento de orientar a su hija.

"Ella me decía que había dejado de hacer muchas cosas porque pertenece a otra generación y las elecciones de la mujer antes estaban muy condicionadas por el ámbito de la crianza".

Lejos de esperar que Mariela repitiera ese recorrido, Margarita la alentó a estudiar y construir sus propios proyectos. "Ella me decía: 'Vos tenés que estudiar, tenés que hacer tus cosas'. Me dejó ser y hacer".

La conductora había comenzado joven como emprendedora, con un gimnasio que hoy lleva 22 años funcionando. A los 30 decidió ampliar su formación: estudió el profesorado de Expresión Corporal en el Instituto Ana Pavlova, donde más adelante también ejerció la docencia en el nivel superior.

En paralelo desarrolló su trayectoria televisiva. Participó durante aproximadamente una década en distintos magazines y, desde hace cuatro años, conduce Mundo Fit, por Canal 8.

Actualmente, Margarita cuida a sus nietos cuando su hija trabaja. Ese aporte cotidiano es tan importante para Mariela como la libertad que recibió desde joven para elegir su futuro.

"Este desarrollo personal y empresarial que la mujer de hoy quiere tener, yo lo he logrado gracias a mi mamá".

"Una madre que ayuda a maternar a otra madre".

Así define la conductora el vínculo con Margarita, en una organización familiar en la que también participa el padre de sus hijos.

"Ella siempre me dijo: 'Yo no pude hacerlo, yo no lo elegí porque quería estar con ustedes, pero me encanta que vos lo puedas hacer y te apoyo'".

Aunque Mariela afirma que sus hijos constituyen su principal prioridad, no cree que todas las mujeres deban organizar sus vidas alrededor de la maternidad.

Considera que uno de los cambios más importantes entre la generación de su madre y la suya es la posibilidad de decidir si se quiere tener hijos o no. Para quienes eligen ser madres, entiende que esa decisión debe ir acompañada de responsabilidad y compromiso con la crianza.

"Que hoy la mujer pueda tener el derecho a elegir maternar o no me parece espectacular".

Tampoco considera que ser una buena madre implique renunciar a los proyectos personales. Trabajar, estudiar, enseñar o disponer de espacios propios forman parte de su bienestar y, según entiende, también influyen en la relación con sus hijos.

"Yo siento esto, que mis hijos van a estar bien y van a ser felices si yo estoy bien y estoy feliz".

Por eso considera importante cuidar su salud física y emocional, atender sus inquietudes y recurrir a espacios terapéuticos cuando los necesita.

"Todo lo que yo haga por mí [...] va a contribuir a que yo sea una mamá más consciente".

Esa búsqueda de equilibrio se refleja en los momentos que comparte con Astor y Katya. Para ella, la presencia no consiste solamente en estar físicamente en el mismo lugar, sino en prestar atención a lo que sucede entre los tres.

"El momento compartido con ellos es saber que yo estoy presente en el aquí y el ahora con ellos, sea que estemos jugando, bailando, estudiando o teniendo un momento de esparcimiento juntos".

Son esos espacios, alejados de las obligaciones laborales y las pantallas, los que identifica como sus mayores momentos de disfrute.

Margarita no tuvo las mismas oportunidades que su hija, pero contribuyó a que Mariela pudiera construir su propio camino. Hoy, su presencia sigue siendo fundamental en esa vida que combina la profesión, los proyectos personales y la crianza de Astor y Katya.

"Yo la miro a mi mamá y digo: 'Todo lo que hago, ma, es por las dos'".

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Fuente: Tiempo de San Juan

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